El tábano Cavallo desnuda al “trader” Caputo y Milei remata con furia el legado de los noventa

El tábano Cavallo desnuda al “trader” Caputo y Milei remata con furia el legado de los noventa

Lo que comenzó como un intercambio técnico entre economistas derivó en una trifulca de alto calibre. El creador de la convertibilidad cuestionó la falta de fundamentos teóricos del actual titular del Palacio de Hacienda, mientras el Presidente eligió el fragor de las redes para ejecutar un ajuste de cuentas histórico contra el hombre que suele ser venerado por la misma ortodoxia que hoy lo repudia.

En el ojo de la tormenta social que sacude a la Argentina bajo el modelo promovido por la administración libertaria, una fractura profunda se abrió paso en el seno de la propia ortodoxia económica. Lo que en un principio aparentaba ser un árido debate de recomendaciones técnicas se transformó en un escándalo mayúsculo dentro de las plataformas digitales, con acusaciones cruzadas que dejaron al desnudo las tensionas acumuladas entre el ministro de Economía, Luis Caputo; el presidente Javier Milei; y el otrora ministro Domingo Cavallo.

La chispa que encendió la pradera llegó de la mano de Cavallo, el artífice del régimen de convertibilidad cuyo desenlace fue el estallido de 2001. El exfuncionario, a quien los círculos liberales aún consultan con veneración como si de un oráculo se tratara, no exhibió piedad alguna hacia el actual inquilino del Palacio de Hacienda. En un comentario que rápidamente se volvió viral, Cavallo definió a Caputo como un simple “trader”, un especulador de corto plazo. “No tiene ninguna teoría”, sentenció el exministro. “Enfoca por un lado y, si no le resulta, va por el otro”. Con esa frase punzante, Cavallo denunció la ausencia de un programa integral y redujo la gestión de su sucesor a una serie de maniobras financieras efímeras, propias de un operador de mercado más preocupado por la inmediatez que por la solidez estructural.

La reacción de Caputo no se hizo esperar y llegó cargada de un veneno que apuntó directamente al prontuario personal de su crítico. “Estimado Mingo, si hay resentimiento, tratá que no se note”, lanzó el ministro a través de su cuenta en la red social X, en un intento por instalar la idea de que las palabras de Cavallo nacían más de la amargura que del análisis riguroso. Pero el actual funcionario no se limitó a la descalificación subjetiva: decidió hurgar en las heridas históricas que aún supuran en la memoria colectiva. Caputo le recordó a Cavallo que, en su momento, frente a una coyuntura económica “mucho más sencilla de solucionar” que la actual, el exministro terminó imponiendo un cerrojo feroz a los depósitos bancarios —el célebre corralito— y concibió el “siniestro impuesto al cheque”. En una escalada retórica de alto voltaje, el funcionario acusó a Cavallo de haber hecho “un culto de violar la propiedad privada, generando una desconfianza en la gente que seguimos purgando hasta hoy”.

Sin embargo, el golpe de gracia no lo asestó Caputo sino el propio presidente Javier Milei, quien decidió sumergirse en la contienda digital con el objetivo explícito de despegarse del legado de los años noventa, a pesar de que buena parte de sus funcionarios más cercanos bebió directamente de esa escuela económica. El mandatario fue lapidario. Al analizar la gestión de Cavallo, Milei recurrió a la voz de otro economista, Felipe Nuñez, para sentenciar: “El modelo de tu tocayo contiene expropiaciones masivas”. A renglón seguido, el jefe de Estado enumeró —sin ambages ni concesiones— lo que a su juicio constituyen los pecados capitales de “Mingo” Cavallo: la exigencia del plan Bonex, la imposición de préstamos forzosos a través de las AFJP y el ya mencionado “manoteo” de los ahorros populares con el corralito de 2001. Milei también le endilgó al exministro el aumento del IVA, la creación del tributo al cheque y la nacionalización de la deuda privada, y calificó la totalidad de ese proceso como “décadas de violación sistemática a la propiedad privada”. Con esa frase, el Presidente no solo reivindicó un relato más extremo que el de su propio ministro, sino que dejó en claro que, en la nueva ortodoxia libertaria, la figura de Cavallo ya no es un prócer sino un anatema.

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