El Granate derrotó 3-2 a Flamengo en el Maracaná durante el tiempo suplementario y se quedó con el trofeo continental gracias a un global de 4-2, en un partido marcado por la lluvia torrencial y las emociones al límite.
En una velada para el recuerdo, bajo un diluvio que pareció querer ahogar cualquier intento de fútbol, Lanús escribió la página más gloriosa de su rica historia internacional. El conjunto dirigido por Mauricio Pellegrino silenció el imponente Maracaná al imponerse 3-2 sobre Flamengo en el encuentro de vuelta de la Recopa Sudamericana, resultado que, sumado al 1-0 obtenido en la ida, selló un marcador global de 4-2 y permitió a la institución del sur bonaerense alzar su noveno trofeo oficial, el cuarto a nivel internacional y el segundo en la carrera de su entrenador.
El partido, que tuvo de todo, comenzó con un Flamengo volcado al ataque. Apenas transcurridos cuatro minutos, el local avisó con una volea de zurda desde el sector izquierdo del área que exigió al máximo al guardameta Nahuel Losada, quien respondió con una estirada providencial para desviar el esférico al córner. La advertencia no sería la única. A los veinte minutos, Carrascal volvió a poner a prueba los reflejos del portero granate con un disparo cruzado, pero Losada, achicando espacios con gran temple, contuvo con el pie derecho.
Sin embargo, cuando el partido parecía encontrar un cauce favorable al dueño de casa, una jugada insólita, potenciada por las inclemencias del tiempo, terminó por abrir el marcador a favor de la visita. Corría el minuto veintinueve cuando el guardameta local Agustín Rossi, sorprendido lejos de su arco, intentó recibir un pase del lateral Ayrton Lucas. El balón, sin embargo, se detuvo de manera abrupta sobre el césped empapado, y el delantero Rodrigo Castillo, atento a la carambola, se hizo de la redonda, enganchó al arquero y definió con el arco a su merced para desatar la locura en el reducido pero eufórico sector visitante.
La alegría granate duraría poco. A los treinta y tres minutos, una infracción dentro del área —mano del mediocampista Ramiro Carrera— significó la pena máxima para el Mengão. El charrúa Giorgian De Arrascaeta, especialista en la materia, tomó la responsabilidad y tres minutos más tarde ejecutó con clase: un derechazo rasante y cruzado que se incrustó junto al palo izquierdo de Losada, quien nada pudo hacer pese a su estirada.
El complemento encontró a un Flamengo decidido a dar vuelta la historia en los noventa minutos. Ayrton Lucas, por la izquierda, desbordó y generó una jugada que terminó en los pies de Plata; su remate, potente pero centrado, fue controlado sin problemas por Losada. Poco después, un centro desde el costado derecho provocó un rebote en el área que Lucas Paquetá, emblema de la Canarinha, conectó de volea. Su disparo, dirigido con intención, terminó otra vez en las manos del arquero argentino, quien se erigía como una muralla bajo los tres palos.
Cuando el cronómetro marcaba cuarenta minutos del segundo tiempo, una nueva infracción dentro del área devolvió la ventaja parcial al conjunto carioca. Jorginho, con categoría, cambió el penal por gol y desató la algarabía en las gradas del Maracaná. Con el 2-1 parcial, la serie se encaminaba a una definición cardíaca.
Pero el fútbol, caprichoso y emocionante, tenía reservado un guion inesperado. Ya en el tiempo suplementario, cuando las fuerzas flaqueaban y la lluvia seguía siendo protagonista, apareció la figura del defensor José Canale. A los doce minutos de la segunda etapa del alargue, el central se elevó en el área rival y, con un cabezazo certero, puso el 2-2 que devolvía la esperanza y el triunfo parcial a la visita por el resultado global.
Flamengo, aturdido, se lanzó con todo en busca del milagro, pero los espacios que dejó atrás fueron letales. En el minuto dos de descuento, cuando el reloj agonizaba, una contra rápida encontró al volante Dylan Aquino cara a cara con Rossi. El joven mediocampista, con la sangre fría de un veterano, definió cruzado y sentenció la historia: 3-2 final y consagración absoluta para un equipo que jamás se rindió.
Lanús, que en la ida había logrado una ventaja mínima pero valiosa, confirmó en el templo del fútbol brasileño su condición de justo campeón. El equipo de Pellegrino, ordenado, resistente y certero en los momentos cruciales, sumó un nuevo capítulo de gloria a su historia y ratificó que, a pesar de las adversidades, el coraje y la inteligencia pueden más que cualquier favoritismo.
