Mientras recorta presupuestos en áreas clave, el Gobierno nacional celebra su participación en la expedición Artemis II. La CONAE, afectada por fuertes desinversiones, desplegará el microsatélite “Atenea” en un hito de la exploración espacial.
En un gesto que contrasta con su política de restricción fiscal, el Gobierno de Javier Milei anunció este viernes que la Argentina participará de la misión Artemis II de la NASA, que busca retornar a la Luna después de más de cinco décadas. La noticia se produce en medio de un escenario nacional marcado por el desmantelamiento de la obra pública, el deterioro de la red vial, el recorte de derechos laborales, despidos masivos en el sector estatal y un sistemático desfinanciamiento del sistema científico y tecnológico.
Pese a este contexto, la administración no ha dudado en exhibir su alineamiento estratégico con Estados Unidos, respaldando una iniciativa espacial de alto perfil. Según informó la Casa Rosada, el microsatélite nacional “Atenea”, desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) —entidad que sufre una reducción presupuestaria superior al 50% desde la llegada de Milei—, será desplegado durante el lanzamiento de la misión, previsto para el próximo 6 de febrero.
Se trata del segundo anuncio oficial realizado en menos de un año. En junio pasado, el Gobierno ya había adelantado su colaboración en el programa Artemis, pero ahora confirma la fecha inminente de la partida al espacio exterior. En un comunicado, el Ejecutivo se vanaglorió de este logro, afirmando que “el desarrollo tecnológico y la investigación en asuntos estratégicos es la prioridad de la inversión en ciencia de este gobierno”. Simultáneamente, justificó la medida alegando que se lleva a cabo “mientras se eficientizan los recursos a partir de la eliminación de gastos innecesarios en áreas sociales o politológicas”.
Dichas declaraciones han generado escepticismo y malestar en la comunidad científica, que denuncia un vaciamiento progresivo de los organismos de investigación. Trabajadores de la CONAE aseguran que el recorte presupuestario compromete seriamente las capacidades operativas de la agencia espacial.
“Atenea” es un CubeSat de clase 12U, íntegramente diseñado y construido en el país con la colaboración de la empresa VENG S.A., el Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica y varias universidades nacionales. Su incorporación a la misión tripulada de la NASA —la primera en más de medio siglo— permitirá validar tecnologías críticas para futuras exploraciones del espacio profundo.
El artefacto viajará como carga secundaria a bordo del cohete Space Launch System (SLS), el más potente desarrollado por la agencia estadounidense, y será liberado a más de 70.000 kilómetros de la Tierra, una distancia récord para un dispositivo argentino. Entre sus funciones, se destacan la medición de radiación en órbitas profundas, la evaluación de componentes comerciales en entornos espaciales hostiles, la captación de datos de posicionamiento global y la prueba de enlaces de comunicación a larga distancia.
La misión Artemis II no incluirá en esta fase el descenso lunar de los astronautas, pero situará a la tripulación a aproximadamente 72.000 kilómetros de nuestro planeta, marcando un nuevo hito en la historia de la exploración humana del cosmos.
Mientras el Gobierno nacional enfatiza su compromiso con los avances tecnológicos en el escenario internacional, el contraste con la realidad interna no puede ser más elocuente: un sector científico exhausto y una infraestructura pública en retroceso sirven de telón de fondo para una proeza espacial que, pese a su valor simbólico y técnico, no logra ocultar las profundas contradicciones de la gestión actual.
