Un empate con sabor a victoria para dos equipos que merecieron más

Un empate con sabor a victoria para dos equipos que merecieron más

Unión y Boca igualaron 1 a 1 en el Cementerio de los Elefantes, en un encuentro vibrante donde los arqueros se robaron todos los aplausos y las sensaciones finales fueron de ambición insatisfecha para ambos bandos.

La tarde santafesina se vistió de fieta grande para recibir uno de esos partidos que suelen dejar huella. Y vaya si lo hizo. Unión y Boca protagonizaron un verdadero espectáculo futbolístico que mantuvo en vilo a los espectadores hasta el pitazo final, en un duelo donde la emotividad se apoderó de cada rincón del estadio y los arqueros emergieron como figuras descollantes.

El conjunto local volvió a exhibir en varios pasajes del cotejo las virtudes que lo tienen instalado en la segunda posición detrás del líder Vélez, confirmando por qué se ha convertido en uno de los animadores más destacados del torneo. La escuadra dirigida por Cristian González mostró una sólida estructura defensiva, con una línea de fondo perfectamente coordinada que funcionaba como un bloque compacto, mientras que la circulación del esférico adquiría criterio y precisión en la zona de gestación.

La sociedad ofensiva del Tate encontró en Cuello, Pitón y Palacios un triángulo virtuoso que multiplicaba opciones con los laterales Vargas y Del Blanco, mientras que la dupla de ataque conformada por Tarragona y Estigarribia se multiplicaba en desplazamientos para facilitar la red de pases. Esta dinámica tan aceitada fue la antesala de la jugada que quebró el cero en el marcador, teniendo a Vargas como gran artífice: el lateral se escapó por el costado derecho, eludió la marca de Blanco y Costa, envió un centro hacia atrás que Palacios controló con maestría para luego girar y dejar sin reacción al guardavallas xeneize.

No constituyó una sorpresa mayúscula que ese Boca desdibujado, que apenas encontraba en Ascacibar un atisbo de reacción, se marchara al descanso en desventaja. El conjunto de la Ribera navegaba sin rumbo en aguas santafesinas, sin encontrar los caminos para vulnerar a un rival que se mostraba superior en cada faceta del juego.

Pero el complemento trajo consigo una metamorfosis radical. Los dirigidos por Diego Martínez encontraron en Paredes el faro que necesitaban, los laterales ganaron profundidad abriendo el campo, Unión comenzó a resquebrajarse en las marcas producto del lógico desgaste físico, y los atacantes boquenses empezaron a gravitar en zona de definición.

Lo que nunca perdió el conjunto santafesino fue esa muralla infranqueable custodiada por Mansilla. El guardameta local desplegó un repertorio de intervenciones memorables, con cuatro atajadas de altísimo vuelo que mantenían a su equipo con vida. Sin embargo, ni siquiera su enorme actuación pudo evitar la igualdad: primero Bareiro conectó una chilena espectacular que se estrelló en el poste, y luego Merentiel definió cruzado para establecer el empate. La decisión de Ubeda de reemplazar a Herrera por Ascacibar, quien arrastraba una amonestación, generó cierto asombro en las tribunas, aunque el correr de los minutos demostró que la modificación no resultó del todo negativa, pues el equipo logró adueñarse del esférico.

La visita estuvo cerca de consumar la remontada en múltiples ocasiones, gozando de situaciones propicias para inclinar la balanza. Pero cuando el reloj marcaba los instantes finales, los dueños de casa recuperaron la memoria futbolística del primer tiempo y sometieron a Marchesín a exigentes intervenciones. Sobre el cierre, Díaz, quien había ingresado por Estigarribia, dispuso de dos oportunidades inmejorables: en la primera remató cruzado con escasa puntería, y en la segunda, con el arco a su merced, conectó un cabezazo que se fue desviado para desesperación de la hinchada local.

El silbato final dejó una estela de sensaciones contrapuestas en ambos protagonistas, con la convicción íntima de que merecían quedarse con la totalidad de los puntos. Cuando las aguas se aquieten y el análisis en frío ocupe el lugar de la inmediatez emocional, seguramente terminarán por conceder que la paridad constituye un desenlace que refleja con bastante fidelidad lo acontecido durante los noventa minutos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *