Tregua frágil entre Israel y Líbano: acuerdos verbales que se desmoronan ante violaciones crecientes

Tregua frágil entre Israel y Líbano: acuerdos verbales que se desmoronan ante violaciones crecientes

A pesar de la extensión del cese al fuego por tres semanas más tras un encuentro en la Casa Blanca, las denuncias recíprocas de incumplimientos amenazan con reducir el pacto a una mera declaración de intenciones. Mientras Estados Unidos respalda a Israel y Hezbolá opera al margen del Estado libanés, el conflicto se profundiza arrastrando consecuencias humanitarias y políticas complejas.

En un intento por detener la escalada bélica que sacude la región, Israel y el Líbano acordaron prorrogar por veintiún días adicionales el alto el fuego vigente. La decisión surgió tras una reunión desarrollada en la Casa Blanca, donde representantes de ambas naciones se dieron cita para explorar vías de diálogo. Sin embargo, lo que en el papel aparecía como una ventana hacia la paz se ha ido transformando en un espejismo: las acusaciones mutuas por quebrantamientos del armisticio se multiplican con el correr de las jornadas, evidenciando que la tranquilidad anunciada existe más en los discursos que en la realidad sobre el terreno.

Este enfrentamiento no surge de manera aislada, sino que se inscribe en un entramado geopolítico donde las coyunturas domésticas de cada actor juegan un papel determinante. Por un lado, Washington se mantiene como aliado incondicional de Israel. Por el otro, la milicia chiíta Hezbolá, respaldada por Irán, actúa como un poder paralelo al Estado libanés, incrementando así la complejidad de un rompecabezas que parece no tener solución sencilla.

Claves de una negociación con múltiples aristas

Kevin Ary Levin, sociólogo egresado de la Universidad de Buenos Aires y magíster en Estudios sobre Medio Oriente por la Universidad de Columbia, explicó ante este medio que la hostilidad entre Hezbolá y el Estado judío se remonta a 1982, aunque la etapa actual presenta características inéditas. El especialista señaló que el conflicto actual emergió como consecuencia directa de la confrontación más amplia entre Estados Unidos e Israel contra Irán. “Se observa, por ejemplo, un relato de animosidad mucho más marcado hacia Hezbolá por parte del gobierno libanés”, afirmó Levin. Agregó que la administración israelí transformó en los últimos años su modo de reaccionar frente a lo que percibe como amenazas en la zona, mostrándose ahora menos convencida de que las soluciones militares sean suficientes, pero también desconfiando de la diplomacia y las estrategias de contención. Ese cambio, subrayó, ha alterado por completo la intensidad del enfrentamiento.

El analista también resaltó las graves repercusiones humanitarias que este conflicto generó en apenas un breve período. No solo por el número de víctimas fatales, sino también por la enorme cantidad de personas forzadas a abandonar sus hogares. “Existe cierta percepción, al menos del lado israelí, de que este conflicto ya se prolongó en exceso a través de sucesivas rondas de violencia y que ha llegado el momento de resolverlo de manera más o menos definitiva”, indicó Levin. Pero acto seguido precisó un dato crucial: para Estados Unidos, la prioridad indiscutible sigue siendo neutralizar la amenaza iraní, lo que coloca todo lo que sucede en el Líbano en un plano secundario o subordinado.

El presidente norteamericano, Donald Trump, fue quien anunció la ampliación de la tregua tras recibir el jueves en el Despacho Oval a los embajadores de Israel y el Líbano en su país, Yechiel Leiter y Nada Hamadeh. El mandatario republicano añadió que prevé concretar un encuentro a tres bandas durante las próximas dos semanas con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente libanés, Joseph Aoun. Cabe destacar que Hezbolá, debido a su alianza con Irán, fue deliberadamente apartado de las conversaciones de paz.

El cara a cara entre los diplomáticos de ambas naciones representó el segundo encuentro de ese nivel entre las partes. El primero había ocurrido el pasado 14 de abril en el Departamento de Estado, constituyendo el contacto de mayor jerarquía entre dos países que, vale recordar, carecen de vínculos diplomáticos formales desde 1993. En aquella ocasión, al igual que ahora con esta extensión, Trump había proclamado la entrada en vigor de un cesefuego.

No obstante, las negociaciones conducidas por Washington, y desarrolladas sin la participación de Hezbolá, no lograron impedir que se sucedan decenas de episodios que cada bando denuncia como violaciones del pacto. El Líbano fue arrastrado a esta guerra regional el 2 de marzo, después de que Hezbolá lanzara un ataque contra Israel en represalia por la muerte del entonces líder supremo iraní, Alí Jamenei, ocurrida el primer día de la ofensiva militar conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el 28 de febrero.

El peso de las realidades internas

En el transcurso de esta semana, el gobierno libanés manifestó su disposición a dialogar con Israel para hallar una salida al conflicto, aunque dejó en claro cuáles son sus límites infranqueables. El presidente Aoun difundió un comunicado en el que afirmó: “La postura del Líbano en las próximas negociaciones es nítida: nada de concesiones, nada de transigencias y nada de rendiciones, excepto aquellas que aseguren la soberanía del Líbano y los intereses de todos los libaneses”. Aoun defendió su decisión de optar por la mesa de diálogo argumentando que las experiencias pretéritas le enseñaron que las guerras solo siembran muertes, destrucción y desplazamientos. En esa línea, aseguró haber mantenido contactos permanentes con los principales líderes nacionales y con otras fuerzas políticas para mantenerlos informados sobre las gestiones en curso para afianzar la paz. Por ello, reclamó una “postura nacional unificada” que impida a Israel aprovechar las “fragilidades internas” del Líbano en beneficio propio.

A este escenario se suma la exigencia planteada el martes por el primer ministro libanés, Nawaf Salam, durante una comparecencia conjunta con el presidente francés, Emmanuel Macron. Salam demandó la retirada completa de las tropas israelíes del territorio libanés, así como el retorno de los prisioneros y los desplazados de su país.

Levin insistió en que las dinámicas políticas domésticas tanto de Israel como del Líbano inciden de manera decisiva en la continuidad o el agravamiento del conflicto. “Por un lado, el gobierno libanés es frágil, pero al mismo tiempo comprende que negociar es una herramienta para controlar la crisis social, humanitaria y económica derivada de la guerra”, explicó. Además, ese gobierno percibe a Hezbolá como una amenaza real para su propia permanencia y para la continuidad del Estado libanés como tal.

El académico reconoció que la milicia chiíta se encuentra debilitada, aunque advirtió que también ha sido subestimada en múltiples aspectos. Su capacidad de arsenal superó lo que muchos pronosticaban, al igual que su habilidad para tomar decisiones descentralizadas luego de la eliminación de su cúpula dirigente. Levin enfatizó que el gobierno libanés, que inicialmente adoptó medidas simbólicas y legales como restringir actividades militares, expulsar a representantes iraníes o prohibir la influencia de Teherán en el país, enfrenta al mismo tiempo limitaciones objetivas de gran calado. “El ejército libanés está peor armado y peor capacitado que Hezbolá. Además, existe el temor de que una guerra contra la milicia podría fracturar a las fuerzas armadas, debido a las diferencias que atraviesan a la sociedad, a algunos partidos e incluso al interior de las familias sobre cómo valorar al grupo”, detalló.

En cuanto a las tensiones internas en Israel, Levin mencionó que el gobierno de Netanyahu atraviesa un momento de pérdida de popularidad. Muchos sectores le endilgan la responsabilidad de estas guerras de desenlace incierto, que han provocado severas pérdidas no solo en el plano militar, sino también en el posicionamiento internacional, la economía y la cohesión social. “Netanyahu prometió restaurar la tranquilidad de los habitantes del norte del país, y además se encuentra en un año electoral, por lo que necesita una victoria contundente”, señaló el analista. Todos estos factores, agregó, conspiran para entorpecer cualquier resolución del conflicto. Finalmente, Levin destacó un aspecto central: “Netanyahu ató su destino, más que otras administraciones israelíes, a lo que sucede en Washington. Eso le permitió conseguir un respaldo extraordinario para la guerra con Irán, pero también le restó gran parte de su autonomía para decidir de manera independiente o con base en consideraciones domésticas lo que ocurre respecto del Líbano. En ese sentido, por ahora, tiene las manos bastante atadas”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *