Un doblete en el complemento le dio al Matador el boleto a los dieciseisavos de final, en una noche donde la necesidad se transformó en festejo dentro del estadio José Dellagiovanna
En un duelo donde la obligación era ganar y nada más que ganar, el conjunto de Victoria respondió con la entereza que los grandes momentos exigen. Tigre superó por 2 a 0 a Alianza Atlético de Perú en su propia casa, el estadio José Dellagiovanna, y de esta manera aseguró su pasaporte a los dieciseisavos de final de la Copa Sudamericana. La escuadra conducida por Diego Dabove entendió desde el pitazo inicial que no había margen para el error, y aunque el primer tiempo transcurrió sin movimientos en el marcador, la paciencia tuvo su recompensa en la etapa final.
El primer grito sagrado llegó apenas transcurridos dos minutos del segundo tiempo, cuando una jugada asociada desnudó las fragilidades defensivas del visitante. Ignacio Russo habilitó con precisión a Jabes Saralegui, quien desde las afueras del área sacó un remate rasante, de esos que se filtran entre piernas y se clavan junto al palo. El 1 a 0 encendió las tribunas y liberó la ansiedad de un equipo que necesitaba desesperadamente la victoria para mantenerse con vida en el certamen continental.
Pero el Matador no se conformó con la mínima diferencia. A los 31 minutos del mismo período, una pelota quieta terminó de sellar la suerte del encuentro. Gonzalo “Pity” Martínez, encargado de ejecutar el tiro de esquina, colocó un centro quirúrgico al corazón del área pequeña, donde Alan Barrionuevo apareció sin marca para empujar el balón al fondo de la red. El 2 a 0 definitivo desató la algarabía en el José Dellagiovanna y confirmó que el sueño sudamericano continuaba.
Con este resultado, Tigre concluyó su participación en la fase de grupos como segundo del Grupo A, un puesto que le otorga el derecho a disputar el repechaje. En esa instancia, el elenco de Dabove deberá enfrentarse a un conjunto que haya culminado en la tercera ubicación de su respectiva zona dentro de la Copa Libertadores. Se trata de un cruce de alta exigencia, pero también de una oportunidad dorada para seguir escribiendo páginas internacionales.
El camino transitado por el Matador en esta etapa preliminar tuvo luces y sombras, un andar irregular que generó dudas en más de una ocasión. Sin embargo, el objetivo fundamental se cumplió: prolongar la vida en el torneo y meterse entre los aspirantes que pelearán por un lugar en los octavos de final. La noche de Victoria fue una demostración de carácter, de esos triunfos que trascienden el resultado porque forjan la identidad de un equipo que, cuando aprieta la necesidad, sabe encontrar los recursos para no claudicar.
