El fundador de Palantir Technologies y uno de los empresarios más influyentes de Silicon Valley habría encontrado en Argentina mucho más que un destino de inversión. Según reveló The New York Times, su desembarco en el país responde a una combinación de factores ideológicos, preocupaciones geopolíticas y una búsqueda de resguardo ante eventuales crisis globales, además de su histórica resistencia a las políticas tributarias dirigidas a las grandes fortunas.
La llegada a la Argentina de Peter Thiel, magnate tecnológico, inversor multimillonario y presidente de Palantir Technologies, parece estar impulsada por razones que trascienden ampliamente el ámbito empresarial. Si bien su desembarco en el país despertó interrogantes por el interés de su compañía en el acceso y manejo de bases de datos estatales, una reciente publicación de The New York Times sugiere que detrás de la decisión existe una compleja combinación de convicciones ideológicas, estrategias de supervivencia y preocupaciones sobre el futuro de Estados Unidos.
En un artículo titulado “¿Por qué Peter Thiel se muda al fin del mundo?”, el prestigioso diario estadounidense sostiene que el empresario considera a la Argentina como una especie de refugio alternativo frente a diversos escenarios que percibe como amenazas potenciales. Entre ellos aparecen desde una eventual confrontación nuclear hasta los riesgos derivados de un desarrollo descontrolado de la inteligencia artificial. Sin embargo, también emerge una motivación mucho más concreta y terrenal: evitar posibles aumentos de la presión fiscal sobre las grandes fortunas en Estados Unidos.
De acuerdo con la publicación, Thiel decidió abandonar sus residencias en Los Ángeles y Miami para instalarse en territorio argentino. La mudanza estaría relacionada, al menos en parte, con su visión pesimista sobre el porvenir estadounidense y con las coincidencias ideológicas que mantiene con el presidente Javier Milei. El empresario, nacido en Alemania y criado en Estados Unidos, ya había diversificado su ciudadanía al obtener la nacionalidad neozelandesa en 2011 y al gestionar un pasaporte maltés años más tarde. Ahora, Argentina aparece como un nuevo “plan B”, una alternativa estratégica ante eventuales turbulencias que puedan afectar a la principal potencia mundial.
El reportaje del New York Times describe a Thiel transitando Buenos Aires con un perfil sorprendentemente bajo para alguien de su fortuna. Lo presenta frecuentando clubes de ajedrez de la ciudad mientras, paralelamente, desarrolla una intensa agenda política y económica. Desde su llegada en abril, mantuvo encuentros con el presidente Milei, integrantes de su gabinete y destacados referentes del ámbito académico y financiero. Además, concretó la adquisición de una exclusiva mansión en Barrio Parque, una de las zonas más selectas de la Capital Federal.
La relación con la administración libertaria se consolidó rápidamente. Según el medio estadounidense, el empresario compartió cenas privadas con altos funcionarios del Gobierno, entre ellos el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, y mantuvo reuniones individuales con el ministro de Economía, Luis Caputo. También participó de encuentros en la residencia presidencial de Olivos junto a otros socios de su fondo de inversión Founders Fund.
La afinidad entre Thiel y Milei parece apoyarse en una visión común sobre el rol del Estado y la economía. Ambos comparten una fuerte oposición a la presión impositiva, cuestionan las políticas progresistas contemporáneas y defienden postulados cercanos al liberalismo más radical. Esa sintonía ideológica quedó reflejada en las declaraciones del propio mandatario argentino, quien definió el vínculo como el encuentro entre “un anarcocapitalista y otro anarcocapitalista que está llevando esas ideas a la práctica”.
Pero más allá de la política económica, otro aspecto llamó particularmente la atención de quienes participaron de reuniones privadas con el magnate. Durante una cena organizada en su residencia porteña, a la que asistieron economistas e intelectuales argentinos, el debate habría girado inicialmente en torno a la historia y la economía nacional. Sin embargo, con el correr de la noche, la conversación derivó hacia uno de los temas predilectos de Thiel: el Anticristo y las visiones apocalípticas sobre el futuro de la humanidad.
Según reconstruyó el periódico norteamericano a partir de testimonios de asistentes, el empresario expuso reflexiones vinculadas a la posibilidad de la aparición de una estructura de poder global capaz de instaurar un régimen totalitario a escala planetaria. Aunque algunos invitados manifestaron desconcierto frente a esos planteos, todos siguieron atentamente las exposiciones de su anfitrión.
Detrás de estas preocupaciones también aparece una cuestión económica que habría influido decisivamente en su decisión de radicarse fuera de Estados Unidos. El artículo recuerda que Thiel ha sido históricamente un férreo opositor a los impuestos aplicados sobre las grandes fortunas. Su interés por Argentina se habría intensificado cuando comenzaron a discutirse en California iniciativas destinadas a establecer un gravamen del cinco por ciento sobre el patrimonio de los multimillonarios residentes en ese estado.
Por el momento, la única inversión conocida del empresario en Argentina se limita al mercado inmobiliario, particularmente a la adquisición de su propiedad en Barrio Parque. Sin embargo, la publicación agrega otro dato revelador sobre su estrategia de resguardo: la compra de un extenso terreno en las cercanías de Punta del Este, Uruguay. Según las versiones recogidas por el diario estadounidense, el predio podría albergar un búnker diseñado para resistir un eventual escenario de catástrofe nuclear.
Así, entre coincidencias ideológicas con el gobierno de Javier Milei, inquietudes sobre el destino de Occidente, advertencias sobre la inteligencia artificial y el rechazo a una mayor carga impositiva, Peter Thiel parece haber encontrado en el Cono Sur algo más que una oportunidad de negocios. Para uno de los hombres más poderosos del universo tecnológico global, Argentina y Uruguay comienzan a perfilarse como piezas centrales de un plan de contingencia pensado para afrontar un futuro que, según su visión, podría resultar tan incierto como desafiante.
