La obsesión monetaria de Milei: el Presidente dio una cátedra de dos horas a sus legisladores sobre la reforma del Banco Central en una reunión a puertas selladas y con control absoluto.

La obsesión monetaria de Milei: el Presidente dio una cátedra de dos horas a sus legisladores sobre la reforma del Banco Central en una reunión a puertas selladas y con control absoluto.

En un cónclave con rasgos de operativo de inteligencia, el mandatario desplegó un pizarrón para exponer los cinco pilares de su proyecto estrella, mientras su custodia incautaba celulares, clausuraba ventanas y aislaba a la prensa, en una demostración de hermetismo que busca blindar su iniciativa contra cualquier filtración antes de su envío al Congreso.

En una jornada que combinó la teatralidad académica con un riguroso mecanismo de seguridad digno de una operación de alto secreto, el primer mandatario, Javier Milei, convocó a los miembros de su bloque parlamentario en el salón Héroes de Malvinas de la Casa Rosada, con el fin de transmitirles, en un extenso y pormenorizado discurso, los pormenores de la modificación legal que pretende introducir en la Carta Orgánica del Banco Central. Lejos de ser un encuentro protocolar de rutina, la reunión se transformó en una suerte de clase magistral, donde el jefe de Estado, armado con un fibrón y un pizarrón, se erigió como catedrático durante más de ciento veinte minutos, sin desviar su atención ni un instante hacia otras temáticas de la agenda gubernamental, evidenciando una fijación casi excluyente por su iniciativa económica estrella.

El clima que antecedió al cónclave distó por completo de cualquier ambiente festivo, pese a que la senadora jujeña Vilma Bedia intentó imprimir un tono distendido al ingresar con la casaca de la selección argentina. A partir de ese momento, la liturgia del poder se tornó asfixiante. Los legisladores, al traspasar el arco detector de metales en el ingreso de Balcarce 50, fueron despojados de sus dispositivos móviles, los cuales fueron meticulosamente introducidos en sobres individuales con sus respectivos nombres y depositados sobre una mesa dispuesta a tal efecto. Esta medida, ejecutada por el personal de la Casa Militar, no fue sino el preludio de un aislamiento total: los efectivos, cuya función primigenia es resguardar la integridad física del presidente, actuaron en esta ocasión como guardianes de la imagen y del hermetismo, sellando las ventanas con oscuros paños para impedir cualquier mirada indiscreta y trazando un cordón sanitario que prohibió a la prensa acreditada transitar por los pasillos adyacentes o siquiera asomarse a los postigos.

Dentro del recinto, la escenografía fue rigurosamente controlada por el círculo íntimo del poder. Acompañaron al Presidente y a su hermana Karina, el jefe de Gabinete Diego Santilli, su lugarteniente Ignacio Devit, la presidenta del bloque de senadores Patricia Bullrich, el titular de la Cámara de Diputados Martín Menem y el secretario de Medios Fabián Fernández. La ausencia de Eduardo Lule Menem y la persistente exclusión del vocero Adrián Ravier, quien deberá dar la cara en solitario el martes en conferencia de prensa, delinearon un mapa de influencias donde la comunicación oficial se maneja con cuentagotas. Karina Milei, con un escueto saludo y un agradecimiento por la concurrencia masiva, rubricó el inicio de un encuentro donde la palabra única sería la del líder.

El núcleo duro de la exposición presidencial giró en torno a lo que él mismo calificó como un instrumento para «enterrar un sistema de estafa que se ha perpetuado durante noventa y un años contra los argentinos». Con trazos gruesos y didácticos en el pizarrón, Milei desgranó su teoría económica, reafirmando su postulación de que el fenómeno inflacionario no es más que un problema de origen monetario. En ese contexto, explicitó que el propósito de la nueva normativa es revertir los cambios introducidos por la administración de Cristina Fernández de Kirchner en 2012, a través de la ley 26.739, que había ampliado las misiones del ente rector para abarcar la promoción del empleo, la estabilidad financiera, la inclusión social y el desarrollo económico. El mandatario propone, por el contrario, un retorno a una ortodoxia estricta, reduciendo el espectro de acción del organismo a una única y excluyente meta.

La estructura de la iniciativa, que el gobierno aspira a tener perfilada para la llegada de la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, a fines del mes en curso, descansa sobre cinco columnas fundamentales que Milei detalló con minucia ante sus legisladores. En primer lugar, se propone consagrar legalmente que la preservación del valor de la moneda se erija como la función exclusiva del Banco Central. En segundo término, se plantea una prohibición terminante del financiamiento al Tesoro Nacional, lo que conlleva aparejado el cese de la creación de Letras Intransferibles. Como tercer pilar, se busca robustecer el esquema de gobernanza de la entidad, incorporando blindajes institucionales que otorguen una mayor estabilidad a sus autoridades y que eleven los estándares para la destitución del presidente y los miembros del directorio.

El cuarto eje de la reforma apunta a restringir severamente la distribución de utilidades del organismo, permitiéndola únicamente en coyunturas excepcionales tipificadas por la ley, tales como eventuales escenarios deflacionarios. Finalmente, el quinto punto endurece el régimen de responsabilidades y sanciones para las futuras autoridades que, de manera directa o indirecta, utilicen al emisor para sufragar el déficit fiscal mediante la emisión inorgánica de dinero. Los legisladores presentes, al término de la exposición, interpretaron el espíritu de la medida como una devolución de la independencia al Banco Central, desandando el camino que, según afirmaron, había permitido a la administración anterior «echar mano a las divisas de las reservas».

A pesar de la profundidad de la disertación, el texto final del proyecto no fue entregado a los congresistas. Milei se limitó a explicar el contenido conceptual y a abrir un breve compás para preguntas, donde se deslizaron referencias a cuestiones accesorias vinculadas con el mercado asegurador y el concepto de «Shut Down», como herramientas para apuntalar su visión económica de largo plazo. Los legisladores consultados por este diario coincidieron en señalar que la iniciativa se encuentra «prácticamente cerrada», y que solo restan ajustes de redacción para garantizar su perdurabilidad en el tiempo, evitando que pueda ser modificada con ligereza en el futuro. La obsesión del Presidente por este proyecto, que considera el pilar de su programa económico, quedó sellada en un operativo donde el secretismo y el control férreo de la información prevalecieron por sobre el diálogo político tradicional, dejando una imagen nítida de un gobierno que, en su afán refundacional, no duda en extremar los recursos del poder para imponer su relato.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *