El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, responsable de un oneroso alquiler oficial en el microcentro porteño, desempolvó un relato sobre supuestos desbarajustes tecnológicos en el organismo climático mientras avanza con despidos y un decreto que quebró la potestad exclusiva del SMN sobre la información aeronáutica.
En medio de un creciente conflicto gremial y con las oficinas públicas aún resonando por el millonario canon mensual que su cartera abona por cuatro plantas en el corazón financiero de la Ciudad de Buenos Aires, el ministro Federico Sturzenegger volvió a encender las alarmas. Esta vez, el funcionario utilizó su cuenta verificada en la plataforma X para compartir lo que calificó como una “historia increíble” acerca de lo que denomina la “ineficiencia tecnológica” enquistada en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). El relato, difundido sin mayores precisiones técnicas, sirvió al jefe de la cartera de Desregulación para avalar una oleada de cesantías que ya alcanza el medio centenar de trabajadores y para justificar el tenso escenario sindical que envuelve al organismo.
Desde su trinchera virtual, el ministro sostiene que la entidad encargada de pronosticar el tiempo podría operar con una exactitud muy superior y consumiendo una porción significativamente más magra del presupuesto estatal si se aplicara lo que él mismo denomina una “modernización drástica”. Según su argumentación, unas ciento cincuenta personas serían suficientes para reemplazar a la actual dotación cercana al millar de empleados, siempre que se implementara una reconversión profunda que los críticos, en cambio, no dudan en tildar de desmantelamiento encubierto.
La chispa que detonó este nuevo capítulo de tensión no cayó por azar. Horas antes de que Sturzenegger publicara su alegato, el Gobierno había declarado “ilegal” el paro que los trabajadores del SMN habían convocado para esa misma jornada, en repudio a los ciento cuarenta despidos ya ejecutados. La medida de fuerza planeada consistía en un “apagón informativo” de siete horas, cuyo potencial efecto dominó amenazaba con demorar vuelos a lo largo y ancho del territorio nacional. Fue entonces cuando la Dirección Nacional de Relaciones y Regulaciones del Trabajo notificó a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), gremio impulsor de la protesta, que la paralización resultaba ilegal por tratarse de un servicio público esencial vinculado a la seguridad aérea.
Sin embargo, la respuesta gubernamental no se limitó a la declaración de ilegalidad. Sturzenegger, haciendo gala de su perfil desregulador, impulsó un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU 274/2026) que, publicado en el Boletín Oficial, le arrebató al SMN la potestad exclusiva para informar sobre las condiciones climáticas al sector aeronáutico. La nueva norma faculta a la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA S.A.) a brindar los servicios meteorológicos requeridos por las operaciones de vuelo, ya sea por sus propios medios o mediante la contratación de terceros. Con este movimiento, la administración libertaria eliminó de un plumazo el monopolio informativo que el organismo climático había conservado durante décadas.
Para los empleados del SMN y sus representantes sindicales, la maniobra representa un castigo desproporcionado por haber ejercido un derecho de huelga, al tiempo que sienta un peligroso precedente en la prestación de servicios técnicos estratégicos. Mientras tanto, en las redes sociales proliferan las comparaciones incómodas: el mismo funcionario que hoy esgrime la eficiencia como bandera para licenciar personal es quien, según documentación oficial, comprometió cerca de setecientos noventa millones de pesos en el arrendamiento de cuatro pisos en pleno microcentro porteño para instalar las oficinas de su ministerio. La paradoja, lejos de pasar inadvertida, alimenta el fuego cruzado entre defensores del ajuste y opositores que denuncian dos varas para medir. Lo cierto es que, mientras Sturzenegger celebra en su cuenta de X el fin de una supuesta ineficiencia legendaria, los radares del Servicio Meteorógico Nacional siguen funcionando con una plantilla diezmada y bajo la amenaza de una privatización encubierta de sus funciones más sensibles.
