En un mensaje conciso, el primer mandatario argentino aseguró haber cumplido sus promesas de campaña, destacando una reducción en la inflación y la pobreza. Sin embargo, especialistas y datos oficiales ponen en tela de juicio la solidez de esas afirmaciones, revelando matices y contradicciones en el balance de su administración.
Con un escueto saludo filmado en la Casa de Gobierno, el presidente Javier Milei dirigió un mensaje de fin de año a la ciudadanía, defendiendo con vehemencia los logros de sus primeros dos años al frente del Ejecutivo. A través de sus redes sociales, el mandatario se expresó con orgullo sobre el cumplimiento de sus compromisos electorales, pintando un panorama de notable recuperación económica y social.
En su alocución, Milei enfatizó una supuesta y sostenida disminución del flagelo inflacionario, el progresivo control de la inseguridad y un dato impactante: la salida de la pobreza de más de catorce millones de argentinos, lo que representaría, según sus palabras, una reducción superior al treinta por ciento. “Estamos empezando a crecer”, afirmó, antes de desear felices fiestas y convocar a la población a trabajar por un 2026 que marque “el inicio de este camino que hará grande a la Argentina nuevamente”. Su mensaje concluyó con un enfático grito a favor de la libertad.
No obstante, este optimista balance oficial choca de frente con análisis económicos y estadísticas que desgranan una realidad más compleja y menos alentadora. Respecto a la inflación, economistas recuerdan que el índice se duplicó tras la drástica devaluación de diciembre de 2023, iniciando la gestión con una estampida de precios de la cual la economía aún se recupera. Si bien la tasa ha descendido desde aquel pico, se mantiene terco en niveles mensuales que no logran perforar un umbral considerado aún elevado, especialmente en períodos de alto consumo como el festivo. Las proyecciones gubernamentales que auguran la desaparición del fenómeno para mediados de 2026 son recibidas con escepticismo por la comunidad financiera.
En el ámbito de la seguridad, la retórica presidencial, que suele cargar contra la administración de la provincia de Buenos Aires, contrasta con cifras nacionales históricamente estables. Expertos en criminología señalan que, desde mucho antes del actual gobierno, la Argentina presenta una de las tasas de homicidio más reducidas de América Latina. Si la situación en el distrito bonaerense fuera tan crítica como se ha manifestado desde ciertos sectores oficialistas, inevitablemente se reflejaría en los números a nivel país, algo que no ocurre.
El punto más álgido de la controversia lo genera la espectacular cifra de reducción de la pobreza esbozada por el Presidente. Estos números son objeto de un intenso debate, al igual que la metodología utilizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos para medir la inflación. Analistas sociales subrayan que la pobreza y el desempleo son variables inseparables. Hasta el momento, no se observa una contracción significativa en los índices de trabajo informal ni en la tasa de desocupación; por el contrario, se registra un preocupante cierre de empresas y un marcado retroceso en el empleo registrado. Aun aceptando provisionalmente el porcentaje oficial del treinta por ciento, este nivel representa un piso que gobiernos anteriores tampoco pudieron superar, lo que relativiza la idea de un avance sin precedentes.
El Presidente pasará la transición al nuevo año en la residencia oficial de Olivos, sin agenda de viajes, mientras su gobierno busca afianzar esta narrativa de éxito como puntal para la segunda mitad de su mandato. Sin embargo, el contraste entre el discurso triunfalista y los indicadores concretos promete mantener encendido el debate público sobre el verdadero rumbo de la economía y el bienestar social en el país.
