Crece el malestar en el campo y le exigen a Milei una devaluación: «El dólar tendría que estar a $2500»

Crece el malestar en el campo y le exigen a Milei una devaluación: «El dólar tendría que estar a $2500»

El expresidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, encendió las alarmas al revelar que, pese al apoyo ideológico al Gobierno, los productores resguardan su cosecha en silobolsas por la desconfianza en el tipo de cambio actual. El dirigente advierte que el retraso cambiario beneficia a los especuladores pero hunde a las economías regionales.

En medio de la incertidumbre financiera que atraviesa el país, un nuevo frente de tensión se abre para la administración de Javier Milei. Esta vez, la presión proviene del corazón productivo de la Nación: el campo. Figuras de peso en el sector agropecuario comenzaron a manifestar su profunda inquietud por la política cambiaria, exigiendo al Ejecutivo que permita una flotación más realista de la divisa estadounidense para evitar el estrangulamiento de la producción.

Quien puso el tema sobre la mesa con dureza fue Eduardo Buzzi, ex titular de la Federación Agraria Argentina. En una entrevista con AM 650, el experimentado dirigente lanzó una frase que sacudió al sector: «Nadie le tiene confianza a este dólar en $1400 porque todos saben que tendría que estar en los $2500». Con esta declaración, Buzzi no solo reflejó una percepción generalizada entre los hombres del campo, sino que también expuso la contradicción que viven muchos de ellos: afinidad con las ideas liberales del Gobierno, pero un absoluto escepticismo respecto a la sostenibilidad de su plan económico.

«Coinciden en lo ideológico porque no quieren que vuelvan los peronistas, pero no confían en lo económico», sintetizó Buzzi, graficando el dilema de un sector que, aunque celebra el rumbo político, observa con lupa las variables que afectan directamente su rentabilidad. Según explicó, esta desconfianza se traduce en hechos concretos: los chacareros, incluso aquellos de mayor envergadura, resguardan su producción en silobolsas a la espera de una corrección en el tipo de cambio. «Venden solo lo necesario», aseguró.

El dirigente fue contundente al calificar la estrategia oficial respecto al dólar. Para Buzzi, la administración libertaria sostiene un valor de la moneda estadounidense artificialmente bajo, una herramienta que describió como un «dólar retrasado» cuya única finalidad es «facilitar el carry-trade y beneficiar a los especuladores financieros». Esta política, lejos de ayudar al aparato productivo, complica la competitividad de las economías regionales, que enfrentan una competencia desleal producto de la apertura de importaciones.

En ese sentido, el referente agrario puso un ejemplo paradigmático de la situación actual: «Los productores se ven afectados por la llegada de cítricos de Egipto. Resulta más barato traer peras de afuera». Esta realidad, según su visión, es la consecuencia de un modelo que describió como un «liberalismo cruel» que termina por «exterminar a los pequeños productores». Su diagnóstico sobre la política sectorial del Gobierno fue lapidario: «La política agropecuaria es patética para las economías regionales».

El drama silencioso de la ganadería

Pero las críticas de Buzzi no se limitaron al cultivo de granos. En declaraciones recientes al medio Ar12, el dirigente puso el foco en el preocupante retroceso que sufre la ganadería argentina. Contrariamente a lo que podría suponerse en un contexto de alta inflación, el problema no es la falta de precios, sino la contracción del rodeo nacional.

Buzzi reveló cifras que invitan a la reflexión: «Cuando estaba el mal gobierno de Alberto Fernández, que todos demonizan, había 51 millones de cabezas. Hoy hay 49 millones». Esta merma en el stock ganadero se produce en simultáneo con un incremento sostenido del valor de la carne en las góndolas, que ya supera los $20.000 por kilo, convirtiéndola en un producto cada vez más inaccesible para la mayoría de los argentinos.

El fenómeno, según explicó, responde a una reconfiguración del negocio: «El productor ganadero que resistió puede ganar unos pesos, pero con menos animales, más cara la carne, menos consumo doméstico y todo orientado a la exportación». De esta manera, el mercado interno queda relegado, los precios se disparan y la actividad primaria se reconfigura en un esquema que, de no mediar correcciones, amenaza con dejar definitivamente afuera a los pequeños y medianos criadores.

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