El local Éxtasis, ícono de la diversidad, canceló la presentación de la comediante ante el reclamo de su comunidad. Aseguran que la decisión apunta a preservar el espacio seguro, aunque defienden que la invitación era «exclusivamente artística».
Una reconocida sala nocturna de Mar del Plata, considerada durante décadas un refugio y lugar de encuentro para la comunidad LGBT+, generó un intenso debate al cancelar abruptamente la presentación de la comediante e imitadora Fátima Florez. El hecho, programado originalmente para el viernes, fue suspendido tras una ola de rechazo por parte del público habitual, quienes asociaron a la artista con el presidente Javier Milei, su expareja.
El establecimiento, denominado Éxtasis y con una trayectoria que supera los treinta años, emitió un comunicado oficial para explicar la medida. En él, la dirección sostuvo que el espacio se ha caracterizado siempre por enarbolar con orgullo la bandera de la diversidad. No obstante, la posible presencia de Florez fue interpretada por sus asistentes como una provocación, dado que el mandatario ha realizado en el pasado declaraciones ofensivas y estigmatizantes hacia las personas homosexuales.
Frente a la controversia, los responsables del boliche adoptaron un tono conciliador pero firme. “Éxtasis no tiene afiliación ni lineamiento político. Nunca fue ni será un espacio partidario”, afirmaron al inicio del texto. Subrayaron que su esencia radica en ser un ámbito de reunión, arte y expresión libre, donde cada individuo puede manifestar su identidad sin presiones ideológicas.
Respecto a la elección de la humorista, la justificaron en motivos puramente profesionales. “La invitación a Fátima Florez fue pensada exclusivamente desde lo artístico, reconociendo su trayectoria en el espectáculo”, explicaron, remarcando una práctica habitual de promover artistas por su trabajo, al margen de sus vidas privadas o asociaciones personales.
Sin embargo, el local reconoció de manera explícita que la decisión final de suspender el evento respondió al palpable malestar generado dentro de su propia comunidad. El comunicado hace hincapié en la voluntad de proteger el clima del lugar y la relación de confianza con su clientela histórica, al mismo tiempo que menciona la intención de velar por la seguridad y el bienestar de la propia artista.
El episodio deja al descubierto las complejas tensiones entre el arte, la política y la identidad comunitaria. Para concluir, el boliche reafirmó su compromiso de seguir siendo un lugar abierto, plural y seguro, donde puedan convivir diversas perspectivas e identidades, siempre dentro del marco del respeto mutuo y fiel a la identidad que los ha definido por más de tres décadas. La cancelación, más allá de las razones esgrimidas, evidencia las profundas heridas que persisten en el tejido social y los desafíos que enfrentan los espacios que buscan ser inclusivos en un contexto político polarizado.
