El conductor estrella del oficialismo en Radio Rivadavia, Jonatan Viale, encendió los micrófonos con un encendido editorial en el que deslizó la existencia de una «operación orquestada» contra el país, tras los agravios del actor Samuel L. Jackson y la congresista Jasmine Crockett. Sin embargo, lo que comenzó como una defensa de la argentinidad derivó en un sorpresivo señalamiento hacia el pueblo mexicano, al que acusó de arrastrar un «complejo de inferioridad» por viejas deudas futbolísticas.
En la calurosa mañana porteña que antecedió a la final del Mundial, las ondas de Radio Rivadavia se vieron atravesadas por una voz que, lejos de la neutralidad informativa, desplegó un discurso militante y de profunda suspicacia. El periodista Jonatan Viale, identificado con las líneas más duras del ultraoficialismo y de reconocida sintonía con el pensamiento del mandatario Javier Milei, tomó el micrófono no para narrar la épica deportiva, sino para erigirse en fiscal de una supuesta conjura internacional que, a su juicio, busca denostar la imagen de la República Argentina.
Con un tono que oscilaba entre la perplejidad y la indignación controlada, Viale comenzó su editorial trazando un paralelismo inquietante entre dos figuras de escenarios aparentemente disímiles: el taquillero actor estadounidense Samuel L. Jackson y la legisladora demócrata Jasmine Crockett. En su disertación, el comunicador sostuvo que ambos personajes, aunque provenientes de esferas diferentes —el espectáculo y la política—, se han convertido en las piezas visibles de un engranaje crítico que, según especuló, podría estar movido por intereses oscuros y financiamiento externo.
«¿Es genuina esta ofensiva? ¿Acaso el sentimiento de bronca hacia nosotros es tan visceral y espontáneo, o más bien estamos ante un fenómeno impulsado, rentado y meticulosamente organizado?», se cuestionó Viale en su alocución, dejando en el aire la intriga sobre el origen de las descalificaciones que, en las últimas horas, habían copado los titulares internacionales. La pregunta retórica, cargada de un escepticismo militante, apuntaba a deslegitimar de antemano cualquier reproche foráneo, reduciéndolo a la categoría de una maniobra orquestada por fuerzas desconocidas que atentarían contra el orgullo nacional.
El análisis de Viale adquirió un cariz particularmente polémico cuando, en un intento por restar peso a las críticas del actor de Hollywood, decidió cambiar el foco de su argumentación y apuntar sus baterías hacia el país azteca. Al evocar los cruces históricos en los campos de juego, el periodista minimizó la relevancia de las rivalidades regionales y, con un dejo de soberbia, deslizó que la actitud de los mexicanos responde a un «profundo complejo de inferioridad», un resentimiento acumulado que, según dijo, se explica por las dolorosas eliminaciones que el combinado albiceleste les propinó en citas mundialistas de 2006, 2010 y 2022. «Son cosas que pasan en el fútbol», sentenció, intentando banalizar el asunto, aunque no logró disimular el desdén en su tono.
Sin embargo, el meollo de su preocupación no residía en las anécdotas futbolísticas, sino en la escalada de acusaciones que traspasaron las fronteras del deporte para instalarse en el núcleo de la historia y la idiosincrasia argentina. Viale aludió directamente al posteo de la organización SEC Black Alumni Network, replicado por Jackson en su cuenta de Instagram, donde se instaba a la comunidad negra a no alentar a la Selección, acompañando el mensaje con una imagen generada por inteligencia artificial del célebre personaje «Django» vistiendo la camiseta celeste y blanca. Para el conductor, ese acto no era un capricho de una celebridad, sino un eslabón más de una cadena que, afirmó, se pliega perfectamente al discurso de la congresista demócrata.
El episodio en el Congreso de Estados Unidos, donde Crockett interpeló al historiador de Yale David Blight sobre el rechazo global hacia Argentina, fue catalogado por Viale como un «salto institucional» de la ofensiva. La risa y el remate de la legisladora aludiendo a una «historia racista vinculada a Argentina» fueron interpretados por el periodista como una difamación deliberada que ignora olímpicamente los hitos históricos de la nación, tales como la abolición de la esclavitud mediante la Ley de Vientre Libre de 1813 y la consagración definitiva de la libertad en la Constitución de 1853, mucho antes que en gran parte del continente.
La lista de detractores, lejos de cerrarse, se fue engrosando con nombres de la talla de Javier Bardem, Mia Khalifa, Rosalía o Pedro Pascal, quienes en cuestión de días sumaron sus voces a un coro de críticas que, para el análisis de Viale, excede lo espontáneo. Fue precisamente allí donde el periodista dejó plantada su hipótesis más audaz: la existencia de una suerte de «moda» virutal que, replicada de manera exponencial y acelerada, no haría más que ocultar una operación de inteligencia mediática con dinero y voluntad política detrás. La pregunta sobre el origen y la naturaleza de esta ofensiva quedó, al cierre de su editorial, suspendida en el éter, como un guiño cómplice a una audiencia que, según Viale, debe mantenerse alerta ante los embates de un mundo que, a su entender, no soporta el fulgor de la Argentina profunda.
