La emergencia sanitaria en la Ribera se profundiza tras nuevas bajas. Con nueve futbolistas imposibilitados, el equipo de Claudio Úbeda enfrenta un arranque de año crítico, donde la disponibilidad de piezas clave pende de un hilo.
La situación en la enfermería de Boca Juniors ha escalado a un nivel alarmante, transformándose en la principal preocupación del club en este inicio de 2026. Una seguidilla de contratiempos físicos, que abarca desde antiguos padecimientos recrudecidos hasta severas rupturas fibrilares e incluso una intervención quirúrgica, ha diezmado la plantilla que conduce Claudio Úbeda. El panorama, ya complejo, se agravó sustancialmente durante la última jornada con la incorporación a la lista de Ander Herrera y Exequiel Zeballos, dos habituales titulares en el esquema del entrenador.
El panorama médico actual es casi total. La única luz de esperanza inmediata parece encarnarla el uruguayo Miguel Merentiel, quien, tras sufrir una distensión en el sóleo derecho durante un encuentro amistoso ante Olimpia, ya realiza trabajos específicos de exigencia. Su vuelta al terreno de juego podría materializarse este mismo domingo en la visita a Vélez Sarsfield, aunque la decisión final recaerá sobre el visto bueno del cuerpo técnico.
Sin embargo, las incertidumbres persisten en otros casos emblemáticos. La presencia del experimentado Edinson Cavani es una gran incógnita. El delantero, afectado por una lumbalgia crónica que ya lo marginó durante gran parte de la temporada anterior y limitó su pretemporada, depende de su propia tolerancia al dolor para poder competir al máximo nivel. Úbeda ha expresado públicamente su deseo de recuperarlo, pero el calendario del «Matador» lo escribirá su cuerpo.
La agenda inmediata del Xeneize no concede tregua. Tras el compromiso en Linias, el equipo deberá afrontar una seguidilla de duelos oficiales ante Platense y Racing como local, más los cruces por la Copa Argentina frente a Gimnasia de Chivilcoy y un nuevo desafío ligero contra Gimnasia de Mendoza. Este apretado programa se desarrollará bajo la sombra constante de la merma física.
Detrás de Merentiel y Cavani, la nómina de convalecientes es extensa y variada. Carlos Palacios lucha contra una sinovitis en la rodilla, Milton Giménez intenta superar una pubalgia, mientras que Alan Velasco y Lucas Janson, con lesiones de consideración, tienen sus regresos proyectados recién para marzo. Los recién llegados Herrera y Zeballos afrontan sendas lesiones musculares que los alejarán de las canchas durante varias semanas, apuntando a un retorno para el mes entrante. El caso más prolongado es el de Rodrigo Battaglia, quien tras ser operado de su tendón de Aquiles derecho, no volvería a la actividad sino hasta bien avanzado el segundo semestre del año.
Esta crisis de salud fuerza al director técnico a improvisar y profundizar en el banco de suplentes, poniendo a prueba la capacidad de adaptación y la fortaleza mental de un plantel que busca, entre algodones y rehabilitaciones, mantener el ritmo competitivo en todos los frentes que se le presentan. La temporada para Boca, por ahora, se escribe entre tratamientos kinesiológicos y pronósticos médicos.
