Boca quebró su sequía como local ante un Instituto que no pudo con la furia xeneize

Boca quebró su sequía como local ante un Instituto que no pudo con la furia xeneize

Tras un arranque dominante que se diluyó con el correr del primer tiempo, el conjunto dirigido por Diego Úbeda encontró en una ráfaga de cinco minutos del complemento los dos tantos que le permitieron cortar una racha adversaria en La Bombonera. La ansiedad inicial, los silbidos a los laterales y una zozobra final por un gol anulado al visitante y la lesión del arquero titular fueron parte de una noche que terminó en desahogo.

El apremio por volver a sumar de a tres impulsó al conjunto de Diego Úbeda a asumir el control de las acciones desde el silbato inicial, valiéndose de la tenencia del esférico y la constante circulación de sus volantes. Aquel arranque sugería un vendaval sobre el adversario cordobés, aunque con el transcurso de los minutos esa superioridad comenzó a esfumarse hasta desdibujarse por completo. Lo que en los primeros compases parecía una avalancha se transformó en un espejismo: el dueño de casa ya no ejercía su hegemonía y, para colmo, la Gloria se animó a abandonar su refugio defensivo para merodear con creciente audacia las inmediaciones del arco custodiado por Agustín Marchesín.

Es una constante que, cuando el elenco de la ribera no logra transmitir certezas a través de su fútbol, el descontento de las gradas se desata ante cada imprecisión. Durante la etapa inicial, los principales blancos de la ira popular fueron los carrileros. Tanto Marcelo Weigandt como Lautaro Blanco ofrecieron escasas seguridades en sus labores de marcaje y tampoco supieron aprovechar las ocasiones para proyectarse en ataque, convirtiéndose así en receptores de los reclamos airados de los espectadores. El primer período transcurrió, de esta manera, con escaso atractivo en ambas porterías, dejando un desarrollo falto de emociones que merecieran ser resaltadas.

La dinámica del encuentro experimentó una mutación abrupta tras el receso. Boca salió con una voracidad renovada, asfixiando desde los primeros instantes, y en dos ocasiones el balón se estrelló contra los postes, gracias a disparos de Miguel Merentiel y Lucas Bareiro. Esas acciones funcionaron como un presagio de lo que sobrevendría instantes después. En un lapso de apenas cinco minutos, el anfitrión estampó dos conquistas que desataron la euforia. El joven Brian Aranda, con un remate cruzado de derecha, inauguró su cuenta personal y desató el primer estallido; luego, Bareiro, de media vuelta y dentro del área chica, amplió la ventaja. El segundo tanto requirió la intervención del VAR ante una sospecha de fuera de juego, pero la revisión confirmó que la habilitación era reglamentaria.

Las tensiones del comienzo se disiparon en ese lapso, y el júbilo se apoderó de cada rincón del estadio. Si bien el rendimiento colectivo distaba de ser deslumbrante, resultó suficiente para que el equipo recuperara la senda del triunfo después de cinco presentaciones sin hacerlo en su propio feudo. No obstante, la calma y la distensión son estados esquivos en este universo, y un tanto anulado a Instituto volvió a sembrar la inquietud. El alivio llegó cuando el VAR terminó por invalidar la celebración de Damián Lázaro, aunque la preocupación pronto cambió de eje con la inesperada lesión de Marchesín, quien debió ceder su puesto a Leandro Brey. El joven arquero mostró algunas intervenciones dubitativas que estuvieron cerca de ser aprovechadas por los cordobeses, quienes merodearon el descuento con insistencia.

Finalmente, el gol del empate parcial nunca se concretó, y el xeneize pudo reencontrarse con el éxito. Con el horizonte de su próxima incursión en la Copa Libertadores cada vez más cercano, este impulso anímico parece allanar el camino y despejar los interrogantes que pesaban sobre el equipo.

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