El conjunto rojinegro firmó su peor actuación del campeonato en el Florencio Sola, evidenciando una fragilidad defensiva alarmante. La derrota por 3 a 0 ante el Taladro precipitó la salida de la dupla Orsi-Gómez, dejando al equipo en la búsqueda contrarreloj de un nuevo entrenador antes de recibir a Estudiantes.
La caída libre del rojinegro no encuentra freno. En el sur del Gran Buenos Aires, el equipo que hasta anoche dirigían Adrián Orsi y Leandro Gómez firmó un nuevo capítulo de su particular vía crucis, ofreciendo una imagen que terminó por agotar la paciencia de una dirigencia que, esta misma mañana, anunció la disolución de la dupla técnica. El Taladro, sin necesidad de realizar un despliegue memorable, aprovechó cada aproximación a su presa para castigar sin piedad. La estadística es tan cruel como elocuente: en tan solo seis presentaciones, la valla leprosa ha sido vulnerada en doce ocasiones, consolidándose como la defensa más batida del torneo.
Durante los primeros cuarenta y cinco minutos, el espectáculo distó de ser vistoso. Sin embargo, para el desolado universo rojinegro, ese trámite discreto representó un pequeño alivio comparado con las pesadillas recientes. El conjunto visitante logró mantenerse lejos de su propia área, monopolizó la posesión del esférico y mostró una ligera intención de inquietar en campo contrario. La principal amenaza, aunque esporádica, llegaba a través de los envíos detenidos, donde Salcedo conectaba algunos cabezazos que encendieron las alarmas locales. Juan Ignacio Méndez se imponía en la recuperación tras la mitad de la cancha, pero su labor se diluía en el momento de entregar la pelota con claridad.
En la creación, la chispa la ponía Matko Miljevic, el más incisivo a la hora de encarar y buscar resquicios. A su alrededor, el complemento no aparecía: Juan Ignacio Ramírez estuvo impreciso en sus intervenciones, mientras que el resto del mediocampo se enfocaba casi con exclusividad en las tareas de contención. El dueño de casa intentó una presión inicial para adueñarse del encuentro, pero careció de la consistencia necesaria para sostenerla, terminando muchos pasajes del primer tiempo a la expectativa de lo que pudiera hacer el contrario. Las áreas permanecieron prácticamente inmaculadas hasta el descanso.
El respiro fue efímero. Con el reinicio, la fragilidad defensiva que aqueja al equipo volvió a emerger con crudeza. Dos cabezazos en el área chica, el segundo de la autoría de Perrotta, bastaron para que el Taladro perforara el arco custodiado por Ramiro Macagno. La jugada evidenció, una vez más, las falencias en la salida desde el fondo, un mal endémico que condena cualquier intento de sumar en la tabla de posiciones. Era el décimo tanto en contra en lo que va del campeonato, una losa imposible de levantar.
Lejos de reaccionar, el conjunto del Parque Independencia se entregó a su suerte con demasiado tiempo por jugar. La ventaja le permitió a Banfield dar un paso adelante, adueñarse del terreno y cercenar cualquier atisbo de rebeldía ofensiva en el visitante. La sentencia llegó con una cabalgata de Mauro Méndez, que se escapó en soledad, eludió la salida del portero y definió con frialdad para el segundo tanto. El epílogo, ya con el tiempo cumplido, mostró a un Newell’s desdibujado: un saque de meta del arquero local encontró a Méndez como receptor, su centro al área lo conectó Perrotta para sellar una goleada que rubricaba la bochornosa actuación colectiva.
Lo exhibido en el complemento fue un calco de las jornadas anteriores: desconcierto absoluto, falta de convicción y un caudal de juego nulo. Un rendimiento que no ofrecía atisbo de mejora ni una virtud a la que aferrarse en medio del naufragio. La decisión estaba tomada. La dupla Orsi-Gómez dejó de ser la responsable de enderezar un rumbo que, por ahora, solo conduce al abismo, dejando al club en la urgente necesidad de encontrar un timonel antes de que ruede la pelota el próximo miércoles frente al Pincha.
