El Índice de Precios al Consumidor mostró una leve pausa tras diez meses consecutivos de escalada, aunque la interanual trepa al 32,4%. Transporte, educación y tarifas eléctricas lideraron los aumentos, mientras que los alimentos moderaron su avance sin lograr contener la erosión del poder adquisitivo.
El ritmo de los precios al consumidor en Argentina registró durante abril una desaceleración moderada que interrumpió una racha de diez meses consecutivos de ascensos ininterrumpidos, según el último relevamiento del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). La variación mensual se ubicó en el 2,6%, un porcentaje inferior al observado en marzo previo, aunque el dato no alcanza para calmar las alarmas en los hogares ni en las proyecciones oficiales. En efecto, el índice de precios al consumidor acumula en lo que va del año un incremento del 12,4%, una cifra que ya sobrepasa holgadamente la estimación que el gobierno de Javier Milei había incluido en el proyecto de Presupuesto para la totalidad del ejercicio 2026. A su vez, la medición interanual escaló hasta el 32,4%, evidenciando la profundidad de la remarcación en un lapso de doce meses.
El informe oficial destaca que la ralentización del Índice de Precios al Consumidor (IPC) durante abril se apoyó principalmente en una cierta moderación de algunos bienes, particularmente dentro del rubro de Alimentos y bebidas no alcohólicas, que experimentó un alza del 1,5%, quedando así por debajo del promedio general. El gobierno nacional procuró presentar ese comportamiento como un indicador positivo después de varios meses de tensiones sobre la canasta básica. Sin embargo, el respiro en la góndola no alcanza para compensar el fuerte empuje de los servicios regulados y otros sectores sensibles del gasto cotidiano. La división que más contribuyó a la variación mensual fue Transporte, con un salto del 4,4%, explicado fundamentalmente por la suba en los combustibles. Le siguió Educación, con un avance del 4,2%, mientras que Comunicación trepó un 4,1% y Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentaron un 3,5%.
En términos desagregados, el organismo estadístico señaló que “los precios Regulados (4,7%) tuvieron el mayor incremento debido al aumento de transporte y electricidad”. En segundo peldaño se ubicó el IPC núcleo —que excluye tanto los precios regulados como los estacionales y sirve como termómetro de la dinámica más persistente de los precios—, con una progresión del 2,3%, empujada sobre todo por los alquileres de vivienda y gastos conexos, así como por el rubro de restaurantes y comidas fuera del hogar. La persistencia de esa cifra, aún en un contexto de desaceleración general, revela que la economía argentina conserva una inercia inflacionaria significativa.
La estructura del gasto de los hogares ha mutado de manera drástica durante el último año, especialmente tras la fuerte recomposición de tarifas y combustibles instrumentada por la administración nacional como parte de su política de reducción de subsidios y ajuste fiscal. Ese fenómeno golpea con particular crudeza a los sectores de ingresos medios y a los trabajadores, que destinan una porción creciente de sus salarios al pago de servicios esenciales. El propio informe del INDEC subrayó que las divisiones con mayor incidencia en la variación mensual fueron “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles en el Gran Buenos Aires por aumento en alquileres y en electricidad” y Transporte en las regiones de Cuyo y Patagonia. De este modo, la desaceleración del índice general convive con fuertes aumentos en segmentos nodales de la vida diaria, un signo que el oficialismo vuelve a presentar como un éxito en la reducción del ritmo inflacionario, aunque los datos acumulados y las proyecciones superadas ya dibujan un escenario complejo para el resto del año.
