CICATRICES EN EL ASFALTO: UN HERMANO CLAMA JUSTICIA TRAS UN ATROPELLO Y UNA AMPUTACIÓN

CICATRICES EN EL ASFALTO: UN HERMANO CLAMA JUSTICIA TRAS UN ATROPELLO Y UNA AMPUTACIÓN

En Río Grande, un joven deportista perdió una pierna tras ser arrollado por un conductor ebrio que circulaba a velocidad desmedida. Su hermana relata en una radio local el duro presente, el abandono de la familia del responsable y una angustiosa espera por una respuesta judicial que tarda en llegar.

La noche del sábado 30 de enero, la tranquilidad de la calle Echelaine en Río Grande se quebró de manera brutal. Un estruendo metálico marcó el instante en que la vida de Patricio Mieri, un joven de 27 años, cambió para siempre. Fue arrollado por un automóvil conducido por Emanuel Antúnez, de 28 años, quien manejaba en franco estado de embriaguez y a una velocidad peligrosa. Desde entonces, la lucha en el hospital y la búsqueda de justicia se han convertido en la cotidianidad de su familia.

Valentina Mieri, hermana de la víctima, expuso con dolorosa claridad la realidad de su hermano en una entrevista. «En la actualidad se encuentra estable y lúcido, consciente de toda la tragedia. Es un muchacho con una fortaleza admirable que se aferra a la vida por nosotros», manifestó con un hilo de esperanza. No obstante, ese rayo de alumbramiento se opaca frente a un pronóstico irreversible: la severidad de los traumatismos en una de sus piernas forzó a los médicos a practicar una amputación.

El relato del episodio estremece por su crudeza. Según Valentina, Patricio advirtió la llegada del vehículo que se desplazaba en zigzag y a gran velocidad. En un intento desesperado por evadirlo, buscó refugio hacia la banquina, pero la trayectoria errática del conductor terminó por embestirlo. El joven, en un acto reflejo, se arrojó de su motocicleta, pero no pudo evitar el golpe directo sobre su extremidad. «Él mismo vio su pierna y supo que no habría recuperación», confió su hermana. Un compañero de trabajo, presente en el lugar, actuó con presteza aplicándole un torniquete que, según los médicos, fue decisivo para salvarle la vida.

Más allá del trauma físico, la familia carga con el peso del desamparo moral. Valentina lamentó con amargura que ningún miembro de la familia Antúnez haya establecido contacto para interesarse por la salud de Patricio. «Eso resulta doblemente injusto», subrayó, mientras describe la desolación de ver a su hermano, un chico saludable y aficionado al deporte, confinado ahora a una cama de terapia intensiva a causa de la imprudencia ajena.

La indignación crece al conocer los detalles de la conducción temeraria. El conductor circulaba a aproximadamente 120 kilómetros por hora, en sentido contrario y con una alcoholemia de 1.97 gramos, un índice exorbitante. «Es incomprensible que alguien pueda tomar el volante en tales condiciones», declaró Valentina, cuyo desconsuelo se mezcla con la frustración ante la lentitud del sistema. «No logro entender cómo nadie asume responsabilidades, y la justicia parece permanecer impasible. Mi hermano libra una batalla día a día, mientras el responsable está en su hogar, con los suyos», expresó.

Con un llamado a la conciencia social, Valentina apeló a la comunidad para que no olvide este caso. «Manejar un auto en estado de ebriedad es equiparable a empuñar un arma. Todos conocemos las consecuencias potenciales», afirmó con contundencia. Su reclamo es claro y directo: «Sólo anhelo que se haga justicia. No es admisible que en una ciudad de estas dimensiones se repitan siniestros de este tipo sin que aparezcan responsables».

La espera de la familia Mieri está teñida por un duelo anterior. «No es la primera vez que atravesamos una pérdida en la ruta; nuestra madre falleció en un accidente de tránsito. Esta situación revive todo el dolor», reflexionó Valentina. La existencia de Patricio, marcada por el dinamismo y el deporte, ha sido truncada en un segundo. «Su vida se transformó de manera radical por la irresponsabilidad de otro, y eso es algo que no podemos ni debemos naturalizar», sentenció, mientras la sombra de la incertidumbre judicial se proyecta sobre un futuro que exige, más que nunca, reparación y memoria.

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