Boca Juniors se hunde en La Bombonera y dice adiós a la Copa Libertadores

Boca Juniors se hunde en La Bombonera y dice adiós a la Copa Libertadores

El conjunto de la Ribera cayó por la mínima ante Universidad Católica de Chile, quedó tercero en su grupo y deberá conformarse con disputar la fase preliminar de la Sudamericana para mantener vivo el sueño internacional

En una noche para enmarcar en el catálogo de las grandes frustraciones futbolísticas, Boca Juniors selló su destino más amargo en la reciente historia del fútbol sudamericano. La Bombonera, testigo eterno de gestas memorables, fue esta vez escenario de un funeral anticipado: el equipo dirigido por Diego Martínez no pudo con la Universidad Católica de Chile y cayó por 1 a 0, un resultado que lo deja automáticamente fuera de los octavos de final de la Copa Libertadores. La derrota, sumada a la aplastante goleada de Cruzeiro sobre Barcelona de Ecuador, condenó al “Xeneize” al tercer puesto del Grupo B, un baldón que lo obligará a transitar el espinoso camino de la reclasificación de la Sudamericana para intentar prolongar su participación en el plano continental.

El golpe emocional adquiere dimensiones aún más abrumadoras cuando se repasa el recorrido reciente del club. Aquel Boca que en 2023 se codeó con la gloria alcanzando la final del certamen más codiciado del continente, hoy deambula por las sombras de la eliminación temprana. Dos años consecutivos sin poder superar la fase de grupos representan una hemorragia institucional difícil de disimular, y en esta ocasión ni siquiera se logró traspasar el primer escalón. La parcialidad local, que abarrotó las gradas con la esperanza intacta, debió tragarse la impotencia y retirarse entre gestos de reprobación, mientras los jugadores abandonaban el césped con la cabeza gacha y el silbato implacable de su propia gente perforándoles la espalda.

El desarrollo del encuentro dejó en evidencia la paradoja de un equipo que generó ocasiones pero nunca encontró la eficacia necesaria para modificar el marcador. Apenas comenzado el compromiso, a los dos minutos de juego, Leandro Paredes ejecutó un tiro libre que habilitó un cabezazo desviado de Milton Giménez, adelantando lo que sería una constante a lo largo de la noche: aproximaciones sin resolución. Cuatro minutos más tarde, Exequiel Zeballos dominó un centro proveniente del flanco izquierdo y soltó un remate con el empeine de su pierna hábil que dibujó una trayectoria venenosa, rozando el ángulo derecho custodido por Vicente Bernedo.

Marco Pellegrino, a los 21 minutos de la etapa inicial, aprovechó un balón suelto dentro del área adversaria tras un saque de esquina y disparó de media vuelta con una celeridad que llevó el esférico a pasar peligrosamente cerca del poste derecho. Era un Boca insistente, volcado al ataque, pero carente de esa pizca de fortuna o precisión que separa la victoria del lamento.

Sin embargo, el fútbol suele castigar a quienes perdonan, y la visita demostró una lección de efectividad en su primera irrupción verdaderamente riesgosa. A los 33 minutos, Universidad Católica gestó un contraataque asociativo digno de manual, hilvanando pases con velocidad y criterio hasta que el esférico llegó a los pies de Clemente Montes. El extremo se perfiló en el límite del área y sacó un latigazo implacable que se estrelló contra el poste izquierdo del arquero Leandro Brey antes de cruzar la línea de gol como una serpiente. Silencio sepulcral en la Bombonera.

La segunda parte no trajo alivio para los anfitriones. A los tres minutos del complemento, Zeballos recibió sobre el vértice derecho del área grande y disparó con violencia buscando el palo más cercano, aunque su intento se elevó por encima del travesaño. La desesperación comenzaba a teñir cada acción. A los diez minutos, Giménez prolongó un centro hacia atrás buscando la llegada de Tomás Aranda, cuyo intento de peinar el balón hacia la red careció de la fuerza suficiente y se tradujo en una presa fácil para el arquero rival.

Una chilena improvisada de Milton Giménez, tras controlar de espaldas al arco con el pecho, evidenció la creatividad desesperada de un conjunto que ya no encontraba caminos claros. La idea fue notable, pero la ejecución deficiente: el esférico ganó altura inconmensurable y cayó inofensivamente detrás del arco. El “Changuito” Zeballos volvió a encender las alarmas a los 21 minutos, cuando encaró por el sector derecho, cambió de ritmo para penetrar en el área y sacó un derechazo cruzado y rastrero que se perdió ancho por muy poco.

La jugada más polémica llegó a los 27 minutos, cuando el guardameta Bernedo intentó descolgar un centro con una sola mano, perdió el control del esférico y lo dejó muerto en el área chica. Alan Velasco no dudó y remató de primera, pero el arquero chileno, con reflejos felinos, desvió con el cuerpo y el volante Jhohan Valencia terminó despejando sobre la línea. El destino negaba una y otra vez al dueño de casa.

Un centro con el borde externo del pie derecho ejecutado por Paredes encontró la cabeza de Ángel Romero a los diez minutos del cierre, pero el delantero paraguayo, pese a conectar con violencia, careció de la precisión necesaria y su remate se estrelló mansamente en los guantes de Bernedo. La única vez que Boca logró definir con claridad —un control con el muslo y posterior remate cruzado del propio Romero—, el línea levantó su bandera alertando una posición adelantada que el videoarbitraje terminó convalidando.

En el minuto 43 del segundo período, un cabezazo de Ángel Romero se desvió en un defensor rival y comenzó a colarse por el costado izquierdo de Bernedo, que protagonizó una intervención memorable: recuperó su posición con rapidez, mostró una frialdad encomiable y detuvo la pelota en dos tiempos, sepultando la última ilusión xeneize.

El pitazo final desató la desolación. Boca Juniors, aquel gigante acostumbrado a trasnochar en las grandes noches continentales, deberá ahora recomponer sus piezas y afrontar un compromiso de alta exigencia: visitar a O’Higgins para intentar ingresar a la fase eliminatoria de la Sudamericana, un certamen que jamás imaginó transitar desde la antesala, pero que representa la única vía para no quedar huérfano de competencia internacional. La noche en La Bombonera quedará grabada como una herida abierta, un punto de inflexión que exigirá respuestas inmediatas en un club donde las excusas no tienen cabida.

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