El Presidente buscará este lunes, tras el Tedeum, imponer orden en una tropa que muestra signos evidentes de desgaste. Las disputas entre Patricia Bullrich, Santiago Caputo y el círculo íntimo del mandatario amenazan con desdibujar la hoja de ruta oficial. La sombra de los escándalos y las pujas por el poder añaden un cóctel de alta tensión.
En una jornada que se anticipa como crucial para los destinos de la administración libertaria, el primer mandatario, Javier Milei, ha dispuesto un encuentro de emergencia con todos sus ministros y colaboradores de mayor rango para este lunes al mediodía, inmediatamente después de la ceremonia del Tedeum en la Catedral Metropolitana. La cita en la Casa Rosada llega como un intento desesperado por poner fin a la semana más convulsa y destructiva en términos de discordias intestinas que haya atravesado el oficialismo desde su llegada al poder. Se espera la presencia del propio Milei junto a figuras centrales de su estructura de poder: Martín Menem, el influyente asesor Santiago Caputo, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, cuya sombra tutelar sobre el gobierno ha sido puesta en jaque en los últimos días.
Los roces se tornaron públicos y virulentos cuando los sectores liderados por Bullrich y Caputo desafiaron abiertamente la autoridad de la hermana del Presidente. El gesto de rebeldía tomó forma mediante críticas explícitas a dos de los hombres de mayor confianza del clan Milei: el propio Martín Menem y el vocero presidencial, Manuel Adorni. De esta manera, lo que hasta hace poco se cocinaba a fuego lento en los despachos estalló con crudeza ante la opinión pública, dejando al descubierto fracturas profundas que el jefe del Estado no ha logrado soldar hasta el momento. La reunión de gabinete de este lunes representa, entonces, una nueva oportunidad —quizás la última antes de un quiebre irreversible— para recomponer las filas y establecer una suerte de alto el fuego.
En la víspera del cónclave, se registraron movimientos significativos que evidencian la voluntad de algunos protagonistas por destrabar el conflicto. Manuel Adorni, uno de los blancos predilectos de las críticas bullrichistas, llevó a cabo una intensa agenda de acercamiento. Primero se sentó a dialogar con Santiago Caputo, en un intento por limar asperezas tras el enfrentamiento que mantuvo con Menem. Posteriormente, el viernes, el vocero recibió en su oficina de Balcarce 50 a la jefa de la bancada oficialista en el Senado, Patricia Bullrich, en una reunión que se prolongó por varias horas y que contó con la participación esporádica del canciller Pablo Quirno. Sin embargo, las señales de Bullrich hacia Adorni distaron de ser conciliadoras. No solo exigió de manera pública y urgente la presentación de la declaración jurada del vocero, sino que, para subrayar su mensaje de confrontación, decidió adelantar la difusión de su propia declaración patrimonial, un movimiento calculado que desnudó la profundidad de la grieta interna.
La reacción del entorno más íntimo del Presidente no se hizo esperar. Tras el gesto de la exministra de Seguridad, desde la facción leal a Karina Milei se dejó trascender una posible modificación en el formato de las reuniones de gabinete. La idea era restringir la participación exclusivamente a los ministros, lo que implicaba dejar afuera a Patricia Bullrich (cuya cartera es Seguridad, pero se la considera parte de la mesa chica), a Santiago Caputo y, como consecuencia colateral, al propio Martín Menem. No obstante, en un giro de última hora, las fuentes oficiales de la Casa Rosada rectificaron la información y confirmaron que Bullrich sí formará parte del encuentro, extremo que fue corroborado por su círculo más próximo.
Pese a que desde el Ejecutivo se insiste en que el eje de la cumbre será el repaso de la agenda parlamentaria —una tarea cada vez más compleja ante la falta de gobernabilidad y el acoso de los escándalos—, nadie ignora que el verdadero propósito es otro. Milei intentará disciplinar a sus huestes, consciente de que sus intentos previos por apaciguar los ánimos han resultado infructuosos. Mientras tanto, las acusaciones cruzadas se multiplican. Desde el bando de Santiago Caputo se denuncia que el sector liderado por Karina Milei y los Menem engaña al Presidente con el objetivo de satisfacer intereses meramente personales. Frente a esa imputación, Martín Menem salió al cruce con una réplica afilada: sostener que le mienten a Milei, argumentó, es equivalente a subestimar groseramente la inteligencia y el criterio del jefe del Estado.
En los pasillos del poder circula una idea recurrente entre quienes observan con preocupación la escalada del conflicto: “Quieren hacerle daño a Milei”, confiesa un analista cercano al mandatario, y agrega que tanto Caputo como Menem “deberían resolver sus diferencias en privado para resguardar la figura presidencial”. Sin embargo, la expectativa sobre lo que pueda ocurrir en las próximas horas es total. Algunos operadores confían en que, con el transcurso de los días, las disputas amainen o, al menos, dejen de ventilarse en los medios. “Si hasta ahora no ha sucedido nada irreversible, difícilmente ocurra. No es momento de mover las fichas”, argumentan con una mezcla de resignación y pragmatismo.
Pero el clima de la última reunión de gabinete no invita al optimismo. Aquel encuentro transcurrió en una atmósfera de tensión máxima, con gritos por parte de Milei incluidos. Bullrich, desafiante, exigió en ese entonces la declaración jurada de Adorni y abandonó la sala antes de tiempo. A pesar de la promesa presidencial de que el documento sería presentado en breve, el papel del vocero sigue sin aparecer, alimentando las suspicacias y el malestar.
La agenda de conflictos no se agota este lunes. Al día siguiente, está prevista la reunión de la denominada mesa política del oficialismo, un espacio donde Milei no participará pero que contará con la presencia de las principales figuras en pugna: Karina Milei, los hermanos Menem (Martín y Lule), Bullrich, los Caputo (Santiago y Luis), el ministro del Interior Diego Santilli y el secretario de Asuntos Estratégicos Ignacio Devitt. La ausencia de Santiago Caputo en el último encuentro de esta mesa había llamado poderosamente la atención, aunque luego se supo que el asesor estrella se encontraba en Washington gestionando contactos con la Casa Blanca, portando bajo el brazo el ambicioso proyecto del denominado “Super RIGI”.
Los coletazos de estas peleas internas ya comienzan a sentirse con crudeza en el Congreso. Las negociaciones con los gobernadores se vuelven un calvario, envenenadas por las internas oficialistas y los crecientes escándalos de corrupción, especialmente aquel que salpica al jefe de Gabinete. No son pocas las voces dentro del propio gobierno que reclaman a Milei que tome las riendas y ordene el caos. La reunión de gabinete podría ser un nuevo ensayo en esa dirección.
Sin embargo, Patricia Bullrich y otros funcionarios de peso consideran que una medida concreta para restaurar la disciplina sería la remoción de Manuel Adorni de su cargo. La situación se volvería aún más crítica si el juez Ariel Lijo —con quien Karina Milei mantiene una relación notoriamente tensa— decide procesar al vocero. El dilema para el Ejecutivo, en caso de optar por esa salida, sería inmediato: una nueva pulseada para definir quién coloca al reemplazante, si el sector de Karina Milei o el de Santiago Caputo.
En medio de este vendaval, los rumores no cesan. En los últimos días cobró fuerza la versión de que Karina Milei buscaría arrebatarle la conducción de la SIDE a Santiago Caputo. El asesor estrella, lejos de quedarse de brazos cruzados, multiplica sus esfuerzos por demostrar su valía internacional, haciendo gala de sus contactos con los Estados Unidos y la CIA como un seguro de vida que lo mantiene en el cargo. Pero la hermana del mandatario ya ha dado un paso concreto para cercarlo: puso al frente del control de la Agencia de Inteligencia a otro de sus leales, Sebastián Pareja, designándolo presidente de la comisión bicameral de Inteligencia en el Parlamento. La partida, sin tregua, recién comienza.
