En un vibrante duelo de campeones, el equipo de Alejandro Medina no pudo quebrar el cero y cayó por la mínima diferencia frente al conjunto de Mauricio Pellegrino, prolongando su sequía de victorias en el estadio UNO.
La jornada dominical del fútbol argentino presentaba uno de los platos fuertes de la fecha en el legendario escenario de 1 y 57. El reciente monarca del Torneo Clausura y el flamante ganador de la Recopa Sudamericana se miraban frente a frente, prometiendo un espectáculo a la altura de sus pergaminos. Sin embargo, para el anfitrión, la noche concluyó con un amargo sabor a revancha postergada, al no poder sumar de a tres y extender su mala racha como local.
Desde el pitazo inicial, la contienda se manifestó con un ritmo frenético y una intensa disputa por el control del balón en la zona de gestación. La visita, lejos de amedrentarse por el rugido de las gradas colmadas, exhibió una elaboración quirúrgica de sus jugadas. La conexión entre sus piezas ofensivas más talentosas generaba peligro constante, amenazando con vulnerar el cerco defensivo local en cualquier momento.
Pasado el cuarto de hora, el conjunto dirigido por el estratega uruguayo logró equilibrar las acciones y comenzó a hacer sentir su peso en el terreno. La lucha en el centro del campo se volvió pareja, y el dueño de casa empezó a hilvanar sus propias aproximaciones gracias a la claridad de su mediocampista charrúa y la insistencia de su experimentado referente de área.
Antes del descanso, el marcador no se movió, pero las emociones no estuvieron ausentes. Un potente remate de media distancia de un defensor visitante pasó besando el palo, encendiendo las alarmas. Momentos después, el arquero del Granate se vistió de héroe al despejar con solvencia un par de disparos consecutivos que exigían su estirada. De esta manera, los protagonistas se fueron a los vestuarios con la sensación de un Pincha que había logrado recomponerse y exhibía una imagen superadora.
Con el inicio del segundo capítulo, la premisa del conjunto albirrojo fue clara: asfixiar al rival y encontrar la llave del arco contrario. La presión se hizo más intensa y el gol parecía flotar en el ambiente. El guardameta visitante se convertiría nuevamente en una muralla, ahogando el grito de gol en los pies de un delantero local que ya celebraba el 1-0.
Cuando el partido transcurría hacia un desenlace incierto y el local volcaba todos sus recursos al ataque, la visita encontró el premio a su paciencia. Una transición veloz, letal y precisa desnudó los espacios en el fondo platense. El recién ingresado extremo granate aprovechó un balón filtrado para definir con categoría ante la salida del portero, desatando la alegría de su parcialidad y sepultando las ilusiones de un Estadio UNO que terminó sumido en el silencio. El Pitazo final confirmó la caída por la mínima, dejando al «Cacique» Medina aún en busca de su primer triunfo en casa.
