Documentos judiciales, registros gremiales y actas notariales revelan la trama que conecta al flamante Jefe de Gabinete con un empleador procesado por comercialización de estupefacientes, una escribana vinculada al tráfico de efedrina y una estructura sindical construida sobre frágiles cimientos.
Corría el año 2019 cuando Manuel Adorni, por entonces una figura en franco ascenso dentro del ecosistema mediático local, decidió dar un paso que, por decir lo menos, desentonaba con su exposición cotidiana frente a las cámaras. El economista, que ya se desempeñaba como panelista estable de La Nación+, uno de los canales de noticias de mayor penetración en la audiencia metropolitana, formalizó su afiliación al Sindicato Argentino de Empleados de Delivery y Afines (SAEDA). Para que aquel trámite gremial prosperara, Adorni declaró bajo juramento desempeñarse como repartidor al servicio de una empresa denominada Tesir SRL.
El detalle no sería más que una anécdota curiosa si no fuera por un cúmulo de aristas que convierten aquella inscripción en un interrogante mayúsculo. Quien ya poseía una trayectoria consolidada en la pantalla chica, con presencia diaria y una opinión pública en formación, se convirtió de la noche a la mañana en un trabajador de delivery sin que mediara explicación alguna sobre esa súbita dualidad laboral. Pero lo que parecía apenas una incoherencia comenzó a adquirir contornos más turbios cuando se indagó en la naturaleza real de Tesir SRL, una firma que, según se supo más tarde, habría sido concebida con un propósito singular: apuntalar la carrera sindical del actual jefe de gabinete de ministros.
Los antecedentes penales del “empleador” paraguayo
La constitución legal de Tesir SRL tuvo lugar el 26 de abril de 2018, tal como aparece asentado en el Boletín Oficial de la República Argentina. El socio fundador y rostro visible de esa sociedad fue un ciudadano paraguayo de nombre Jacinto Gómez Bogado. Sin embargo, el dato que no figura en el boletín, pero que sí se encuentra prolijamente registrado en los legajos judiciales, es que en diciembre de 2012, Gómez Bogado había sido procesado y detenido en el Complejo Penitenciario Federal de Ezeiza por violar la ley 23.737, el plexo normativo que en Argentina castiga el tráfico y la comercialización de sustancias estupefacientes. Lejos de tratarse de una imputación menor o de un expeditivo sobreseimiento, aquella causa por narcotráfico derivó en la privación efectiva de la libertad del ahora empleador de Manuel Adorni.
El epicentro de aquella actividad ilícita funcionaba en un departamento ubicado en Tucumán 730, pleno corazón de la ciudad de Buenos Aires. Los testimonios recogidos durante la instrucción judicial describían una operatoria tan desembozada como voluminosa. “Es impresionante la manera en la que comercializan cocaína. Inclusive hay fila que llega a la escalera. Realmente alevoso”, declaró uno de los testigos protegidos. Otro relato detallaba la mecánica con crudeza: los compradores subían al primer piso, golpeaban una puerta y recibían la droga a través de una mirilla. Al momento de su captura, a Gómez Bogado se le incautó una suma considerable de dinero en efectivo más siete teléfonos celulares, elementos que los investigadores consideraron prueba de una logística criminal en funcionamiento.
Lo que vuelve especialmente inquietante esta cronología es que, cuando Adorni inició su vínculo laboral declarado con Tesir SRL, el proceso judicial contra el fundador de la empresa no había concluido. En otras palabras, el ahora jefe de Gabinete figuró en los registros gremiales como dependiente de un individuo que seguía siendo, en ese preciso momento, un imputado activo en una causa por narcotráfico.
El meteórico ascenso gremial del comunicador
La afiliación al SAEDA, lejos de ser un episodio aislado o una mera irregularidad administrativa sin consecuencias, se transformó con el correr de los meses en un peldaño para una carrera sindical tan inesperada como vertiginosa. Apenas dos años después de haberse anotado como repartidor, Manuel Adorni aparecía ya desempeñándose como Secretario Adjunto del mismo gremio. El derrotero, cualquier observador imparcial lo advertirá, dista de ser el tránsito habitual que se observa en las esferas del sindicalismo argentino: un panelista de televisión que se inscribe como delivery en una empresa sin actividad verificable y que, en un brevísimo lapso, pasa a ocupar un sitial de conducción en la organización que nuclea –al menos en el papel– a los trabajadores de aplicaciones de reparto.
El SAEDA, cabe recordarlo, fue constituido en 2019 con la ambición declarada de aglutinar a todos los empleados de delivery del territorio nacional, un universo laboral que entonces se expandía a ritmo acelerado empujado por el auge de plataformas digitales como Rappi, PedidosYa y Glovo. Sin embargo, no existe registro público de que Adorni haya desplegado actividad gremial previa alguna, ni tampoco consta vinculación orgánica con el mundo sindical antes de este episodio. Su trayectoria conocida es la de un economista de línea dura, columnista y comentarista televisivo, no la de un dirigente de base curtido en asambleas y negociaciones paritarias. La pregunta que surge naturalmente es qué función cumplía realmente dentro de esa arquitectura y bajo qué condiciones se produjo su incorporación al gremio con una declaración laboral que no supera el más elemental filtro de verosimilitud.
La empresa que sólo existe en el papel
Tesir SRL presenta un perfil que los especialistas en derecho comercial no dudan en calificar como el de una empresa fantasma. No registra facturación ante los organismos de recaudación. No figura como empleadora en la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). No tiene asalariados en su nómina. Desde 2021, la firma no cuenta con ningún trabajador bajo su órbita, lo que por supuesto incluye al propio Adorni. La última aseguradora de riesgos del trabajo que tuvo contratada, Federación Patronal, le rescindió el vínculo por falta de pago, uno de los indicadores más básicos que delatan la inactividad real de un empleador.
A pesar de este vacío operativo, Tesir continúa inscripta. Existe en los registros públicos, goza de personería jurídica, pero no despliega actividad alguna, no emite comprobantes, no contrata personal. Es apenas una cáscara societaria, un nombre sin cuerpo. El domicilio legal que la firma declara ante la Inspección General de Justicia es el departamento 6°C de la calle Pasteur 734, en el barrio porteño de Balvanera. Ese mismo inmueble aparece también como sede registrada de otra sociedad: Delivery Grupal Entrega SRL. La coincidencia no concluye allí. Esta segunda firma posee exactamente el mismo objeto social que Tesir, fue fundada por un socio de nacionalidad peruana y una ciudadana paraguaya de apellido Gómez Bogado –con altísimas probabilidades de ser familiar del fundador de Tesir– y tampoco exhibe actividad económica ni CUIT habilitado. Se trata, en definitiva, de dos compañías gemelas, con la misma dirección, el mismo rubro, los mismos apellidos y la misma ausencia de funcionamiento real.
La escribana que une los hilos de la trama
Un elemento adicional viene a reforzar la conexión entre ambas firmas: el acta de constitución de Delivery Grupal Entrega SRL fue certificada por la misma escribana que refrendó los estatutos societarios de Tesir SRL. Se trata de Adriana Nechevenko, una fedataria que saltó a la esfera pública cuando intentó salir en defensa del actual Jefe de Gabinete tras comenzar a circular las primeras versiones periodísticas sobre esta intrincada historia.
Lo que aquellas notas no consignaron es que Nechevenko arrastra su propio antecedente en causas vinculadas al crimen organizado. La escribana actuó como testigo de parte en un juicio en el que sus clientes fueron condenados por tráfico de efedrina, el precursor químico esencial en la elaboración de metanfetaminas. Es importante ser precisos: no existe condena alguna sobre Nechevenko, quien en aquel proceso se limitó a comparecer en calidad de testigo. Sin embargo, el dato completa un cuadro de situación donde los vínculos entre el círculo de Adorni y personas involucradas en causas penales vinculadas a sustancias controladas se reiteran con una frecuencia que difícilmente pueda atribuirse al azar.
Lo verificado contra lo explicado
El arsenal de elementos descriptos a lo largo de esta crónica es enteramente verificable por cualquier persona con acceso a las fuentes. La constitución de Tesir SRL y la identidad de su fundador constan en el Boletín Oficial. El procesamiento y detención de Jacinto Gómez Bogado por narcotráfico se hallan registrados en los expedientes judiciales a los que se pudo acceder. La afiliación de Adorni al SAEDA y su declaración de trabajar como repartidor en esa empresa figuran en los archivos gremiales. La ausencia de actividad, empleados y facturación de Tesir se chequea en portales oficiales de acceso público. La coincidencia de domicilio, escribana y apellidos entre Tesir y Delivery Grupal Entrega SRL es constatable en los registros mercantiles.
Lo que no obra en ningún registro, lo que no ha sido puesto sobre la mesa en ninguna conferencia de prensa ni en ningún descargo público, es una explicación mínimamente convincente. Manuel Adorni no ha respondido todavía por qué declaró trabajar como repartidor siendo ya un panelista de televisión consolidado. Tampoco ha aclarado qué funciones cumplía en Tesir SRL, ni qué vínculo real mantuvo con esa empresa, ni cómo explicó su rapidísimo ascenso a la conducción del gremio que nuclea a los delivery. Sobre todo, no ha dicho qué sabía –o lo que es igualmente grave, qué debería haber sabido– sobre los antecedentes penales del hombre que figuraba formalmente como su empleador. Mientras esas preguntas sigan sin respuesta, la sombra del narcotráfico seguirá proyectándose sobre la carpeta sindical del funcionario más importante de la Casa Rosada.
