Los delegados de ATE Luis Díaz y Jonathan Chocobar advirtieron desde la terminal portuaria fueguina que “el hilo está muy fino” y no descartan medidas de fuerza inminentes ante la creciente incertidumbre que afecta la estabilidad laboral y económica de más de un centenar de empleados.
En un clima de creciente hostilidad y desamparo, los representantes gremiales de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) se apostaron a las puertas del Puerto de Ushuaia para visibilizar una situación que, según sus propias palabras, se encuentra al borde del estallido. Luis Díaz y Jonathan Chocobar, en diálogo con el medio AIRE LIBRE FM, expusieron el crítico escenario que atraviesan desde el pasado 21 de enero, fecha en que comenzaron las protestas contra la medida gubernamental.
El origen del conflicto reside en la intervención dispuesta por el gobierno nacional, una decisión que, de acuerdo con los delegados, ha vedado el acceso a sus puestos laborales a aproximadamente ochenta operarios. Esta franja de trabajadores permanece sumida en una profunda incertidumbre, sin respuestas claras sobre su futuro inmediato ni sobre la continuidad de sus fuentes de ingreso. Uno de los voceros sindicales lanzó una advertencia que resonó con especial crudeza: “el hilo está muy fino y los trabajadores podemos hacer cualquier cosa”, una frase que sintetiza el grado de desesperación y fragilidad emocional que padece el colectivo.
Los dirigentes sindicales fueron contundentes al detallar el alcance de la exclusión. ATE se halla completamente marginado del ámbito portuario, una situación que afecta a casi 80 empleados, aunque en términos globales la cifra asciende a 140 trabajadores si se incluye al personal del Puerto Río Grande. La problemática se agrava por una cuestión financiera central: la retención de los fondos, los cuales están siendo derivados hacia una cuenta perteneciente a la administración nacional. Esta maniobra ha obligado a los trabajadores a subsistir con los ahorros acumulados previamente, recursos que estaban destinados a obras de infraestructura y que ahora se consumen aceleradamente, como advirtieron, “a contrarreloj”.
La lucha continuará hasta que cada empleado recupere su puesto, sentenciaron los delegados, quienes denunciaron un avasallamiento de derechos desde el mismo instante en que se decretó la intervención. Señalaron que, al impedírseles prestar sus servicios, se les ha negado la posibilidad de generar sus propios salarios en un puerto que, por naturaleza, es autárquico y recaudador. La angustia no es menor cuando se pone el foco en las consecuencias personales: “Hay compañeros que están enfermos, que la están pasando mal, que no saben qué va a pasar con su vida de acá en adelante”, lamentaron, subrayando el impacto directo sobre la estabilidad vital, económica y familiar de los afectados.
En un tramo especialmente sensible de su exposición, los dirigentes reivindicaron la identidad del puerto como un bien perteneciente a la provincia, un lugar soberano que nos pertenece a todos, más allá de la plantilla laboral. Insistieron en su carácter de enclave estratégico geopolítico que, hoy, a su juicio, está siendo objeto de un vaciamiento sistemático. Denunciaron además una complicidad tácita entre la Prefectura Naval, el gobierno nacional y ciertos actores políticos locales, y lanzaron un emplazamiento directo a las autoridades provinciales: “Que intervenga de una vez por todas, que deje de hacer política”, porque los trabajadores han quedado atrapados en el medio de esta disputa, sin saber qué desenlace les espera.
El mensaje final de los delegados no dejó espacio para eufemismos. “El hilo está muy, pero muy fino”, repitieron como advertencia última. Insinuaron que la paciencia del sector podría agotarse en cualquier momento y que las acciones podrían dirigirse hacia la Legislatura o el propio puerto, aunque evitaron precisar detalles. Dejaron en claro, eso sí, que no se trata de un reclamo gremial convencional: “No estamos reclamando algo para nosotros”, aclararon, sino algo más elemental y primario: trabajo. La situación, concluyeron, es límite.
