Tormenta sobre Teherán: Estados Unidos e Israel ejecutan una ofensiva letal que acaba con la vida del líder supremo iraní

Tormenta sobre Teherán: Estados Unidos e Israel ejecutan una ofensiva letal que acaba con la vida del líder supremo iraní

En un bombardeo coordinado sin precedentes, las fuerzas aliadas eliminaron al ayatolá Alí Jamenei, desatando una inmediata andanada de represalias por parte de la república islámica que ha encendido todos los polvorines de Oriente Medio.

En una jornada que quedará grabada con sangre en los anales de la geopolítica mundial, una operación conjunta de Estados Unidos e Israel sacudió este sábado los cimientos de la República Islámica de Irán. El epicentro de la convulsión fue la confirmación oficial, tanto por parte de líderes occidentales como por la propia televisión estatal iraní, de la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, en un ataque aéreo de precisión. La noticia, anunciada primero por el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, desencadenó una espiral de violencia inmediata, con Teherán lanzando proyectiles y drones contra territorio israelí y enclaves militares estadounidenses esparcidos por la región.

El portavoz de la Media Luna Roja, en declaraciones a la agencia oficial ISNA, esbozó un panorama desolador del primer impacto de la ofensiva. Según sus cifras, al menos 201 personas perdieron la vida y otras 747 resultaron heridas. La magnitud del asalto se evidencia en que 24 de las 31 provincias del país sufrieron impactos, lo que ha obligado a la organización humanitaria a movilizar más de 220 brigadas de auxilio a lo largo y ancho de la nación persa. Aunque el gobierno de Teherán aún no ha presentado un recuento oficial consolidado, los relatos que emergen de las provincias pintan una imagen de horror. Fuentes gubernamentales y autoridades locales han denunciado con especial pesar la muerte de más de ochenta personas, en su mayoría niñas, tras el bombardeo israelí contra una escuela primaria femenina en la sureña ciudad de Minab. Asimismo, un pabellón deportivo en la localidad de Lamerd se convirtió en una trampa mortal que segó la vida de al menos quince individuos.

Desde Tel Aviv, las Fuerzas de Defensa de Israel emitieron un comunicado describiendo la operación como el despliegue aéreo más colosal en la historia de su aviación. Cerca de dos centenares de aeronaves de combate sobrevolaron el oeste y el centro de Irán, descargando su mortífera carga sobre aproximadamente medio millar de posiciones estratégicas. El núcleo de la ofensiva, según explicaron, se centró en desmantelar el entramado de misiles y las baterías antiaéreas iraníes. Entre los puntos alcanzados se encuentra una instalación clave en Tabriz, en el oeste del país, la cual, de acuerdo a la inteligencia israelí, albergaba una unidad de misiles tierra-tierra que planeaba lanzar decenas de proyectiles contra poblaciones civiles israelíes.

La confirmación del deceso del ayatolá Jamenei llegó a través de un encendido mensaje en la red Truth Social por parte del mandatario estadounidense. Trump no escatimó epítetos para referirse al líder religioso, a quien tildó como una de las figuras más perversas de la historia, argumentando que su eliminación constituye un acto de justicia no solo para el pueblo iraní, sino para todos los ciudadanos del mundo que sufrieron sus políticas. «No pudo eludir nuestra inteligencia ni nuestros avanzados mecanismos de localización», proclamó el republicano, subrayando la estrecha colaboración con Israel que hizo posible el ataque. Para Trump, la desaparición de Jamenei, quien desde 1989 ostentaba la máxima autoridad política y religiosa de Irán, representa una ventana de oportunidad inédita para que la ciudadanía iraní recupere el control de su nación, al tiempo que advirtió que los bombardeos proseguirán sin tregua durante los próximos días, o el tiempo que Washington estime necesario para cumplir sus metas.

Por su parte, Netanyahu se adelantó en señalar que el líder supremo había perecido en un ataque directo contra su residencia. En una alocución televisada, el primer ministro israelí declaró con solemnidad que «el proyecto para aniquilar Israel ya no existe», sugiriendo que la desaparición del «tirano» marca un punto de inflexión. Anunció, además, que en los días venideros las fuerzas hebreas continuarán golpeando miles de blancos pertenecientes a lo que calificó como el «régimen terrorista», incluyendo a altos mandos de la Guardia Revolucionaria y figuras clave del programa atómico persa.

Horas más tarde, la televisión iraní confirmó la muerte de su guía supremo. El presidente Masud Pezeshkian, visiblemente afectado, lanzó una advertencia grave: este asesinato no quedará impune. En señal de duelo, el gabinete de la nación islámica decretó un luto oficial de cuarenta días.

Lejos de amedrentarse, la respuesta de Teherán fue inmediata y contundente. La Guardia Revolucionaria anunció el lanzamiento de una oleada de misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en Baréin, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, así como contra objetivos castrenses en suelo israelí. El Pentágono, sin embargo, salió al paso para tranquilizar a la opinión pública, asegurando que no se reportaban bajas entre sus filas ni daños significativos en sus activos en la zona. Del mismo modo, las autoridades militares israelíes afirmaron haber interceptado varios de los artefactos no tripulados lanzados desde Irán. Pese a ello, el servicio de emergencias israelí, Magen David Adom, reportó la trágica muerte de una mujer de unos cuarenta años en Tel Aviv a causa del impacto de un proyectil iraní. La víctima fue hallada sin conocimiento y en estado crítico, mientras que otras veinte personas tuvieron que ser trasladadas a centros hospitalarios, incluyendo a un menor de ocho años rescatado de entre los escombros y afectado por inhalación de humo.

En el plano diplomático, la crisis escaló hasta el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El embajador iraní, Amir-Saeid Iravani, exigió al organismo internacional una intervención urgente para detener los ataques, al tiempo que reiteró el derecho legítimo de su país a defenderse mientras persista la agresión externa. En una intervención cargada de dureza, acusó al Consejo de complicidad si no actuaba para detener lo que considera un crimen.

En las antípodas de esta postura, el representante estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, defendió la operación bautizada como «Furia Épica» por el Pentágono, argumentando que su objetivo estratégico es neutralizar de forma definitiva la capacidad balística iraní que amenaza a sus aliados, degradar sus fuerzas navales que desestabilizan las rutas marítimas internacionales y, sobre todo, garantizar que el régimen de los ayatolás jamás pueda desarrollar un arma nuclear que ponga en jaque a la comunidad internacional.

Horas antes de estas declaraciones, el propio Trump había adelantado en una entrevista con el medio Axios que barajaba diferentes escenarios para el conflicto, desde una intervención prolongada para tomar el control total, hasta una ofensiva relámpago de dos o tres días. En cualquier caso, se mostró convencido de que Irán tardará años en recuperarse del golpe asestado. Al ser cuestionado sobre las razones que motivaron este ataque masivo, el presidente estadounidense señaló dos detonantes principales: el fracaso de las conversaciones nucleares en Ginebra, donde percibió una falta de voluntad real de acuerdo por parte iraní, y el historial reciente del gobierno persa, al que acusó de provocaciones constantes en la región. Con esta justificación, la Casa Blanca parece dispuesta a mantener la presión, mientras el mundo contiene el aliento ante la posibilidad de un conflicto de consecuencias impredecibles.

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