En una escalada bélica sin precedentes, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, ofreció disculpas a las naciones de la región por los ataques con misiles y drones lanzados desde su territorio. La respuesta de la Casa Blanca no se hizo esperar: el mandatario estadounidense calificó el gesto como una rendición, al tiempo que desde Tel Aviv confirmaban la destrucción de centros neurálgicos de la Guardia Revolucionaria.
En medio de una ofensiva militar de gran envergadura que sacude Oriente Próximo, un inesperado giro diplomático ha marcado la jornada. El presidente de la República Islámica, Masud Pezeshkian, emitió un mensaje grabado dirigido a los países limítrofes para expresar su pesar por los bombardeos ejecutados durante la última semana. «El Consejo de Liderazgo ha resuelto cesar las hostilidades contra los países vecinos, a menos que seamos agredidos desde esas tierras», manifestó el mandatario, quien además instó a estas naciones a no prestarse como herramientas de lo que denominó «el imperialismo».
La decisión de Teherán, comunicada a través de la televisión estatal, surge tras la muerte del ayatolá Alí Jameneí y en un contexto de represalias cruzadas. Sin embargo, lejos de calmar las aguas, la declaración fue inmediatamente interpretada por Washington como un síntoma de debilidad. El presidente de Estados Unidos, en declaraciones a la prensa a bordo del Air Force One, aseveró que las palabras de Pezeshkian equivalen a una claudicación. «Eso es una rendición. Yo lo llamo rendición», sentenció el líder estadounidense, quien atribuyó el hecho a una victoria para su país y sus aliados en la región.
Mientras la diplomacia se tensaba, los partes de guerra continuaban describiendo una realidad implacable. Las fuerzas de defensa israelíes detallaron en un comunicado haber asestado un golpe certero al corazón del poderío aéreo iraní. Durante la noche del viernes, sus aeronaves lograron desmantelar el principal centro de comando de la Fuerza Aérea de la Guardia Revolucionaria en Teherán. Según la versión castrense, este puesto de mando era el eje desde el cual se gestionaba la evaluación de la situación aérea y la defensa del espacio aéreo persa.
El portavoz militar israelí, Effie Defrin, amplió la información señalando que la ofensiva no se limitó a la capital. Las incursiones alcanzaron también dos instalaciones cruciales para la producción de misiles balísticos en las localidades de Parchin y Shahrud. En su alocución diaria, Defrin detalló que los bombardeos destruyeron fábricas de componentes explosivos para ojivas, plantas de motores de proyectiles y un complejo dedicado a la investigación y ensamblaje de misiles de crucero de última generación. A estos ataques se sumó la operación en el aeropuerto de Mehrabad, donde, según la versión israelí, fueron inutilizadas 16 aeronaves empleadas por la Fuerza Quds para abastecer de armamento al grupo chií libanés Hezbolá.
El corresponsal de guerra describe una situación igualmente convulsa en el Líbano, donde las tropas israelíes avanzan sobre el terreno mientras la aviación castiga posiciones enemigas. La aldea de Nabi Chit, en el Valle de la Bekaa, fue escenario de una incursión que se saldó con más de cuatro decenas de fallecidos. En este frente, Defrin fue tajante: «No renunciaremos al objetivo de desarmar a Hezbolá. Todas las opciones están sobre la mesa».
La respuesta de la Casa Blanca no se limitó a interpretar las disculpas iraníes como una rendición. El inquilino del Despacho Oval lanzó advertencias de una dureza extrema, calificando a Irán como «el perdedor de Oriente Medio» y anunciando que recibiría «un golpe muy duro». En un tono particularmente alarmante, sugirió que se están considerando nuevos objetivos que hasta ahora no habían sido contemplados, en referencia a lo que denominó «su destrucción total y muerte segura». Además, el mandatario estadounidense planteó la eventual posibilidad de desplegar tropas terrestres en territorio iraní con el propósito de tomar el control de las reservas de uranio enriquecido, una idea que describió como «fantástica».
En el frente diplomático, la relación con el Reino Unido también experimentó un notable enfriamiento. A través de su red social, Truth Social, el presidente estadounidense reprochó a Londres su demora en el envío de apoyo naval. «El Reino Unido, nuestro antiguo gran aliado, finalmente está considerando enviar dos portaaviones. No pasa nada, primer ministro Starmer, ya no los necesitamos, pero lo recordaremos», escribió el mandatario, en un mensaje que evidencia la tensión en la coalición occidental justo cuando las bajas comienzan a sentirse. Prueba de ello fue la ceremonia celebrada en la Base Aérea de Dover, donde el líder recibió los féretros de seis soldados caídos en Kuwait a causa de un ataque con dron, las primeras víctimas mortales estadounidenses en este conflicto.
Mientras tanto, en Teherán, el presidente Pezeshkian intentaba matizar su mensaje, asegurando que su país está muy lejos de la imagen de debilidad que pretende proyectar su adversario. «La idea de que Irán se rendirá incondicionalmente es un sueño que ellos se llevarán a la tumba», advirtió el mandatario persa, en un intento por restaurar la moral interna y proyectar una imagen de resistencia ante una comunidad internacional que observa con horror cómo el balance de víctimas civiles no deja de crecer, superando el millar en Irán y las dos centenas en el Líbano.
