La comunidad de San José Obrero está conmocionada por la repentina desaparición de Esmeralda Pereyra López, una infante de apenas dos años. Mientras un imponente operativo rastrea cada rincón de la ciudad, una pista inquietante cobra fuerza: un circo que se instaló en las inmediaciones levantó carpas y huyó del lugar apenas un par de horas después de que se perdiera su rastro.
El barrio San José Obrero, un sector humilde y tranquilo de la turística ciudad de Cosquín, en el corazón de Punilla, se transformó en las últimas horas en el epicentro de una angustia colectiva. La calma habitual de sus calles de tierra se vio violentamente interrumpida por el eco de los operativos policiales y el llanto desconsolado de una familia que busca respuestas. El motivo: la desaparición de una niña de dos años, identificada como Esmeralda Pereyra López, cuyo rastro se esfumó en la tarde del miércoles.
El reloj marcaba las 14:30 cuando, según el testimonio de su progenitora, la pequeña jugaba en el umbral de su vivienda, bajo la mirada distraída pero cercana de una rutina hogareña. Mientras su madre preparaba el almuerzo en el interior, un silencio repentino encendió la primera alarma. Al asomarse, la mujer descubrió con horror que su hija ya no estaba. Lo que siguió fue una búsqueda desesperada entre los vecinos, un grito que se propagó por el barrio y que, con el correr de las horas, escaló hasta convertirse en un caso de relevancia nacional que activó de inmediato el protocolo de Alerta Sofía.
La sombra de la carpa
Sin embargo, fue un detalle en particular el que transformó la desesperación en una sospecha punzante. A pocos metros del hogar de los Pereyra López, un circo había montado su estructura en los últimos días, prometiendo shows que, curiosamente, nunca llegaron a realizarse. La familia asegura que el espectáculo no ofreció ninguna función, lo que ya de por sí les resultó extraño.
La situación se tornó aún más siniestra cuando, al salir a la calle a buscar a Esmeralda, los familiares se toparon con una negativa rotunda por parte de los dueños del terreno circense. “No nos permitieron el ingreso para revisar si la nena estaba allí. Nos respondieron de mala manera, alegando que sin una orden judicial no podíamos pasar”, relató una tía de la menor, visiblemente quebrantada, en declaraciones a la prensa. Para la familia, aquella negativa fue una confirmación de sus miedos. “Esa instalación era una excusa, una fachada para hacer daño”, disparó la mujer con crudeza.
La hipótesis tomó mayor cuerpo cuando, casi en paralelo a la desaparición, los integrantes del circo decidieron desmontar rápidamente las carpas y abandonar la localidad. La fuga se produjo apenas dos horas después de que se perdiera la pista de la infante, un dato que encendió todas las alarmas y que fue puesto en conocimiento de las autoridades de inmediato. Aunque los primeros rastrillajes en la zona no arrojaron indicios sospechosos, la línea de investigación que apunta a los feriantes sigue vigente y es la que concita mayor atención entre los allegados a la víctima.
Una búsqueda contrarreloj y críticas vecinales
Mientras la teoría del circo toma fuerza en la esfera íntima de la familia, en el terreno, el Estado provincial desplegó una maquinaria de búsqueda de gran envergadura. La Fiscalía del Fuero Múltiple de Cosquín, liderada por Silvana Pen, informó que desde la tarde del miércoles se movilizó un contingente que supera los 90 efectivos, pertenecientes a distintas divisiones de la Policía de Córdoba.
Los rastrillajes se concentran en el perímetro cercano al domicilio de la niña, pero también se extienden a zonas descampadas y caminos alternos. La tecnología se puso al servicio del operativo: drones equipados con cámaras de detección térmica sobrevuelan la zona en busca de algún calor corporal que pueda delatar la presencia de la pequeña, mientras que la división de canes rastrea el terreno con la esperanza de hallar un olor que reconduzca la pista.
Paralelamente, los investigadores trabajan contrarreloj en el análisis de las celdas telefónicas que operaron en la zona en el momento de la desaparición y en el minucioso escrutinio de las grabaciones de las cámaras de seguridad, tanto las públicas como las de domicilios particulares. La justicia, mientras tanto, mantiene un hermetismo absoluto bajo secreto de sumario para no entorpecer las pesquisas.
En las calles de Cosquín, la conmoción se mezcla con un creciente malestar. A través de las redes sociales, los vecinos han comenzado a alzar la voz no solo para pedir la difusión masiva de la imagen de Esmeralda —a quien describen como de tez trigueña y cabello castaño claro, vestida con un body gris de mangas largas y sin calzado al momento de su desaparición—, sino también para cuestionar la actuación de las fuerzas de seguridad en los primeros momentos de la crisis. Un habitante de la ciudad expresó con enojo su desconcierto: “Durante horas, las entradas y salidas de Cosquín estuvieron sin ningún tipo de control policial. No se revisó nada, no se cortaron rutas. Fue una oportunidad perdida”.
Un llamado a la solidaridad nacional
Ante la gravedad de la situación, el Ministerio de Seguridad de la Nación hizo eco del pedido de colaboración y solicitó la ayuda de toda la ciudadanía para dar con el paradero de la menor. La activación de la Alerta Sofía, un mecanismo diseñado para casos de alto riesgo inminente donde la vida de un niño o adolescente corre peligro, subraya la extrema vulnerabilidad del caso.
Cualquier dato, por mínimo que parezca, puede ser crucial. Las autoridades han habilitado los teléfonos de la Unidad Judicial de Cosquín para recibir información de forma directa: 3541-454985, 3541-454010 y las líneas internas 56801, 56802 y 56803. En cada uno de esos números late la esperanza de una familia y de un país que, con el corazón en vilo, espera reencontrarse con Esmeralda.
