En un vibrante duelo disputado en el Coloso Marcelo Bielsa de Rosario, el conjunto de Avellaneda quebró la resistencia de Unión gracias a dos conquistas extraordinarias ejecutadas desde el balón detenido. Santiago Montiel, familiar del flamante campeón mundial, y Maximiliano Gutiérrez, reciente citado a la selección trasandina, firmaron los tantos que mantienen vivo el sueño rojo de romper una sequía de títulos locales que se extiende por más de dos décadas.
En una noche que quedará grabada en la memoria de los seguidores del conjunto de Avellaneda, el conjunto dirigido por Gustavo Quinteros selló su boleto a los octavos de final de la Copa Argentina tras imponerse por dos tantos contra cero ante Unión de Santa Fe. El escenario del triunfo fue el imponente Coloso Marcelo Bielsa de Rosario, donde el público fue testigo de dos ejecuciones magistrales desde el tiro libre que terminaron por derribar la resistencia del adversario santafesino.
El primer acto de esta obra de precisión quirúrgica llevó la firma de Santiago Montiel. Este veloz extremo de veinticinco años, cuyo parentesco con el lateral derecho que alzó la copa del mundo en Qatar 2022 resulta ineludible, demostró que la calidad en la ejecución corre por las venas familiares. Surgido de las divisiones formativas de River Plate, Montiel arribó a Argentinos Juniors en condición de agente libre para estrenarse en la máxima categoría durante 2023. A mediados del año pasado, el futbolista puso rumbo al Rojo, y con el espectacular gol de falta convertido en la jornada de viernes, ya acumula catorce celebraciones con la camiseta del club de Avellaneda.
La segunda dosis de exquisitez desde el balón quieto llegó mediante el pie de Maximiliano Gutiérrez. Este mediocampista, que en las horas previas al compromiso recibió la grata noticia de su convocatoria a la selección de Chile para los encuentros amistosos ante Portugal y la República Democrática del Congo, se ha ganado un lugar indiscutible en el esquema de Quinteros desde su incorporación proveniente de Huachipato. Su remate imparable desde el costado izquierdo del área dejó sin opciones al arquero rival y desató la algarabía en las filas de Independiente.
El partido no fue sencillo para el ganador durante los primeros compases. Unión había comenzado el encuentro con una actitud valiente, generando situaciones claras de peligro frente al arco custodiado por Rodrigo Rey. Sin embargo, el destino del expediente se inclinó de manera brusca cuando Maizon Rodríguez, defensor del Tatengue, vio la cartulina roja antes del descanso. La inferioridad numérica complicó severamente a un conjunto santafesino que, hasta ese instante, había mostrado un rendimiento más que aceptable. A partir de allí, el dominio de Independiente se hizo más evidente, aunque fue necesario esperar la aparición de la pegada excelsa de sus ejecutantes para desnivelar definitivamente la balanza.
Con este resonante triunfo, el Rojo no solo avanzó en el certamen integrador más importante del fútbol argentino, sino que además definió su próximo desafío en la instancia de octavos de final. El adversario será Atlético Tucumán, el Decano, que llega a esta fase después de una aplastante goleada por tres tantos contra cero ante Talleres de Córdoba. La ilusión crece en el seno del conjunto de Avellaneda, que sueña con conquistar por primera vez en su historia este trofeo y, al mismo tiempo, anhela volver a abrazar un campeonato de carácter local después de veinticuatro largos años de espera. La última vez que el equipo pudo celebrar una estrella en el ámbito doméstico fue en el Torneo Apertura del año 2002, y este triunfo ante Unión alimenta la esperanza de que aquella sequía pueda llegar a su fin.
