La Justicia tucumana sobreseyó a los cuatro futbolistas acusados. La víctima expresa su desgarro con la frase «Me duele la vida», mientras la querella anuncia su firme decisión de apelar la controvertida resolución.
El sistema judicial tucumano exhibió este martes un rostro severo y blindado. Las instalaciones del Ministerio Público Fiscal amanecieron completamente rodeadas por vallas y un operativo de seguridad inusual, un despliegue que no pasó desapercibido para observadores con experiencia en los fueros locales. Una exmagistrada, conocedora de los intrincados caminos de la justicia provincial, interpretó el cerco como un síntoma elocuente: «Solo se vallan así cuando anticipan que un fallo conmocionará a la comunidad, cuando presagian que la decisión generará una reacción social intensa».
En el centro de esa expectativa se encontraba la audiencia en la que el juez Augusto Paz Almonacid dictaminó el sobreseimiento definitivo de Sebastián Sosa, José Florentín Bobadilla, Abel Osorio y Brian Cufré, los cuatro exfutbolistas de Vélez Sarsfield imputados por el delito de violación en pluralidad. Tras una extensa sesión de más de tres horas, el magistrado fundamentó su decisión adoptando, según críticas de la querella, un análisis jurídico que despertó profunda preocupación.
La resolución se apoyó en una argumentación que los representantes de la víctima tildaron de paradójica y riesgosa. El punto neurálgico de la controversia radica en una aparente contradicción expuesta por el propio juez. En un pasaje de su fundamentación, Paz Almonacid invocó el principio básico de que «la duda debe jugar a favor del imputado». Sin embargo, acto seguido, afirmó poseer «certeza negativa sobre la inexistencia del consentimiento» por parte de la joven. Para expertos consultados, ambos conceptos son incompatibles en la lógica jurídica: la certeza, sea positiva o negativa, excluye la duda razonable. La coexistencia de ambos enunciados en el mismo fallo genera un vacío argumental que será, previsiblemente, uno de los pilares de la impugnación.
La reacción ante el veredicto no se hizo esperar. La representación legal de la denunciante anunció de manera inmediata que recurrirá la decisión, considerándola un grave error judicial que deja impune un hecho de extrema gravedad. Pero la expresión más conmovedora surgió de la propia víctima, quien, con el peso de la sentencia sobre sus hombros, resumió su angustia en una desgarradora frase: «Me duele la vida». Estas palabras condensan el impacto emocional de un proceso que, tras culminar con la absolución de los acusados, deja una profunda herida y un interrogante sobre el alcance de la justicia.
El caso, que mantuvo en vilo a la opinión pública y al mundo del fútbol, dista de haber encontrado su epílogo. Con el anuncio formal de la apelación, la batalla legal se trasladará a una instancia superior, donde la querella buscará revertir un fallo que, a su juicio, adolece de graves inconsistencias y envía un mensaje devastador a todas las víctimas de violencia sexual.