Sin necesidad de oficializar aspiraciones presidenciales, el gobernador bonaerense capitaliza el desgaste del oficialismo y se posiciona como la figura más temida por la Casa Rosada. Mientras el peronismo debate liderazgos internos, los sondeos reflejan una estrepitosa caída de Javier Milei en el ranking de imagen y consolidan al exministro como el artífice de la resistencia política, en un tablero donde la detenida Cristina Kirchner se diluye lentamente en el segundo plano.
En las últimas horas, el paisaje político argentino ha quedado retratado por una serie de estudios de opinión que, con la crudeza de los números, esbozan un cambio de época en la configuración de la dirigencia nacional. Sin necesidad de desplegar el clásico arsenal proselitista que suele anunciar una candidatura presidencial, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, se afianza silenciosamente como la principal bisagra opositora al gobierno de Javier Milei. Esta consolidación no es un simple destello mediático, sino el resultado de una estrategia meticulosa que elude el fuego cruzado de la interna peronista para concentrar todos sus dardos en la gestión libertaria, una apuesta que, a juzgar por los relevantamientos difundidos en los últimos días, parece estar cosechando frutos más que contundentes.
El fenómeno Kicillof adquiere relevancia mayúscula cuando se contrasta su evolución con la de sus pares de espacio. Uno de los informes más reveladores proviene de la consultora Casa Tres, dirigida por Mora Jozami, que en su último barómetro optó por una pregunta abierta para dilucidar a quién considera la ciudadanía como el principal líder de la oposición. La respuesta fue unánime en su inclinación: Kicillof encabeza las menciones con un abrumador 34%, escalando de manera vertiginosa desde el exiguo 6% que recolectaba al inicio de la gestión de Milei. En las antípodas de este crecimiento se encuentra la figura de Cristina Fernández de Kirchner, quien, pese a acaparar el segundo lugar con un 19%, también ha visto incrementada su performance respecto al 6% previo, aunque con una brecha sideral que la separa del mandatario bonaerense. Mucho más relegado aparece el exministro Sergio Massa, cuyo nombre fue evocado apenas por un 2% de los consultados, evidenciando un desplome en su capital político si se compara con el 6% que obtenía en los albores del mileísmo.
Más allá del universo peronista, la foto de la oposición incluye a actores de otros espectros y figuras extrapartidarias. El líder del PRO, Mauricio Macri, que recientemente intentó oxigenar su espacio con un relanzamiento que hoy se ve ensombrecido por el ascenso de Diego Santilli al gabinete nacional, logró un 7% de adhesión como referente opositor, duplicando holgadamente el 2% de 2024. La diputada del Frente de Izquierda, Myriam Bregman, también percibe un viento a favor al alcanzar el 6%, en franca alza respecto del 1% inicial. Sin embargo, un dato que despierta inquietud en los círculos sindicales es la práctica desaparición de la CGT como polo de resistencia, pasando de ser señalada por un 4% en los inicios de la gestión a prácticamente diluirse en el olvido de los encuestados, mientras que el periodismo irrumpe con un 8% como un contrapeso inesperado y difuso.
Otro termómetro que valida la preeminencia de Kicillof es el estudio de Opina Argentina, a cargo de Facundo Nejamkis, que al indagar sobre la imagen pública coloca al gobernador en la cúspide del tablero con un 44% de valoración positiva, aunque con un 52% de rechazo. En términos crudos, el bonaerense se encuentra en un empate técnico con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien registra idéntico porcentaje de positiva y un 53% de negativa. No obstante, el matiz que decanta la balanza a favor de Kicillof es la intensidad de su apoyo: un 31% de los encuestados manifiesta tener una imagen «muy positiva» de él, superando el 26% que Bullrich cosecha en esa categoría. La foto completa del podio revela a Bregman con un 43% de aprecio, seguida de cerca por Cristina Kirchner con un 42%, y un dato que sacude los cimientos del oficialismo: Javier Milei se precipita al quinto puesto con un modesto 39% de imagen positiva y un alarmante 58% de negativa, cediendo terreno tras haber dominado prácticamente todos los sondeos durante los primeros compases de su mandato. La lápida del ranking la coloca el exjefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien ostenta el dudoso privilegio de ser el funcionario más repudiado.
En sintonía con estos guarismos, el trabajo de Management & Fit no hace más que corroborar la tendencia general, otorgándole a Kicillof el liderazgo en imagen positiva con un 34,1%, seguido muy de cerca por Cristina Kirchner, que alcanza un 33,5%. La funcionaria oficialista mejor parada vuelve a ser Bullrich, con un 32,9% de aprobación, aunque en el diferencial entre positivos y negativos, la ministra llega a superar levemente al gobernador. Pero la noticia que causa mayor revuelo en Balcarce 50 es la debacle de Milei, postergado al séptimo escalón en esta medición, con un 30,3% de imagen positiva y un 52,1% de rechazo. El pico de hostilidad, sin embargo, se lo adjudica la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, quien registra un estratosférico 62% de imagen negativa, un dato que enciende todas las alarmas en el círculo íntimo del poder.
Este trío de sondeos convergen en un punto ciego que Kicillof ha sabido explotar con maestría: la ausencia de un adversario con volumen político suficiente dentro del propio arco opositor. La detención domiciliaria de Cristina Kirchner y su consiguiente inhabilitación para ejercer cargos públicos han creado un vacío que el gobernador bonaerense está llenando sin estridencias, pero con una eficacia quirúrgica. No se trata de una especulación académica; la Casa Rosada ha convertido a la provincia de Buenos Aires en el blanco de sus tijeras fiscales y en el epicentro de su discurso destituyente, recortando partidas clave y desafiando la gobernabilidad del distrito más populoso del país. En este ajedrez de confrontación directa, Kicillof planea intensificar su ofensiva territorial con una agenda de recorridas federales que se activarán una vez concluida la fiebre del Mundial de Fútbol, con invitaciones ya formalizadas para visitar siete provincias antes de que el año llegue a su fin.
De este modo, lo que en principio pudo leerse como una mera disputa interna del peronismo se ha transmutado en un fenómeno político de mayor envergadura. Kicillof no solo está ganando la batalla de la imagen frente a sus propios correligionarios, sino que está logrando un objetivo más complejo: personificar la resistencia a un gobierno que, según los números, empieza a mostrar signos de fatiga. La estrategia de correrse de la grieta interna para abrazar la confrontación con el Ejecutivo nacional le está otorgando al gobernador un liderazgo que trasciende los límites de su cargo y lo proyecta como el timonel natural de una oposición que, huérfana de referentes consolidados, comienza a mirar hacia la provincia de Buenos Aires en busca de un norte.
