En el escenario del Coloso Marcelo Bielsa, el conjunto dirigido por Rodolfo Arruabarrena desplegó una versión sólida y convincente para doblegar al «Verde» de Junín, en un encuentro que significó el bautismo de fuego para varias promesas juveniles y el inicio de un nuevo ciclo con claros visos de recuperación institucional y futbolística.
En una velada que mantenía en vilo a la afición argentina por la inminente definición del campeonato mundial en tierras norteamericanas, el foco local no pudo desviarse de la realidad inmediata que atraviesa el deporte rey en el país. Mientras la atención planetaria se posa sobre el duelo estelar que protagonizarán la Albiceleste y la Roja en el gigantesco escenario de New Jersey, el fútbol doméstico ofreció un capítulo aparte pero igualmente significativo: el renacer de un gigante dormido. Fue en el estadio de Newell’s Old Boys, un recinto que respira historia y tradición futbolera, donde el nuevo Boca de Rodolfo Arruabarrena, en su segunda etapa como timonel del club de la Ribera, dio un contundente golpe sobre la mesa al vencer por dos tantos contra cero a Sarmiento de Junín, asegurando así su pasaporte a los octavos de final de la Copa Argentina, instancia en la que tendrá como próximo escollo al siempre peligroso Vélez Sarsfield.
El partido, correspondiente a los dieciseisavos de final del certamen federal, presentó desde el silbatazo inicial un escenario táctico de manual: un equipo decidido a tomar la iniciativa y otro replegado en su propio territorio, esperando la oportunidad para herir de contraataque. La formación de Junín, bajo las órdenes de su entrenador, optó por un planteamiento excesivamente cauteloso, disponiendo un esquema ultradefensivo que dejaba al paraguayo Marabel como única referencia ofensiva, una isla en medio de un mar de camisetas azules y doradas. Esta disposición táctica, aunque legítima, entregó el dominio del esférico y el control del ritmo del partido al conjunto xeneize, que desde el primer minuto se instaló en campo contrario con una voracidad que hacia tiempo no se le veía.
La primera mitad transcurrió bajo el signo del monólogo local, con un Boca que tejía su juego a partir de la claridad mental y la pausa de un joven volante que comenzaba a tomar las riendas del mediocampo. La fluidez en la circulación del balón era evidente, y el mérito recaía en gran medida en la capacidad de Aranda para leer los tiempos del partido y distribuir el juego con criterio. Sin embargo, la chispa y el desequilibrio individual llegaban desde el costado derecho, donde un juvenil de apenas diecinueve años, Flores, debutante absoluto en la máxima categoría, se erigió como la principal arma ofensiva del equipo. Su atrevimiento para encarar, su velocidad endiablada y su inteligencia para asociarse con el experimentado Merentiel generaban constantes dolores de cabeza para la retaguardia rival. El pibe no solo se limitaba a desbordar y centrar, sino que también se animaba a probar fortuna con remates de media distancia, demostrando una personalidad que pocos noveles poseen en el fútbol argentino.
El ímpetu juvenil y la presión asfixiante de Boca comenzaron a dar frutos en forma de ocasiones claras. Antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora de juego, la primera aproximación seria llegó a través de un violento remate de primera intención ejecutado por Ascacíbar, un volante de carácter y buen pie, cuyo disparo se perdió por centímetros por encima del travesaño. El exjugador de Estudiantes de La Plata repitió la fórmula quince minutos más tarde, con un nuevo latigazo desde las afueras del área que llevaba intención de gol, pero que nuevamente besó el cielo raso del arco defendido por Ayala. La insistencia era una constante, y el cerco se estrechaba cada vez más. Luego fue el turno de Delgado, otro de los hombres de la segunda línea, quien recibió en los linderos del área y, tras una buena conducción, soltó un disparo que se elevó peligrosamente por encima del horizontal, llevándose consigo el suspiro de la hinchada presente.
Por el sector izquierdo, la dinámica no era menor. El lateral Blanco, con sus proyecciones constantes y su vocación ofensiva, se sumó al ataque y probó suerte con un remate que, si bien encontró las manos del arquero Ayala, sirvió para evidenciar la supremacía territorial del conjunto de la Ribera. El acoso era incesante, y el joven Flores, en un nuevo arranque individual, volvió a generar peligro, pero la fortuna no acompañaba y el balón se negaba a ingresar. A pesar del dominio abrumador y de la cantidad de situaciones generadas, Boca no lograba sacudir la red y se iba al descanso con la frustración del cero en el marcador, un resultado que no reflejaba en absoluto la superioridad manifiesta en el campo de juego.
La reanudación del encuentro trajo consigo una ráfaga de frescura y contundencia que había faltado en la etapa inicial. Apenas unos minutos bastaron para que el panorama se despejara por completo. Todo comenzó con una jugada de laboratorio y entrega: una recuperación magistral del incansable Delgado en la zona de gestación rival, que despojó al adversario del esférico y habilitó la transición rápida. El balón llegó a los pies de Alan Velasco, un jugador de desequilibrio que había transcurrido por la primera parte con cierta opacidad, lejos de su mejor versión. Sin embargo, ante la oportunidad, el talento innato prevaleció. Velasco, desde las afueras del área, se acomodó el balón y sacó un disparo potente, colocado y con una trayectoria engañosa que se clavó en el ángulo inferior derecho del arco, imposible para la estirada del guardameta. Era el primer gol de la nueva era Arruabarrena en Boca, un tanto que no solo abría el marcador, sino que también funcionaba como una inyección de confianza y una declaración de principios del estilo de juego que el entrenador pretende implantar.
El golpe anímico fue devastador para el conjunto juninense, que vio cómo su plan de resistencia se derrumbaba. Si bien intentaron una reacción tímida a través de algunas incursiones aisladas de Salle por los costados, la realidad es que nunca inquietaron seriamente el arco custodiado por el arquero xeneize. Boca, por su parte, lejos de conformarse con la mínima ventaja, se lanzó en busca del segundo tanto que sentenciara la historia. Y el premio al esfuerzo y a la perseverancia llegó en forma de una joya, de la mano de quien había sido el más insistente durante toda la velada. Leonel Flores, la joven promesa que había buscado su gol con tesón y desparpajo durante los noventa minutos, finalmente vio recompensada su actuación estelar. Tras una jugada hilvanada por el sector derecho, el pibe se internó en el área con una conducción demoledora y, ante la salida del arquero, sacó un remate seco, cruzado y violento que se alojó en el fondo de la red. El grito de gol resonó con fuerza, no solo por la importancia del tanto, sino por lo que significaba: la consagración de un talento joven que se asoma como una de las grandes esperanzas del fútbol argentino.
Con la ventaja de dos tantos, el partido entró en una fase de gestión y administración del resultado. Boca, ya con el boleto a la próxima ronda prácticamente asegurado, se permitió algunos lujos y rotaciones. Los ingresos de Zenón y del experimentado Ángel Romero insuflaron nuevos bríos al ataque, y ambos estuvieron cerca de aumentar la cuenta en dos ocasiones distintas. Sendas jugadas colectivas, nacidas de la asociación y el buen toque, culminaron en remates que exigieron al portero Ayala, quien en esta oportunidad pudo evitar la caída de su valla por tercera vez. Sarmiento, por su parte, ya sin argumentos físicos ni tácticos, se limitó a sobrevivir al vendaval, viendo como el tiempo se escurría sin poder generar peligro alguno. El pitazo final del árbitro encontró a un Boca sólido, seguro y con la sensación de haber dado un paso adelante en su proceso de crecimiento, mientras que el «Verde» de Junín se despedía del torneo con la certeza de haber competido ante un rival superior. De esta manera, el Xeneize, con una actuación convincente y el sello inconfundible de un equipo que empieza a encontrar su identidad, se instala en los octavos de final y ya piensa en el duro desafío que representa Vélez Sarsfield, en lo que promete ser un cruce de alto voltaje en el camino hacia la gloria copera.
