Malena Galmarini desmintió la versión oficial y expuso que los acuerdos y desarrollos tecnológicos se concretaron durante el mandato peronista, en medio de críticas al recorte de fondos a universidades públicas.
El doble discurso del gobierno de Javier Milei volvió a quedar al descubierto en las últimas horas, tras el anuncio oficial sobre la incorporación de la Argentina a la misión Artemis II de la NASA, que busca el retorno de seres humanos a la Luna. A través de un comunicado divulgado el viernes, la Oficina del Presidente destacó que “el desarrollo tecnológico y la investigación en asuntos estratégicos constituyen la prioridad de la inversión en ciencia de esta administración”. No obstante, la senadora bonaerense Malena Galmarini reveló que la iniciativa fue gestada y puesta en marcha durante la anterior gestión peronista, con un rol protagónico de instituciones y universidades públicas.
Con tono irónico y una referencia a la conocida frase de Moria Casan, Galmarini escribió en sus redes sociales: “No se cuelguen de mis tetas!”. Enseguida añadió: “El Presidente-topo afirma que, gracias a su desastrosa gestión, la Argentina fue seleccionada para la Misión Artemis II”. La legisladora procedió a detallar los antecedentes del proyecto, demostrando que los pasos decisivos se dieron antes de la asunción de La Libertad Avanza.
Galmarini recordó que el Proyecto USAT-1, considerado el primer microsatélite universitario del país, fue desarrollado en la Universidad Nacional de La Plata y sentó las bases para el posterior desarrollo de “Atenea”. Asimismo, destacó que durante el año 2023, bajo administración peronista, se llevó a cabo una visita crucial a la NASA, se iniciaron los desarrollos técnicos y se firmaron los acuerdos políticos que permitieron la adhesión a los Acuerdos de Artemis. Estos entendimientos formalizaron la cooperación espacial para misiones lunares y garantizaron la inclusión argentina en la misión actual.
Más allá de los datos concretos, la senadora puso el foco en lo que consideró una contradicción fundamental del oficialismo: por un lado, el Gobierno menosprecia y reduce el financiamiento de las universidades públicas, mientras que, por otro, se atribuye logros que fueron posibles gracias a esas mismas instituciones. “Este proyecto fue financiado y desarrollado por instituciones enteramente públicas y estatales, las mismas que hoy son desfinanciadas por este gobierno”, remarcó Galmarini, subrayando la discrepancia entre el relato oficial y los hechos.
La controversia reavivó el debate sobre la política científica y educativa del Ejecutivo, en un momento marcado por fuertes recortes presupuestarios al sector y declaraciones críticas hacia el sistema universitario público. La oposición acusa al Gobierno de apropiarse de conquistas ajenas y de sostener un discurso que desalienta la investigación nacional mientras celebra sus resultados en el exterior.
