El incremento del crudo y la actualización impositiva disparan los valores en los surtidores, mientras consultoras advierten sobre un posible impacto en la inflación de marzo que podría oscilar entre 0,3 y 1,1 puntos porcentuales según el grado de traslado a precios.
La escalada del petróleo en los mercados internacionales volvió a golpear el bolsillo de los conductores argentinos, materializándose en un nuevo salto en los combustibles que llevó a las versiones premium a cotizar por encima de los 2000 pesos en diversas estaciones de servicio del país. Este movimiento alcista encuentra su explicación en la confluencia de dos factores determinantes: la volatilidad que sacude al mercado energético global y la decisión gubernamental de aplicar una corrección parcial en la carga tributaria que grava estos productos.
Las crónicas provenientes del tablero petrolero mundial dan cuenta de sacudones significativos en la cotización del barril de crudo durante las últimas jornadas, con oscilaciones que reflejan tanto las crecientes tensiones geopolíticas en Medio Oriente como las especulaciones en torno a la evolución futura de la oferta energética planetaria. Este escenario de incertidumbre ya encontró su correlato local en las pizarras de los expendedores, que acumulan un encarecimiento cercano al 6 por ciento desde los últimos días de febrero, según revelan los registros sectoriales.
La transferencia de esta suba internacional a los valores domésticos se potencia con modificaciones en el esquema recaudatorio que inciden directamente en el monto final que abona el consumidor. Mediante la publicación del Decreto 116/2026, el Poder Ejecutivo resolvió implementar una adecuación acotada de los tributos que pesan sobre los combustibles líquidos y las emisiones de dióxido de carbono. Los cálculos privados coinciden en señalar que esta disposición agregó aproximadamente 18,45 pesos por cada litro de nafta, aunque aclaran que buena parte de los ajustes acumulados durante ejercicios anteriores continúan diferidos en el tiempo.
Los vericuetos del escenario inflacionario
La consultora Eco Go dedicó sus esfuerzos a desentrañar las posibles consecuencias que este fenómeno podría generar sobre los precios internos y el índice inflacionario. Su punto de partida lo constituye la estructura de costos vigente durante febrero, que determinaba un valor teórico de mercado para la nafta de 1592,6 pesos por litro, construido a partir de la ponderación de todos los componentes que intervienen en su formación.
Sobre esa base, el estudio disecciona diferentes hipótesis que podrían materializarse dependiendo del grado de transmisión del incremento internacional del petróleo y de las decisiones que adopte el oficialismo respecto a la política impositiva. El primero de los panoramas contempla una traslación moderada de la suba del crudo acompañada por una corrección fiscal acotada. Bajo este esquema, el litro de nafta treparía hasta los 1731,3 pesos, lo que representa una mejora del 8,7 por ciento respecto al mes anterior y agregaría aproximadamente 0,3 puntos porcentuales al costo de vida.
Una segunda alternativa, más gravosa, supone una transferencia más pronunciada del encarecimiento internacional. En tal caso, el combustible alcanzaría los 1853,6 pesos por litro, con una variación positiva del 16,4 por ciento y una incidencia potencial cercana a 0,6 puntos en el indicador inflacionario. La proyección más pesimista, empero, surge de combinar un traspaso íntegro del aumento del crudo con la actualización completa de todas las obligaciones tributarias postergadas. En esa coyuntura, el valor del litro podría escalar hasta los 2066,1 pesos, implicando un salto del 30 por ciento respecto a los guarismos de febrero y un aporte de 1,1 puntos porcentuales a la inflación mensual.
El documento elaborado por Eco Go subraya que «en un clima de alza del Brent y corrección parcial de los gravámenes a los combustibles tras el Decreto 116/2026 se abren distintos senderos para los precios en surtidor». Agrega el análisis que «con un pass-through limitado del Brent y una modificación impositiva restringida, el reajuste podría rondar el 9%, mientras que en una situación de convergencia total el incremento superaría el 29%, con una consecuencia inflacionaria próxima a 1,1%».
Sebastián Menescaldi, máxima autoridad de Eco Go, precisó que el encarecimiento ya comenzó a visualizarse en los expendios minoristas. «En nuestro seguimiento cotidiano, registramos una suba del 6% acumulada durante el mes en comparación con finales de febrero y anticipamos un efecto que podría ubicarse cerca de medio punto», detalló.
Tiempos de incertidumbre energética
Este movimiento en los precios de los carburantes sobreviene en una coyuntura donde las firmas especializadas ya proyectaban tensiones inflacionarias para el tercer mes del calendario. Después de registrar un 2,9 por ciento en enero y estimaciones similares para febrero, los pronósticos para marzo apuntaban a un nivel superior impulsado por ajustes en servicios públicos, transporte y alimentos. El encarecimiento de la energía aparece ahora como un componente adicional que podría exacerbar esa dinámica.
Gonzalo Guiraldes, socio de la consultora Audemus, prefiere ser cauteloso respecto al impacto definitivo que tendrá el petróleo sobre los precios domésticos. «Conviene aguardar unos días para confirmar si se concreta la presunción de que el conflicto bélico finalizará pronto. Y en caso de que continúe descendiendo, observar dónde encuentra su piso. En apenas una jornada experimentó un retroceso desde los USD 110 hasta casi USD 80», reflexionó el especialista.
Una perspectiva análoga planteó Claudio Caprarulo, director de Analytica, quien enfatizó que las consecuencias dependerán del nivel en que finalmente se estabilice la cotización global del crudo. «Debemos considerar dos dimensiones analíticas: por un lado, el incremento directo de los combustibles, cuyo aporte al encarecimiento general resulta más sencillo de cuantificar. Por otro lado, corresponde evaluar el encarecimiento de costos que esto representa para el conjunto de las actividades económicas», explicó.
La anatomía del precio final
El desglose de la estructura de costos de los combustibles permite comprender la incidencia de cada componente en el valor que enfrenta el consumidor. Según el relevamiento efectuado por Eco Go, el crudo aporta el 33 por ciento del precio en surtidor, mientras que los procesos de refinación explican el 12 por ciento. La carga tributaria específica representa un 22 por ciento adicional, en tanto que el IVA y los ingresos brutos suman otro 11 por ciento. El segmento restante corresponde a actividades de distribución, incorporación de biocombustibles y márgenes de comercialización.
Esta configuración evidencia con claridad los canales a través de los cuales las fluctuaciones del petróleo internacional se transfieren hacia la economía doméstica, aunque el resultado último depende tanto de las decisiones fiscales como de las estrategias que adopten las empresas petroleras. El informe preventivamente señala que el efecto podría magnificarse si la administración nacional resuelve avanzar con la actualización íntegra de los tributos diferidos durante los últimos períodos. De concretarse esa posibilidad, el salto en los combustibles trascendería el 29 por ciento y contribuiría con más de un punto porcentual al índice inflacionario mensual.
En las antípodas de ese escenario, un esquema de adecuaciones paulatinas acompañado por una absorción parcial del sacudón externo permitiría contener el traslado a precios minoristas. Esta opción, sin embargo, implicaría resignar ingresos fiscales y dejaría pendiente la discusión acerca del cronograma de normalización de los gravámenes energéticos, una controversia que lleva años sin encontrar solución definitiva en el país.
