Fracaso en Islamabad: Vance regresa sin pacto con Irán mientras Trump menosprecia las negociaciones

Fracaso en Islamabad: Vance regresa sin pacto con Irán mientras Trump menosprecia las negociaciones

El vicepresidente estadounidense presentó la “última y más generosa propuesta” a la delegación iraní, pero la ausencia de un compromiso firme sobre el desarme nuclear truncó el primer encuentro directo en suelo pakistaní. Mientras Teherán insiste en incluir al Líbano en cualquier tregua, la Casa Blanca anticipa que la guerra ya está ganada.

En un desenlace que no sorprendió a los observadores más avezados, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, confirmó este domingo su regreso a territorio estadounidense sin haber logrado sellar un acuerdo de paz con Irán, pese a haber depositado sobre la mesa lo que calificó como la “propuesta definitiva y más beneficiosa” para la República Islámica. La declaración tuvo lugar durante una escueta conferencia de prensa brindada en Islamabad, capital pakistaní que el sábado fue escenario del arranque de las conversaciones directas entre ambas potencias, mediadas por autoridades locales.

“Emprendemos el viaje de vuelta a Estados Unidos sin conseguir un pacto”, afirmó Vance con tono mesurado pero firme. Y agregó: “Nos retiramos de esta sede con una iniciativa muy simple, una perspectiva que constituye nuestra oferta final y mejorada. Ahora será el turno de los iraníes de decidir si la aceptan”. El número dos del gobierno estadounidense lamentó en particular la falta de un “compromiso sólido” por parte de la delegación de Teherán para desmantelar de manera verificable su programa de armamento atómico.

La cita en Islamabad representó la primera ocasión en que diplomáticos de Irán y Estados Unidos se sentaron frente a frente desde el recrudecimiento del conflicto bélico que mantiene en vilo a toda la región del Golfo Pérsico. A lo largo de la jornada, cada una de las partes se reunió por separado con altos funcionarios paquistaníes, que ejercieron como facilitadores, antes de celebrar un encuentro trilateral. Sin embargo, el clima de expectativa inicial se fue disolviendo conforme avanzaban las horas sin que surgieran gestos concretos de acercamiento.

Pese al fracaso declarado por la administración republicana, la radiotelevisión estatal iraní (IRIB) difundó informaciones que apuntaban en dirección opuesta. Según una fuente cercana a la representación persa, en las horas posteriores a la ruptura de las conversaciones se produciría una nueva ronda de contactos técnicos. Esta versión cobró fuerza al conocerse que las delegaciones se encontraban ya intercambiando las minutas de lo discutido. Un portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, llegó incluso a afirmar que ambas partes se mostraban “optimistas respecto al fruto de los debates”, y remarcó que su país había transmitido a los mediadores pakistaníes la exigencia de que el cese de las hostilidades debe ser “genuino” y extensivo al territorio libanés.

Mientras tanto, el presidente Donald Trump irrumpió en la escena mediática para restar importancia a cualquier resultado que pudiera surgir de Islamabad. En declaraciones a la prensa, el mandatario sentenció que le era indiferente alcanzar o no un acuerdo porque, a su juicio, Estados Unidos “ya había ganado la guerra de cualquier manera”. Trump también aseguró que la Marina estadounidense procedería a reabrir el estratégico Estrecho de Ormuz, una vía marítima vital para el comercio energético mundial. Horas antes, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) había informado que dos buques de guerra habían atravesado el estrecho con el propósito de neutralizar minas colocadas por las fuerzas iraníes.

La respuesta de Teherán no se hizo esperar. El portavoz del Comando General Central Jatam al Anbia, coronel Ebrahim Zolfagari, desmintió categóricamente la versión estadounidense sobre la incursión naval. Y desde la Guardia Revolucionaria Islámica se lanzó una amenaza explícita: “Cualquier intento de embarcaciones militares de cruzar el Estrecho de Ormuz será enfrentado con severidad”. La Guardia recordó además que tiene plena autoridad para gestionar de manera inteligente esa ruta.

A pesar de la insistencia iraní para que el Líbano quede bajo el paraguas de una eventual tregua, la violencia no cesó en el país de los cedros. El sábado mismo, nuevos bombardeos israelíes sacudieron distintas zonas del sur libanés. El Ministerio de Salud de Líbano reportó al menos 18 víctimas fatales, entre ellas tres socorristas, y decenas de heridos. El departamento elevó a 2.020 los mártires y a 6.436 los lesionados desde el inicio de las hostilidades el pasado 2 de marzo, y advirtió que todas estas violaciones están siendo documentadas para futuras demandas internacionales.

En ese contexto de máxima tensión, Pakistán se limitó a dar cuenta escuetamente del desarrollo de las conversaciones. Una fuente diplomática local detalló que el diálogo directo entre las delegaciones comenzó a las 16:55 hora local, se extendió hasta cerca de las 19:00, hizo una pausa para la oración y luego se reanudó, interrumpido únicamente por una cena de trabajo entre los equipos negociadores. La delegación estadounidense estuvo encabezada por el vicepresidente Vance, acompañado por el enviado especial para misiones de paz, Steve Witkoff, el asesor Jared Kushner —yerno del presidente—, y un nutrido grupo de expertos. Por la parte iraní, el liderazgo recayó en el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, y el canciller Abás Araqchí.

De este modo, la primera cumbre directa entre Washington y Teherán en Islamabad concluyó sin los laureles del entendimiento, dejando abierta la incógnita sobre si la “oferta final” estadounidense encontrará algún día receptividad en la República Islámica o si, por el contrario, el fragor de los cañones seguirá imponiéndose a la razón diplomática.

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