La toma pacífica de la planta electrónica Aires del Sur por parte de sus 110 empleados, sumada a la decisión de la textil Sueño Fueguino de suspender a la totalidad de su dotación por un trimestre, encienden las alarmas en el polo productivo de Río Grande. El conflicto expone las fisuras de un sistema fabril golpeado por restricciones al régimen promocional y la incertidumbre macroeconómica.
El pulso industrial de Río Grande late con dificultad. Este lunes, la crisis que amenaza con desarticular el entramado productivo fueguino sumó dos episodios de extrema gravedad que mantienen en vilo a cientos de operarios y sus familias. Mientras los portones de la electrónica Aires del Sur permanecen custodiados por sus propios trabajadores en el marco de una medida de fuerza que incluye la retención pacífica de las instalaciones, la firma textil Sueño Fueguino comunicó una suspensión total de actividades que dejará sin ocupación a todo su personal durante los próximos tres meses.
En la planta dedicada a la fabricación de componentes electrónicos, la jornada transcurrió con una tensión inusual. Los 110 empleados, entre operarios y supervisores, resolvieron iniciar un paro por tiempo indeterminado y permanecer dentro del establecimiento fabril como gesto de resistencia ante lo que describen como un escenario de abandono patronal. La decisión, aseguran, no responde a un arrebato sino al agotamiento de los canales de diálogo frente a los incumplimientos reiterados de la empresa.
Las fuentes gremiales consultadas detallaron que la medida obedece a una multiplicidad de factores que convergen en un mismo diagnóstico de desprotección. Los trabajadores denuncian la falta de pago de los haberes correspondientes a enero y febrero, el congelamiento de adicionales y premios que forman parte sustancial de sus ingresos, y la ausencia de certezas respecto al reinicio efectivo de la cadena de montaje. A ello se suma la indefinición sobre la composición del nuevo directorio, cuyos integrantes aún no se presentaron formalmente ante el personal ni ante las autoridades laborales.
La ocupación, remarcaron los protagonistas, se desarrolla en un clima de absoluta calma y sin incidentes, enmarcada en una estrategia de resistencia cívica destinada a resguardar las fuentes de trabajo. Sin embargo, la imagen de los operarios pernoctando en la fábrica que los emplea grafica con crudeza el nivel de desesperación que atraviesa al sector.
Mientras esto ocurría en un extremo del parque industrial, del otro lado llegaba una noticia que profundiza el clima de zozobra. La compañía textil Sueño Fueguino, dedicada a la confección de indumentaria con destino a mercados externos, notificó a sus trabajadores la suspensión total de las actividades por un plazo de noventa días. La comunicación oficial, replicada por los representantes sindicales, cayó como un baldazo de agua fría en un sector que ya había sufrido un fuerte ajuste durante el ejercicio anterior.
El antecedente inmediato de la firma es elocuente respecto de la fragilidad del negocio. El año pasado, Sueño Fueguino ya había prescindido de los servicios de treinta empleados contratados y cinco trabajadores de planta permanente, en una reestructuración que justificó en las dificultades para colocar su producción en el exterior. En aquel entonces, la empresa vinculó su imposibilidad exportadora a una resolución del Gobierno nacional que afectaba los mecanismos de admisión temporaria y los beneficios previstos para el área aduanera especial.
La batalla de la textil, lejos de resolverse, escaló a instancias judiciales superiores. Fuentes del Ministerio Público confirmaron que la firma presentó un recurso extraordinario ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación con el objetivo de revertir un fallo adverso de la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia. El expediente, identificado con el número 4662/2025 y caratulado “Incidente N° 2 – actor: Sueño Fueguino SA c/ Estado Nacional s/ incidente de apelación”, busca dejar sin efecto una resolución que privó a la compañía de una medida cautelar que le garantizaba la continuidad de los beneficios fiscales y aduaneros establecidos en la Ley 19.640 y sus decretos complementarios.
La puja judicial pone en el centro del debate la supervivencia del régimen de promoción industrial fueguino, eje vertebrador de la actividad fabril en la provincia desde hace décadas. La restricción de esos estímulos, según coinciden empresarios y sindicalistas, constituye uno de los factores estructurales que explican el progresivo deterioro del entramado productivo local.
El escenario actual no hace más que agravar una tendencia que ya había dado señales preocupantes a comienzos de año. En enero, el cierre definitivo de la firma Tel-Fu dejó sin ocupación a medio centenar de operarios y encendió las primeras alarmas en el sector. Aquella crisis, que entonces pudo ser interpretada como un hecho aislado, se revela hoy como el prólogo de una situación sistémica que amenaza con expandirse como mancha de aceite.
Los gremios con representación en el sector, que siguen minuto a minuto la evolución de los conflictos, elevaron su voz de alerta a las autoridades provinciales y nacionales. La preocupación central radica en la posibilidad de un efecto dominó que termine por desarticular el entramado de pymes y proveedores que orbitan alrededor de las grandes plantas. Cada fábrica que detiene sus líneas de montaje no solo deja a sus empleados directos en la calle, sino que interrumpe una cadena de pagos y servicios que sostiene a cientos de familias de manera indirecta.
En las inmediaciones de Aires del Sur, la noche cayó con los operarios aún en el interior de la nave industrial. Afuera, familiares y compañeros de otros establecimientos se congregaron en señal de apoyo, en una postal que remite a los momentos más críticos de la historia fabril fueguina. Las miradas están puestas ahora en la capacidad de respuesta del Ministerio de Trabajo y en la voluntad de las autoridades para convocar a las partes a una mesa de diálogo que permita destrabar los conflictos antes de que sea demasiado tarde.
Por lo pronto, las máquinas permanecen inmóviles, los galpones de depósito cerrados y los tableros eléctricos sin actividad. En una ciudad que vive y respira al compás de la industria, el silencio de las fábricas resuena como la antesala de una tormenta cuyas dimensiones aún se desconocen.
