Crisis en Núñez: River volvió a caer y Gallardo rompió el silencio en medio de la tormenta

Crisis en Núñez: River volvió a caer y Gallardo rompió el silencio en medio de la tormenta

El Millonario sumó su tercera derrota consecutiva en el Torneo Apertura tras caer ante Vélez en Liniers, en un presente signado por lesiones, flaquezas futbolísticas y un extenso historial de traspiés que encienden las alarmas en el mundo riverplatense.

En una nueva jornada del Torneo Apertura que prometía ser un punto de inflexión, River Plate profundizó su delicado momento futbolístico al caer por la mínima diferencia frente a Vélez Sarsfield en el Estadio José Amalfitani. El conjunto de Núñez, que transita uno de sus períodos más complejos de los últimos tiempos, evidenció carencias preocupantes durante los primeros cuarenta y cinco minutos, y aunque mostró una versión mejorada en el complemento, no logró torcer el rumbo de un resultado que terminaría siendo adverso.

El encuentro, correspondiente a la sexta fecha del campeonato, dejó además un tendal de preocupaciones en el cuerpo técnico: las lesiones de piezas fundamentales como Juan Fernando Quintero, Kendry Páez y el arquero Franco Armani encendieron todas las alarmas en el banco visitante. El parte médico se convertirá en las próximas horas en una prioridad absoluta para un equipo que no termina de encontrar estabilidad.

Con esta nueva caída, el Millonario acumula trece partidos sin conocer la victoria en sus últimas veinte presentaciones, una estadística que resulta especialmente llamativa para una institución acostumbrada a protagonizar luchas estelares en cada competencia que disputa. La irregularidad se ha instalado como una sombra persistente en el juego del equipo, que no logra plasmar en el campo de juego la jerarquía individual de sus intérpretes.

El silencio como respuesta

Una vez consumada la derrota, la atención se trasladó naturalmente a la sala de prensa del estadio de Liniers, pero lo que encontraron los periodistas acreditados fue un vacío inesperado. Marcelo Gallardo, fiel a su estilo en momentos de tensión, decidió no presentarse ante los micrófonos para esquivar las preguntas sobre el presente del equipo. Tampoco hubo voces autorizadas que representaran al club, como sí ocurrió en oportunidades anteriores cuando tanto Lucas Martínez Quarta como el propio Quintero o Matías Biscay, su asistente, salieron a dar la cara tras resultados adversos.

La decisión del entrenador de 50 años generó aún más interrogantes sobre el clima interno en el seno del plantel. Sin embargo, el Muñeco ya se había expresado en la semana, luego del angustiante triunfo ante Ciudad de Bolívar por la Copa Argentina, un partido que lejos estuvo de brindar tranquilidad y que más bien funcionó como un espejismo en medio del desierto de resultados positivos.

En aquella oportunidad, Gallardo había abordado con crudeza la realidad del equipo y había deslizado conceptos contundentes sobre su continuidad. «Cuando uno es lógico y sensato tiene la percepción de lo que está pasando, de la realidad. Yo creo que hay que ser conscientes de la situación y después abstenerse de todo eso que pasa. River genera eso. Todo el ruido alrededor de los resultados siempre está, sobre todo cuando no se dan de manera favorable», había manifestado el técnico en un intento por poner paños fríos a la efervescencia del entorno.

«Si eso nos desestabiliza quiere decir que no estamos firmes con lo que estamos haciendo, y todos estamos convencidos», había agregado Gallardo, en un mensaje que buscaba transmitir solidez en medio de las turbulencias. Sus palabras, sin embargo, no lograron evitar la nueva caída en Liniers y ahora resuenan con una carga de dramatismo aún mayor.

Palabras que retumban en el silencio actual

El entrenador más ganador de la historia riverplatense había profundizado su análisis en aquella conferencia posterior al triunfo frente al conjunto de Bolívar, tratando de explicar las dificultades que atraviesa el grupo. «El torneo lo iniciamos de buena manera, pero las derrotas nos descompaginaron un poquito. Tratamos de corregir pero sin perder el eje, estamos convencidos y sentimos que no solo tenemos la capacidad, sino también las fortalezas para acompañar este inicio del año», había sostenido.

En ese entonces, Gallardo había hecho hincapié en la unidad de criterios que debe prevalecer en tiempos adversos. «Todos en River, el cuerpo técnico, los jugadores y los dirigentes, estamos convencidos de cuál era el rumbo que teníamos que tener este año. Queremos que el equipo represente al hincha, sí, claramente, y tenemos mucho deseo de que eso ocurra. Que el hincha vuelva a contagiarse del equipo. Estamos en esa búsqueda», había expresado con firmeza.

Pero la búsqueda parece extenderse más de lo deseado. La distancia entre el discurso y la realidad en el campo de juego se agiganta con cada presentación, y el público comienza a manifestar su impaciencia ante un presente que dista años luz de las glorias pasadas bajo la conducción del mismo entrenador.

Un panorama desalentador en la tabla

La derrota ante el Fortín precipitó a River al décimo puesto de las posiciones, con apenas siete unidades cosechadas en lo que va del campeonato. El Millonario comparte esta línea con Banfield y Racing, una compañía que en Núñez no genera precisamente tranquilidad. En la zona B, el equipo de Gallardo quedó relegado fuera de los puestos que otorgan boletos para la próxima instancia de playoffs, y la distancia con el líder Independiente Rivadavia, último campeón de la Copa Argentina, se estiró a ocho puntos.

Las matemáticas comienzan a encender las alarmas en un club acostumbrado a pelear en los primeros puestos. La necesidad de sumar de a tres se transforma en una urgencia impostergable si se pretende mantener vivas las aspiraciones de clasificación, aunque el funcionamiento exhibido hasta el momento invita más al escepticismo que al optimismo.

El camino que viene: fechas clave para la recuperación

El calendario no otorga tregua y ya marca los próximos compromisos como finales anticipadas. River volverá a presentarse por el Torneo Apertura el jueves 26 de febrero, cuando reciba en el Monumental a Banfield, un adversario que llega potenciado tras golear a Newell’s y que buscará aprovechar la fragilidad anímica del local. Ese partido, programado para las 19:30, representará una oportunidad inmejorable para comenzar a dejar atrás la pálida imagen ofrecida en su última presentación como dueño de casa, aquella histórica y dolorosa caída por 4 a 1 frente a Tigre que aún resuena en la memoria colectiva.

La gira continuará el lunes 2 de marzo, cuando el plantel deba trasladarse a la provincia de Mendoza para enfrentar al sorprendente Independiente Rivadavia, líder de la zona y rival que exigirá al máximo las capacidades de un River necesitado de puntos. El encuentro está pactado para las 21:30 y promete ser una prueba de fuego para medir la verdadera dimensión de la recuperación o, en su defecto, la profundidad de la crisis.

Posteriormente, el calendario devolverá al Millonario a su fortaleza de Núñez para recibir a Atlético Tucumán, en un duelo que todavía espera por la designación oficial de día y horario pero que ya aparece en el horizonte como otra parada crucial en este complicado arranque de temporada.

El desafío para Gallardo y sus dirigidos no será solamente futbolístico. La necesidad de recomponer el vínculo con una hinchada que empieza a mostrar signos de desencanto se vuelve tan imperiosa como la de sumar victorias. En River, donde la exigencia es ley, el margen de error se ha reducido a su mínima expresión. La tormenta no da tregua y el próximo partido ya se vislumbra como una nueva oportunidad para empezar a disiparla o, por el contrario, para confirmar los peores presagios.

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