La emblemática curtiembre fundada por el abuelo de Marcos Galperín, que supo ser la más importante del mundo y proveer a gigantes como Nike y Adidas, enfrenta una agonía financiera letal. En un giro dramático, la empresa confesó no tener liquidez ni para pagar una módica cuota gremial de 360 mil pesos, mientras el ministro Sturzenegger celebra la desregulación que, según denuncian, está destruyendo el valor agregado y el empleo argentino.
La historia del imperio Galperín podría resumirse como una epopeya del capitalismo argentino, un relato de inmigración, trabajo duro y la audacia de convertir un pequeño taller del interior en un gigante global. Sin embargo, como en toda saga familiar, hay capítulos que no terminan con final feliz. Hace 80 años, un inmigrante alemán llamado Walter Lebach, abuelo del todopoderoso dueño de Mercado Libre, fundaba en esta localidad santafesina la Sociedad Anónima de Exportaciones Argentinas (Sadesa). Aquel edificio, testigo del esfuerzo pionero, no solo albergó el nacimiento de una curtiembre que llegaría a ser la número uno del planeta, sino que también fue la primera oficina del joven Marcos antes de conquistar el mundo digital. Hoy, esa misma empresa, símbolo de la pujanza industrial argentina, está a punto de apagar sus hornos para siempre.
La crónica de una muerte anunciada no solo se escribe con los números rojos de un balance. Se escribe, también, con la impotencia de los trabajadores y la rigidez ideológica de un gobierno. Según pudo reconstruir Página I12, la situación de Sadesa es tan terminal que sus directivos se vieron en la obligación de enviar una misiva desesperada al presidente de la Federación de Industriales de Santa Fe (FISFE). En la carta, el apoderado de la firma solicita la baja inmediata de su afiliación institucional a partir del próximo 1° de abril. El motivo es tan brutal como revelador: la compañía carece de los fondos necesarios para abonar la cuota social mensual de 360 mil pesos. Un monto irrisorio, casi simbólico para cualquier empresa, incluso para un emprendimiento de pequeña envergadura, pero que para la otrora poderosa curtiembre se ha convertido en una carga imposible de sobrellevar.
En el texto, los representantes legales de Sadesa justifican la determinación apelando a la cruda realidad que atraviesan: «La decisión adoptada responde a la situación económica que actualmente atraviesa la empresa, lo que impone una readecuación de compromisos institucionales y operativos». La frase, fría y burocrática, esconde detrás una hecatombe industrial que ya ha dejado un tendal de familias en la calle.
EL FACTOR STURZENEGGER: CUANDO LA DESREGULACIÓN MATA
Pero, ¿cómo pudo una empresa que supo dominar el mercado global de curtimbres, abasteciendo de cueros de primera calidad a las marcas más codiciadas del planeta como Adidas, Nike o Ralph Lauren, llegar a este extremo? Lejos de ser un misterio, la respuesta tiene nombre y apellido: Federico Sturzenegger. El actual ministro de Desregulación, en su afán de simplificar la economía y bajar precios, aplicó una medida que, para el sector, resultó ser un tiro en el corazón de la industria nacional. Desde hace más de un año, Sturzenegger decidió equiparar las retenciones del cuero crudo con las del cuero curtido. La medida, en apariencia técnica, destruyó de un plumazo la protección que permitía a las curtiembres locales competir.
El razonamiento oficial fue que, al fomentar la exportación de la materia prima sin procesar, se generaría una mayor oferta que abarataría el precio de la carne vacuna en las góndolas. Una teoría que, como tantas otras, chocó de frente con la realidad: el precio de la carne no bajó, pero el negocio del curtido argentino se volvió inviable. Al eliminar la diferencia arancelaria, se incentivó la fuga del cuero crudo hacia el exterior, dejando a plantas como Sadesa sin la posibilidad de agregar valor localmente. El resultado es un espejo de lo que ocurre con la empresa Fate en el sector neumático: la destrucción sistemática de puestos de trabajo en pos de un dogma de libre mercado.
UN AJUSTE CRUEL Y UN GREMIO QUE RESISTE EN SOLEDAD
El viacrucis de Sadesa no comenzó ayer. En marzo de 2025, la empresa ingresó en un Proceso Preventivo de Crisis (PPC) avalado por el Ministerio de Capital Humano que conduce Sandra Pettovello. Bajo esa cobertura legal, se desprendió del 80% de su planta de trabajadores, pasando de 2000 empleados a apenas 400. José Fernández, secretario General del gremio de la industria del Cuero, explicó con crudeza los detalles de una agonía pactada: “Ya hace 9 meses que se viene con el programa. Se arrancó con el 100% no remunerativo que se quedaba la empresa de los aportes de los trabajadores, y después se bajó a un 70-30 en los últimos tres meses”.
La relación se volvió insostenible. La empresa solicitó una extensión del PPC por cuatro meses más, pero la cartera de Capital Humano solo autorizó tres, hasta marzo. El miércoles pasado, una reunión clave en Buenos Aires iba a definir el futuro. “El único que llevó la negativa a seguir en esta situación fue el gremio de Esperanza, a través de la asamblea realizada con sus afiliados”, denunció Fernández. Mientras tanto, el resto de los sindicatos y la Federación del sector continuaban acompañando el plan de ajuste propuesto por la compañía, dejando a los trabajadores santafesinos en una peligrosa soledad.
EL PARADÓJICO DESTINO DEL CAPITAL NACIONAL
Lo más irónico de este drama es que Sadesa, como empresa, tiene la llave para escapar. Los Galperín no necesitan rescates ni planes de fomento; pueden jugar en otras ligas. La compañía ya cuenta con plantas operativas en Tailandia y diversas regiones de Asia, y tiene planificado relocalizar su producción en Paraguay o Vietnam si el suelo argentino se vuelve demasiado árido para sus intereses. Allá, donde el apoyo a la industria es una política de Estado y no un estorbo, Sadesa seguirá siendo el principal proveedor de las grandes marcas deportivas mundiales. Acá, en la localidad que vio nacer el sueño familiar, solo quedarán las paredes de aquella vieja curtiembre que un día albergó la primera oficina de Mercado Libre.
La paradoja es monumental. El gobierno de Javier Milei, que tanto admira el éxito de Marcos Galperín como emblema del mérito privado, es el mismo que, a través de sus políticas, está dinamitando la empresa matriz que financió ese éxito. El abuelo Lebach construyó Sadesa con sus manos; el nieto Galperín la utilizó como trampolín. Ahora, el ministro Sturzenegger, con su lápiz de desregulador, puede firmar su epitafio. La pregunta que flota en el aire de Esperanza es si al Gobierno le importa. Si como con Fate, dejarán caer otra empresa emblemática para celebrar el ajuste, sin importar que, al otro lado del mostrador, 400 familias esperan un milagro que no llega.
