En un hecho que refleja la preocupante recurrencia delictiva en los polos de desarrollo habitacional de Río Grande, los operarios de una vivienda erigida sobre la calle Vivaldi padecieron el hurto de valiosas herramientas y elementos constructivos, tras un violento acceso forzado. La intervención de la Policía Tercera y los peritajes de Criminalística ya se encuentran en marcha para dar con los responsables.
En el marco de una problemática que parece instalarse como sombra persistente sobre los nuevos núcleos residenciales de la ciudad de Río Grande, las autoridades policiales tomaron conocimiento en la mañana de este viernes de un nuevo episodio delictivo perpetrado contra una edificación en fase de levante, situada en una de las zonas de mayor ebullición urbanística del distrito. El ilícito, que concita la atención tanto de los vecinos como de los inversores del sector, vino a sumarse a una larga cadena de incidentes similares que afectan a quienes confían en el crecimiento del ejido norte, donde el concreto y el acero todavía no logran opacar la vulnerabilidad de los frentes de obra.
Fue en las primeras horas de la jornada laboral cuando los albañiles y oficiales a cargo de los trabajos en una residencia unifamiliar ubicada en el número 2400 de la arteria Vivaldi, dentro del pintoresco pero cada vez más castigado barrio Altos de la Estancia, se toparon con una escena desoladora: los accesos de madera y metal presentaban nítidos signos de haber sido violentados, con sus cerraduras fracturadas y sus marcos astillados, evidenciando la crudeza con que los malhechores actuaron para sortear las defensas perimetrales del inmueble en gestación. El descubrimiento provocó una inmediata comunicación a las fuerzas del orden, derivando en la pronta movilización de los efectivos pertenecientes a la comisaría Tercera, con asiento en la chacra número dos, quienes acudieron sin demora al punto denunciado para dar inicio a las pesquisas de rigor.
Al arribo de los uniformados al predio, pudo constatarse que el botín sustraído no era menor ni carecía de valor, pues los delincuentes, lejos de limitarse a apoderarse de algunos sacos de cemento o bloques de hormigón –que también figuraron entre lo hurtado–, focalizaron su codicia en el equipamiento técnico de mayor precio y utilidad: un variado arsenal de herramientas eléctricas, manuales y de medición, cuya ausencia paraliza cualquier avance constructivo y representa un golpe económico sensible para los contratistas. Tal como lo señalaron los propios damnificados, las máquinas de corte, taladros, amoladoras, niveles láser y demás instrumentos de trabajo fueron llevados con destreza, presumiblemente durante las horas de la madrugada, cuando la oscuridad y el silencio del sector en expansión favorecen la impunidad de los asaltantes.
El personal policial, tras acordonar el perímetro y preservar la escena del suceso, activó de inmediato los protocolos establecidos para estos casos, dando parte a los especialistas de la Policía Científica, cuyos peritos se hicieron presentes en el lugar con el objetivo de recolectar huellas dactilares, rastros calzado, fibras y cualquier otro indicio biológico o mecánico que pudiera arrojar luz sobre la identidad de los autores. Los agentes de criminalística desplegaron su minucioso trabajo en cada una de las aberturas forzadas, así como en los sectores donde los objetos fueron removidos, empleando polvos reveladores y técnicas de luminol para no dejar cabo suelto en la búsqueda de evidencias. Paralelamente, los investigadores tomaron declaración al propietario de la construcción, un sujeto de apellido Silva, quien, visiblemente afectado por el despojo, formalizó la denuncia correspondiente ante las autoridades, proporcionando un inventario detallado de las pertenencias sustraídas y cualquier dato que pudiese orientar la investigación hacia los responsables.
Este episodio, que ya es materia de análisis en la mesa de trabajo de la división robos y hurtos, pone nuevamente en el centro del debate la frágil seguridad que padecen los emprendimientos inmobiliarios en los límites norte de la ciudad, donde la ausencia de alumbrado público adecuado, la escasez de patrullajes preventivos y la propia idiosincrasia de construcciones aisladas conforman un cóctel propicio para la acción de bandas organizadas o de oportunistas que operan con total desparpajo. Los vecinos de la zona, que ya han manifestado en ocasiones anteriores su inquietud ante la ola de saqueos a obras particulares y a depósitos de insumos, reclaman con urgencia un refuerzo de los dispositivos de vigilancia y la implementación de rondas nocturnas que disuadan a los malvivientes, quienes parecen conocer al dedillo los momentos de mayor vulnerabilidad de cada frente de trabajo.
Desde la jefatura de la comisaría Tercera se informó que, además del trabajo de campo realizado por los peritos, se están cotejando las imágenes de las cámaras de seguridad privadas existentes en viviendas aledañas, con la esperanza de captar el desplazamiento de vehículos o personas en actitud sospechosa durante la franja horaria en que se consumó el ilícito. Asimismo, se ha dispuesto un operativo de rastreo en chatarrerías, ferreterías y casas de compraventa de herramientas usadas, toda vez que el modus operandi de estas bandas suele incluir la rápida colocación de los bienes sustraídos en el mercado secundario, a precios muy inferiores a los reales, dificultando así su recuperación. No obstante, los efectivos no descartan que los objetos hayan sido trasladados a localidades vecinas o incluso a la vecina provincia de Santa Cruz, donde la demanda de estos útiles de construcción es igualmente elevada.
El damnificado, Silva, expresó ante los medios su amargura y desazón, no solo por la pérdida económica, que calcula en varios millones de pesos, sino por la postergación forzosa que sufrirá la culminación de su vivienda, un proyecto soñado que ahora deberá esperar semanas o meses hasta reponer el equipamiento robado y restablecer la normalidad en los trabajos. Su testimonio se suma al de otros tantos vecinos que, en los últimos meses, han sufrido situaciones idénticas en las adyacencias de las calles Beethoven, Mozart y Liszt, todas dentro del mismo radio urbano, configurando un mapa delictivo que preocupa a las autoridades municipales y provinciales. Mientras tanto, la investigación avanza con hermetismo, y desde la fiscalía de turno se aguardan los resultados de los peritajes para determinar si existen improntas digitales que emparenten este robo con otros eventos similares registrados en el distrito, lo que podría indicar la actuación de una célula especializada en el saqueo de construcciones.
El parte policial emitido al cierre de esta edición confirma que, por el momento, no se han producido detenciones, aunque se mantienen activos todos los recursos humanos y técnicos disponibles para esclarecer el suceso. La comunidad de Altos de la Estancia, entretanto, permanece en estado de alerta, y los gremios de la construcción han comenzado a circular recomendaciones entre sus afiliados para extremar las medidas de custodia, tales como la instalación de alarmas con sensor de movimiento, la contratación de vigilancia privada nocturna y el aseguramiento de los accesos con candados de alta seguridad. Pero la sensación general es que estas acciones paliativas resultan insuficientes frente a la osadía de los maleantes, que actúan con total desenfado y sin temor al castigo, aprovechando la orfandad de una legislación que, a menudo, trata con benevolencia a los delincuentes reincidentes.
En tanto, la pesquisa continúa su curso, y no se descarta que en las próximas horas surjan nuevos testimonios o pistas que permitan avanzar hacia la identificación y captura de los autores de este despojo, que golpea no solo el bolsillo de un trabajador o de un pequeño inversor, sino también la confianza en el orden y la ley dentro de una ciudad que aspira a crecer con armonía y justicia. La redacción de este diario estará atenta a las novedades que arroje la instrucción judicial, y mantendrá informada a la opinión pública sobre los pasos siguientes de una causa que, lamentablemente, se ha vuelto moneda corriente en los barrios donde el futuro se edifica ladrillo a ladrillo, pero también donde la sombra del delito se cierne con inquietante frecuencia.
