A treinta días del comienzo del ciclo lectivo 2026, el rubro librerías transita una coyuntura de elevada incertidumbre donde sostener el volumen de ventas ya no garantiza la supervivencia
En la antesala del próximo período escolar, el sector de artículos de librería y papelería industrial enfrenta una realidad contradictoria: las unidades comercializadas se mantienen, pero los ingresos resultan cada vez más exiguos. Jerónimo Márquez, al frente de Luma Productos S.R.L., empresa familiar con más de tres décadas de trayectoria en el mercado argentino, compartió su mirada sobre esta situación en diálogo, describiendo un escenario donde la rentabilidad se desvanece a pesar de los esfuerzos por sostener la actividad.
La firma, que emplea actualmente a 120 personas y tiene su sede en la localidad bonaerense de Caseros, nuclea cuatro sellos comerciales, siendo Luma el más reconocido entre ellos. Los orígenes de la compañía se remontan a la iniciativa del padre del actual responsable, quien introdujo en el mercado el clásico papel glasé que se convertiría en emblema de la marca. «Mi viejo empezó la marca con el clásico papel glasé», recordó Márquez al trazar la genealogía del emprendimiento familiar.
El perfil fabril de la empresa constituye uno de sus rasgos distintivos dentro del rubro. La compañía elabora una variada gama de productos destinados tanto al ámbito escolar como al corporativo: desde papeles especiales para dibujo hasta afiches, cartulinas, rollos con acabado metalizado y diferentes variedades de folios. «Somos los únicos en Argentina que hacemos carpetas tipo opacas o carpetas con folios. Fabricamos el material y lo transformamos en la carpeta», subrayó, enfatizando el carácter integrado de su proceso productivo que los diferencia de otros actores del sector que se limitan a la comercialización.
La distribución de sus artículos se canaliza a través de los mayoristas y minoristas tradicionales del ramo, un esquema que los mantiene en relativo aislamiento respecto del consumidor final. Precisamente por ello, Márquez explicó que el ciclo de ventas vinculado al inicio de clases ya ha concluido para ellos: «Para nosotros ya terminó la temporada escolar y ahora empieza la temporada de las oficinas», precisó, aludiendo al cambio de foco hacia la demanda corporativa que caracteriza el resto del año.
Pese al adverso panorama económico general, la empresa ha logrado mantener estable el caudal de ventas, un dato que en apariencia resultaría alentador pero que encierra una realidad mucho más compleja. «Hemos mantenido el volumen a pesar de que la calle está complicada. No tenemos contacto directo con el consumidor, pero hablamos con los vendedores», señaló, dejando entrever que la información que les transmiten quienes están en la primera línea de atención al público refleja un escenario de creciente dificultad para las familias.
La estrategia desplegada para preservar ese nivel de actividad implicó un esfuerzo significativo en materia de precios, con incrementos muy moderados en comparación con la inflación acumulada. «En prácticamente dos años hubo un aumento de un 15%. Lo que ayudó es que bajó el costo del insumo», detalló, explicando cómo la evolución de los precios de las materias primas les permitió contener los valores finales en un contexto de fuerte retracción de la demanda.
Sin embargo, esa contención tiene un costo que ahora se torna insostenible. El verdadero problema, advirtió Márquez, ya no reside en la cantidad de productos que logran colocar en el mercado sino en la rentabilidad que esos movimientos generan. «La rentabilidad se está haciendo insostenible, estamos perdiendo plata», afirmó con crudeza, revelando la paradoja que atraviesa no solo a su empresa sino a buena parte del entramado productivo nacional: vender más ya no es sinónimo de mejores resultados cuando los márgenes se comprimen hasta desaparecer.
En cuanto al impacto de la competencia foránea, un tema recurrente en el debate sobre la industria local, el empresario relativizó su influencia en el desempeño del sector. «No creo que sean lo que más nos está afectando. Lo que más nos afecta es la falta de consumo, que no hay plata en la calle y nadie consume, por lo menos en nuestro rubro. Lo nuestro tanto no se importa porque no hay mucha diferencia que se pueda hacer», analizó, poniendo el foco en la contracción del poder adquisitivo como el factor determinante de la actual coyuntura.
El diagnóstico resulta elocuente: en un contexto donde las familias ajustan sus gastos y priorizan necesidades básicas, artículos como los que produce esta compañía quedan relegados en la lista de compras, afectando a toda la cadena de comercialización. Con 120 puestos de trabajo directamente dependientes de la evolución del negocio y más de treinta años de historia en el mercado argentino, la firma encara el comienzo del nuevo año lectivo en una posición delicada: las ventas se mantienen, pero los márgenes se achican peligrosamente, reflejando las contradicciones de un sector estrechamente ligado a la evolución del ingreso familiar y al pulso de la economía en su conjunto.
