Tras medio siglo, la mirada humana vuelve a deslumbrarse ante el ocaso de la Tierra desde la otra cara de la Luna

Tras medio siglo, la mirada humana vuelve a deslumbrarse ante el ocaso de la Tierra desde la otra cara de la Luna

La tripulación del Artemis II, integrada por tres astronautas de la NASA y un representante de la agencia canadiense, capturó una secuencia fotográfica sin precedentes durante su retorno del satélite. Entre las imágenes, una “puesta de Tierra” emerge como un eco moderno de aquel “Earthrise” que hace 58 años transformó la percepción del planeta.

En las últimas horas, los protagonistas de una de las gestas espaciales más aguardadas del siglo siguieron sumando páginas de gloria a su bitácora. Durante el sobrevuelo a la cara oculta de la Luna, el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista Christina Koch —todos ellos pertenecientes a la agencia estadounidense— junto al canadiense Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, consiguieron obtener una impactante colección de retratos astronómicos destinados a perdurar en los anales de la exploración. Entre todos esos registros, uno logró sobresalir con luz propia: un fenómeno visual bautizado como “puesta de Tierra”, una suerte de atardecer planetario que reemplaza al sol por nuestro propio hogar, ocultándose lentamente tras el áspero horizonte lunar. Esta composición evoca, de manera ineludible, a la legendaria postal “Earthrise” (Amanecer de la Tierra) que el astronauta Bill Anders inmortalizó hace 58 años durante la misión Apolo 8, la primera expedición tripulada en circundar el satélite. Aquella antigua imagen fue distinguida en 2003 por la revista Life como una de las “cien fotografías que modificaron la comprensión del mundo”.

La instantánea, tomada a través de los ventanales de la cápsula Orión en el momento en que la nave iniciaba el trayecto de regreso hacia el planeta, revela una Tierra de tenue coloración azulada y nubes resplandecientes que se sumergen detrás del accidentado y craterizado horizonte lunar. En el primer plano de la composición se distingue con nitidez el cráter Ohm, una formación geológica compleja caracterizada por bordes escalonados y elevaciones centrales en forma de pico, originadas por el impacto de un meteorito y la posterior solidificación del material fundido del suelo lunar.

Durante esta travesía, la nave Orión alcanzó una distancia máxima de 406 mil 770 kilómetros respecto de la Tierra, instaurando un nuevo récord de alejamiento para cualquier misión tripulada de la historia. El anterior récord pertenecía al Apolo 13, que despegó en 1970 y fue superado por un margen ligeramente superior a los 6 mil kilómetros. Este hito reciente simboliza el renacer estadounidense en los programas de vuelos espaciales con tripulación humana, un acontecimiento que la NASA celebró con entusiasmo y que mereció incluso una felicitación telefónica por parte de Donald Trump. El exmandatario expresó a los astronautas que habían “llenado de orgullo” a toda la nación.

En su fase de máxima aproximación a la superficie lunar, los expedicionarios se situaron a apenas 6 mil 500 kilómetros del suelo del satélite, lo cual facilitó la obtención de detalles de altísima precisión sobre la geografía del denominado lado oscuro. Los predecesores del Apolo 8, en cambio, habían volado a tan solo 100 kilómetros de altitud, gozando así de una perspectiva muy diferente para sus propias capturas fotográficas. Cuando la cápsula se deslizó detrás de la Luna, la tripulación perdió toda comunicación con el centro de control de la NASA en Houston durante un lapso de 40 minutos, ya que el satélite se interpuso por completo entre la nave Orión y la Tierra. A pesar de esa desconexión, los astronautas aprovecharon para informar a los controladores sobre ciertos matices cromáticos percibidos a simple vista, detalles que contribuirán a enriquecer el conocimiento científico del entorno lunar, pues los tonos pardo y azulados que se tornan visibles desde corta distancia ayudan a descifrar la composición mineral característica del terreno y a estimar su antigüedad.

La misión Artemis II había despegado el miércoles anterior desde Cabo Cañaveral, en Florida, con un plan de diez días de duración que significó el regreso del ser humano a la órbita lunar después de un intervalo superior a cincuenta años. En una comunicación oficial transmitida desde el espacio, la astronauta estadounidense Christina Koch, primera mujer en sobrevolar la Luna, declaró con firmeza: “Volveremos”. Y añadió, con una dosis de poesía: “Seremos una fuente de inspiración, pero siempre elegiremos la Tierra”.

Jim Lovell, uno de los integrantes de aquella mítica tripulación del Apolo 8 que partió de este mundo en agosto de 2025, dejó un mensaje póstumo para los viajeros del Artemis II. “Este es un día histórico, y sé lo ocupados que estarán, pero no olviden disfrutar del espectáculo”, les recomendó. Se prevé que Wiseman, Glover, Koch y Hansen americen junto a la cápsula Orión el próximo viernes en las aguas costeras de California.

Apuntes y vivencias desde la órbita

Una vez completados esos 40 minutos de circunnavegación lunar, los protagonistas compartieron algunas de sus impresiones más vívidas. “Divisamos un cráter doble hermosísimo. Tiene la apariencia de un muñeco de nieve”, relató el piloto Victor Glover, quien se convirtió en el primer astronauta afrodescendiente en participar en una misión de esta naturaleza. No obstante, Glover se apresuró aclarar que “resulta realmente difícil de describir. Es algo increíble”. Todos los miembros de la expedición pudieron presenciar un amanecer, un atardecer e incluso un eclipse en el que la Luna bloqueó la luz solar, una vivencia que Glover calificó como propia de la ciencia ficción.

Jenni Gibbons, una astronauta canadiense que mantuvo comunicación con la tripulación desde el Centro de Control de Misiones de la NASA, ubicado en Texas, reveló el lunes pasado que los viajeros lograron ver regiones de la cara oculta de la Luna que “jamás habían aparecido iluminadas durante las misiones Apolo”. Tras ese avistamiento inédito, los propios tripulantes solicitaron bautizar dos cráteres del satélite natural: uno llevará el nombre de Integrity, en honor a la nave, y el otro será llamado Carroll Taylor Wiseman, como un tributo a la difunta esposa del comandante de la misión Artemis II.

De cara al futuro, la agencia espacial estadounidense proyecta otra misión de similares características para el año 2027. Si el próximo año también se cosechan resultados exitosos, la NASA podría dar luz verde a un nuevo viaje espacial en 2028, el cual significaría nada menos que el retorno de la humanidad a pisar la superficie lunar después de décadas de ausencia.

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