Multitudinario repudio en Rosario: la plaza Pringles se convirtió en el epicentro del rechazo a Milei en el Día de la Bandera

Multitudinario repudio en Rosario: la plaza Pringles se convirtió en el epicentro del rechazo a Milei en el Día de la Bandera

Mientras el presidente encabezaba el acto oficial en el Monumento, una marea humana colmó la emblemática plaza para declarar al mandatario «persona no grata», en una jornada atravesada por la crítica a las políticas de ajuste, la defensa de la soberanía y un fuerte cuestionamiento a los gobernadores locales.

La atmósfera matinal ya presagiaba el carácter contestatario de la jornada cuando el aroma evocador de la torta frita comenzó a mezclarse, con el correr de las horas, con el olor acre y penetrante de la pólvora. La plaza Pringles, en el corazón de la ciudad, amaneció abarrotada por una marea de manifestantes que, desde temprano, coparon sus accesos y sus veredas, desbordando la capacidad del espacio público y transformando la cita en un verdadero acto de masas. No hubo oropeles ni formalidades en esta otra Rosario, la que suele mostrarse sin filtros y con la voz firme, y que ayer rugió con contundencia su descontento ante la presencia del presidente Javier Milei y su comitiva en la ciudad, señalando la paradoja más profunda que atravesaba la fecha patria.

«¡Justo este cipayo viene a hablar de Belgrano!», exclamaron con sorna y desprecio desde el escenario montado a la entrada de la Bolsa de Comercio, en una de las frases más repetidas y celebradas por los presentes, que sintetizó el sentimiento general de un arco político y social que veía con total incomodidad que el máximo referente del Ejecutivo nacional se erigiera en heraldo de los valores patrios en una ciudad que, aseguran, padece con crudeza los embates de su gestión económica.

La convocatoria, impulsada por la Multisectorial Rosario, superó todas las expectativas y logró un pronunciamiento masivo que derivó en la declaración de persona no grata para el jefe de Estado. La céntrica intersección de Córdoba y Paraguay se vio colmada por un heterogéneo abanico de militantes, ciudadanos y organizaciones. Sindicalistas de diversas extracciones confluyeron en el lugar, tanto de la CGT Rosario como de la CTA, compartiendo espacio con representantes de la Corriente Clasista y Combativa, agrupaciones peronistas como Comunidad y el Movimiento Evita, colectivos de izquierda como Ciudad Futura, y otros partidos políticos menores. Pero lo que dotó de una singular potencia al encuentro fue la participación de la «gente de a pie», aquellos vecinos que, sin mediar consigna partidaria, se arrimaron con sus mates y termos, atraídos por la trascendencia de la ocasión y por la necesidad de exteriorizar su bronca.

Las familias llegadas desde los barrios periféricos se instalaron en rondas, compartiendo mate cocido y tortas fritas, mientras los más pequeños, con ojos asombrados, observaban el incesante ir y venir del gentío y se sorprendían con los estruendos de los petardos que surcaban el aire. El ambiente festivo y combativo se mezclaba con la expectativa, aunque desde las primeras horas se notaron ausencias significativas que delinearon el perfil del acto: no hubo representación de las organizaciones estudiantiles ni del arco político que conforma el frente Unidos, lo que evidenció las fisuras y límites de esta convocatoria opositora.

Un presagio temprano de lo que sería el tono dominante de la velada lo dio el chofer de una combi que, al pasar frente a la plaza antes del inicio formal del mitín, asomó su puño por la ventanilla y lanzó un grito que resonó entre los primeros asistentes: «Milei, la concha de tu madre», una frase que, por su crudeza, fue recibida con una mezcla de sorpresa y complicidad por parte de los presentes. Ya en el corazón de la manifestación, el paisaje visual era tan elocuente como los cánticos. Un bosque de carteles se alzaba por encima de las cabezas, con leyendas que no dejaban lugar a dudas: «Fuera Milei», «Persona no grata por todo el daño que causa al pueblo», «Corrupto, estafador, cipayo de Trump y Netanyahu», «Milei = Adorni, no son bienvenidos», «Juicio ya, por traidor a la Patria», «Amo mi país, me avergüenza mi gobierno». Los mensajes, de una contundencia abrumadora, trazaban un retrato lapidario del mandatario y su administración.

A pesar de que la concentración opositora era sensiblemente superior en número a la del acto oficial que, a diez cuadras de allí, junto al río Paraná, congregaba a las autoridades nacionales y provinciales, los grandes medios de comunicación, tanto locales como nacionales, decidieron volcar su atención preferencialmente hacia el Monumento. El despliegue de los periodistas se concentró en la ceremonia oficial, dejando en un evidente segundo plano lo que sucedía en la plaza Pringles, una decisión editorial que no pasó inadvertida para los manifestantes. Sin embargo, llamó la atención la presencia rauda de un cronista del canal LN+ que se abrió paso entre las columnas de ATE, Amsafé Rosario, la CCC, Camioneros y el sindicato de Municipales, como tratando de captar el pulso de la protesta para la audiencia nacional.

El instante de mayor solemnidad llegó cuando los acordes del Himno Nacional Argentino se impusieron al batir de los bombos y al tableteo de los petardos, logrando un momento de silencio y respeto en la multitud. Fue entonces cuando Edgardo Arrieta, del Sindicato de Dragado y Balizamiento, tomó la palabra para abrir el fuego oratorio. «Hoy el pueblo está en esta plaza. ¡Milei, no sos bienvenido a Rosario!», bramó con fuerza, y su voz se perdió en el clamor popular. Su discurso sirvió para marcar las diferencias sustanciales y geográficas con el acto protocolar que se desarrollaba en el Monumento, subrayando la distancia simbólica que separaba a la dirigencia política de la voluntad popular. Tres retenes de la policía provincial y fuerzas federales custodiaban los diez bloques que separaban ambas manifestaciones, un cordón de seguridad que mantuvo a raya a los sectores enfrentados, garantizando que el repudio se expresara a distancia pero sin incidentes de violencia, en un clima de paz tensa y controlada.

El escenario, atestado de dirigentes sindicales y sociales, se convirtió en un púlpito desde el que llovieron imprecaciones de todo calibre contra el régimen libertario. Hubo una mención especial y cargada de ironía para la figura de Manuel Adorni, a quien se señaló como personero de «un gobierno manchado por corrupción». Los oradores, con un tono cada vez más encendido, advirtieron sobre la oportunidad política que se avecina: «Hay una oportunidad para sacarlos del gobierno y esa es la elección venidera», afirmaron, en un llamado explícito a las urnas. Acto seguido, se dio lectura al documento consensuado que todas las organizaciones habían rubricado y que sintetizaba los ejes de su repudio.

El texto de la Multisectorial fue particularmente duro al calificar la presencia de Milei como una «afrenta» y una «profunda contradicción con los valores que representa nuestra bandera», contraponiendo de manera explícita la figura del creador de la enseña patria, Manuel Belgrano, con las políticas del actual gobierno. A lo largo de su extenso articulado, el documento denunció un proceso sistemático de «destrucción» de la industria nacional, la sangría de puestos de trabajo y la creciente «extranjerización de sectores estratégicos de la economía», alertando además sobre lo que definieron como la «entrega» de recursos naturales vitales como el petróleo, el gas, el litio y el agua dulce. La reforma laboral, la precarización del empleo y la «criminalización de la protesta social» también fueron blanco de críticas, categorizadas como parte de una política deliberada destinada a «transferir riqueza desde quienes trabajan hacia los grandes grupos económicos concentrados».

El escrito no se detuvo ahí, sino que extendió sus críticas a la administración nacional por el abandono de los jubilados, el desguace del Pami y los drásticos recortes en educación, salud y universidades, señalando una «creciente crisis de credibilidad institucional» alimentada por los distintos escándalos y denuncias por corrupción que salpican al Gobierno nacional. La consigna central, coreada por los presentes, fue tajante: «No puede haber ajuste para los trabajadores y privilegios para los poderosos». En un giro político significativo, los oradores también apuntaron sus dardos contra el gobernador Maximiliano Pullaro y el intendente Pablo Javkin, a quienes interpelaron directamente: «Ahora quieren diferenciarse del modelo Milei, pero les votaron todas las leyes del ajuste», un reproche que buscó desnudar las contradicciones del arco político local. Para ese momento, mientras la plaza Pringles vibraba con los discursos, la imagen de Pullaro y Javkin abrazando al presidente en la proa del Monumento, en un acto mucho menos concurrido, se erigió como la fotografía que sellaba la distancia entre el poder oficial y el sentimiento popular.

En sus párrafos finales, la declaración de la Multisectorial hizo una reivindicación apasionada de «la bandera del trabajo argentino», la «soberanía sobre nuestros recursos naturales» y la defensa del río Paraná, la Marina Mercante y la producción nacional, como pilares de una identidad que consideran amenazada. El cierre del manifiesto fue lapidario al sostener que el rechazo no se dirigía únicamente hacia una persona, sino hacia «un proyecto político que profundiza la dependencia económica, la desigualdad social y la entrega de nuestra soberanía». Con una dureza inusitada, se reprochó al presidente que hubiera elegido «la ciudad de Rosario para utilizar la bandera argentina como escenario de propaganda, mientras millones de argentinos sufren las consecuencias de un modelo económico que destruye empleo, producción y soberanía», dejando así sellado el acto como un hito de resistencia en el corazón de la provincia de Santa Fe.

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