El estadio Mario Alberto Kempes será el escenario donde, desde las 15:30, el Millonario y el Pirata dirimirán la final de la Liga Profesional. Mientras el conjunto de Núñez busca su estrella número 39 en torneos domésticos para cortar una sequía de dos años, el elenco cordobés sueña con bordar por primera vez en su historia la máxima corona del fútbol argentino, en un duelo donde la ansiedad y la adrenalina ya comenzaron su propio monólogo interno.
La espera ha concluido. El duelo decisivo de la Liga Profesional de Fútbol Argentino echará a andar este domingo, desde las 15:30, en la provincia mediterránea, más precisamente en el emblemático escenario que lleva el nombre de Mario Alberto Kempes. Allí, las ilusiones de dos monumentos del deporte patrio, River Plate y Belgrano de Córdoba, se entrecruzan en un combate que trasciende lo táctico para instalarse en el terreno de lo anímico. Las expectativas de ambos contendientes ya disputan su propio partido en el fuero interno de cada jugador, un monólogo silencioso que se traduce en un cóctel de nerviosismo y euforia contenida. Solo resta desear que la ceremonia no quede prisionera de los pizarrones ni de los diagramas estratégicos, y que los intérpretes sobre el césped sean generosos con aquellos que observan desde las tribunas y las pantallas. Aún resuena, como un eco esperanzador, aquella máxima que Carlos Peucelle solía transmitir con certera pedagogía: “El juego no pasa por la ciencia. El juego viene del arte”.
El conjunto orientado por Eduardo “Chacho” Coudet anhela sumar una nueva joya a la vitrina del Millonario. Se trataría de la trigésimo novena conquista en certámenes domésticos, un trofeo que además quebraría una racha de dos años sin festejos. La última vez que River alzó un título fue en marzo de 2024, y curiosamente también ocurrió en el Kempes, por la Supercopa Argentina ante Estudiantes de La Plata. Pero esta oportunidad posee un doble gusto: por un lado, consagraría la breve pero intensa gestión de Coudet, quien acumula algo más de sesenta días al mando; por el otro, se erigiría como un bálsamo emocional para un plantel que ha estado bajo la lupa crítica de su propia hinchada.
“Creo que arribamos en óptimas condiciones”, declaró el entrenador en rueda de prensa tras el agónico empate ante Bragantino por la Copa Sudamericana, resultado que les permitió sostener la cima de su zona. Sin embargo, la realidad indica que el equipo porteño afrontará la definición con sensibles ausencias. Se sabe que no estarán disponibles ni Gonzalo Montiel, afectado por una rotura en el cuádriceps izquierdo, ni Sebastián Driussi, quien padece un esguince de grado dos en el ligamento colateral medial de la rodilla derecha, lesión sufrida en el enfrentamiento con Rosario Central. Tampoco podrán ser de la partida Aníbal Moreno, por un esguince similar en la rodilla derecha, ni Matías Viña, víctima de un desgarro en el aductor derecho.
Aunque el once definitivo permanece bajo reserva, la probable alineación del Chacho, en función de estos contratiempos, presentaría al inamovible Santiago Beltrán bajo los tres palos. La retaguardia se compondría con Fabricio Bustos ocupando el lugar de Montiel, acompañado por Lucas Martínez Quarta, Lautaro Rivero y Marcos Acuña. En el engranaje central del campo desplegarían su labor Fausto Vera, Juan Cruz Meza, Tomás Galván y el juvenil Lucas Silva, surgido de las divisiones inferiores, quien ingresaría para reemplazar a Moreno. En la delantera, la dupla ofensiva estaría integrada por Facundo Colidio y Joaquín Freitas, este último ocupando el rol dejado por Driussi.
River llega a esta instancia con el aura de quien ha sabido sobreponerse a los peores pronósticos. Tras un tambaleante paso ante San Lorenzo, donde el público pasó de exigir “que se vayan todos” a ilusionarse con la posibilidad del cetro, el equipo sorteó sin sobresaltos a Gimnasia de La Plata, luego superó a Central en medio de las polémicas desatadas por la figura de Ángel Di María, y finalmente alcanzó este escenario para revalidar su condición de máximo ganador histórico del balompié argentino y cerrar el semestre con una nueva expectativa.
Del otro lado del césped se erige Belgrano, conducido por Ricardo “Ruso” Zielinski, uno de los artífices del regreso del Pirata a la máxima categoría en 2011, y protagonista de aquella gesta que, por primera vez en la historia, envió a River al Nacional B. Los de Barrio Alberdi arriban con la firme esperanza de arrebatarle las ilusiones al Millonario y conquistar su primer campeonato en la élite del fútbol local. “Me da la impresión de que el grupo siempre ha exhibido personalidad, sentido de pertenencia y una fuerza que está permanentemente cerca de la gente. Jamás dudé que lo íbamos a pelear”, expresó Zielinski tras la agónica definición por penales ante Argentinos Juniors que les otorgó el boleto a esta final.
“Los cordobeses por fin presenciarán una definición de esta magnitud. Tuvimos muchas adversidades y las superamos. Poseemos un plantel extraordinario, se entregan por completo, se respaldan mutuamente. Existe una comunión con el público, sentimos el respaldo generalizado. Es algo maravilloso para toda Córdoba”, sostuvo el Ruso, quien deberá afrontar el compromiso sin Lisandro López en el eje de la defensa, siendo reemplazado por el joven Agustín Falcón. Otra incógnita se despliega en la zona media, donde no está definido si continuará Francisco González Metilli como titular o si llegará la oportunidad para Juan Velázquez. Una resolución clave para otorgar fluidez al juego y sumar verticalidad a un ataque que cuenta con la exquisita pegada de Lucas Zelarayán, un generador de juego que se mueve sin ataduras y busca abastecer a Lucas Passerini, una de las principales armas ofensivas del conjunto cordobés.
Los representantes del barrio de Alberdi disponen de noventa minutos para modificar la historia de su institución y bordar la primera estrella en Primera División. Cuando nadie confiaba en esta posibilidad, y como recordó el propio entrenador, muchos descreían de que alcanzarían los octavos de final para enfrentarse a su clásico rival, Talleres; no solo lo lograron, sino que lo superaron. Luego vendrían el combativo Unión de Santa Fe y el elenco de La Paternal. Con la mente puesta en franquear su propio muro, resta una prueba definitiva: el River del Chacho, que en dieciséis presentaciones sumó once victorias, tres empates y apenas dos caídas.
Parafraseando al cantautor Jorge Drexler, la moneda ya comenzó a girar en el aire. Que sea lo que deba ser.
