FISURA EN EL CORAZÓN ENERGÉTICO: RENUNCIA EL PRESIDENTE DE NUCLEOELÉCTRICA TRAS ACUSACIONES DE CORRUPCIÓN

FISURA EN EL CORAZÓN ENERGÉTICO: RENUNCIA EL PRESIDENTE DE NUCLEOELÉCTRICA TRAS ACUSACIONES DE CORRUPCIÓN

Demian Reidel abandonó su cargo en la empresa estatal nuclear, acorralado por denuncias de licitaciones amañadas y una sospechosa cancelación de deudas personales por una cifra millonaria. La crisis refleja la profunda inestabilidad en un sector estratégico del gobierno.

El ámbito nuclear argentino se ve sacudido por un nuevo y profundo escándalo, que culminó con la abrupta dimisión de su máxima autoridad. Demian Reidel presentó su renuncia irrevocable a la presidencia de Nucleoeléctrica S.A., la empresa pública a cargo de las centrales atómicas del país, sumido en un torbellino de acusaciones por presuntas irregularidades administrativas y una conducta financiera personal que despertó severas sospechas. Su salida, forzada por la presión institucional y mediática, deja al descubierto una gestión acusada de operar con licitaciones cuestionadas y evidencia la frágil base de su sostén político, limitado exclusivamente a la confianza del presidente Javier Milei.

El episodio que precipitó la caída gira en torno a dos ejes principales. Por un lado, una serie de procesos de compra impulsados desde la empresa fueron denunciados ante la Justicia por contener sobreprecios y falta de transparencia, configurando lo que fuentes judiciales definen como posibles maniobras de corrupción. Por otro lado, y de impacto más inmediato en la opinión pública, surgió la revelación de que Reidel logró extinguir una obligación personal de 825 millones de pesos en un lapso extraordinariamente breve de apenas dieciocho días. Esta operación, según sus críticos, carece de una explicación coherente con sus ingresos declarados.

Ante el aluvión de cuestionamientos, el ahora exfuncionario buscó refugio en la red social X para exponer su defensa. Alegó que los fondos provinieron de la venta progresiva de una participación en un emprendimiento inmobiliario adquirido años atrás, y que la deuda correspondía a un “financiamiento puente” contra ese mismo activo. No obstante, su argumentación no logró contener la hemorragia de credibilidad ni el desbande en el seno de la compañía. El clima interno ya se percibía como “insostenible”, según admitieron voces al interior del organismo, lo que se corroboró con las renuncias previas, en las últimas semanas, del gerente general Marcelo Famá y del gerente de Coordinación Administrativa Hernán Pantuso, ambos considerados allegados incondicionales de Reidel.

El desenlace deja una estela de desprestigio sobre la administración de un área sensible y de alto costo para el Estado. En los círculos oficiales de la Casa Rosada, aunque prevalece un silencio estridente, la valoración es contundente: la figura de Reidel carecía de respaldo sólido más allá del mandatario, quien finalmente vio insostenible su continuidad. La crisis no solo mancha la trayectoria del saliente presidente, sino que proyecta una sombra de desgobierno y opacidad sobre la gestión de la energía nuclear, un sector que históricamente ha estado bajo la lupa por su opacidad y que ahora enfrenta otro capítulo de descrédito institucional. La pregunta que flota ahora es quién y con qué autoridad moral podrá asumir el desafío de pilotear una empresa sumida en la desconfianza.

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