Terremoto en el Senado: Tres espadas del peronismo desertan del bloque de Mayans para bailar al ritmo de los gobernadores

Terremoto en el Senado: Tres espadas del peronismo desertan del bloque de Mayans para bailar al ritmo de los gobernadores

Guillermo Andrada, Sandra Mendoza y Carolina Moisés formalizaron su escisión del interbloque kirchnerista en la Cámara alta. Detrás de la jugada, los mandatarios provinciales Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Carlos Sadir priorizan el diálogo con la Rosada y la defensa de los recursos locales por sobre la línea dura del partido. La ruptura modifica el tablero legislativo y otorga un rol clave a los santiagueños.

En una movida que estaba cantada en los pasillos del Palacio Legislativo, tres legisladores de raíz norteña decidieron cortar amarras y alejarse del núcleo duro que conduce José Mayans. Guillermo Andrada, representante de Catamarca; Sandra Mendoza, oriunda de Tucumán; y Carolina Moisés, mandatada desde Jujuy, hicieron oficial su desembarco en un nuevo espacio que promete reconfigurar las alianzas en la Cámara de Senadores. Este cisma no es un simple reacomodamiento de bancas, sino la confirmación más palpable de que, en las provincias, el sonido del teléfono de los gobernadores pesa más que cualquier directriz partidaria proveniente de Buenos Aires.

Los verdaderos cerebros detrás de la operación son los mandatarios Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Carlos Sadir. Los tres, cuidadosos de no quemar puentes con sus bases, han mostrado una creciente sintonía con la gestión libertaria. Jalil, de hecho, fue el más explícito al justificar este viraje: postuló que la senda adecuada es la del acuerdo y la superación de la confrontación permanente, un guiño directo que busca garantizar que los recursos sigan fluyendo hacia sus distritos.

El nuevo bloque justificó su decisión apuntando contra lo que consideran una estrategia fallida del jefe de la bancada peronista. En sus declaraciones, los tres disidentes calificaron la postura de Mayans de “mala praxis parlamentaria”, señalando especialmente la decisión de retirarse de las comisiones donde se debate la reforma laboral. Según su visión, ese abandono del campo de juego dejó a los trabajadores y a la CGT sin representación para oponerse a los cambios, una omisión que califican como un error garrafal. La metáfora fue contundente: “Dejar el campo orégano para que galopen los gorilas” no solo inmoviliza al peronismo, sino que lo condena a la irrelevancia en el momento de la discusión fina.

Para Moisés y sus pares, la verdadera defensa de las economías regionales implica ocupar los estrados, estar presentes en los debates y negociar proyecto por proyecto, incluso si eso implica sentarse a conversar con un oficialismo al que acusan de recortar derechos y manejar la chequera con discrecionalidad. La decisión revela un pragmatismo extremo: la supervivencia de las gestiones locales depende del oxígeno financiero que llegue desde el centro del país.

El nuevo mapa de poder legislativo

La fuga de estas tres voluntades reduce la bancada del interbloque kirchnerista a 25 integrantes, un número que, aunque no le resta peso, lo obliga a repensar sus estrategias de bloqueo. En este nuevo escenario, adquieren una relevancia inusitada los representantes del Frente Cívico por Santiago del Estero: el exgobernador Gerardo Zamora y su compañera de ruta, Elia Esther del Carmen Moreno. Su posición se vuelve determinante para cualquier negociación de envergadura, sobre todo pensando en los acuerdos de dos tercios que se requieren para cubrir vacantes clave.

Con 72 miembros en el recinto, alcanzar los 48 sufragios necesarios para designar a un juez de la Corte Suprema o al Procurador General —puesto acéfalo desde 2017— se convierte en un juego de precisión. Hoy, los 25 escaños del bloque que comanda Mayans pueden erigirse en un dique de contención, pero si apenas dos de sus integrantes deciden desmarcarse, la balanza se inclina a favor del oficialismo, permitiéndole ungir a sus candidatos sin mayores sobresaltos.

En su mensaje de despedida del viejo esquema, los flamantes senadores independientes dejaron una frase que resuena como advertencia y declaración de principios: aseguraron que ocuparán cada espacio en las comisiones que les corresponde por derecho, con el objetivo de sostener una representatividad que, según ellos, el kirchnerismo le está negando a la oposición. El tablero se movió y, por ahora, los dueños de las fichas no están en Capital Federal, sino en las provincias.

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