El “Fideo” encendió la mecha y el Gigante estalló: Central doblegó a Aldosivi con una remontada agónica

El “Fideo” encendió la mecha y el Gigante estalló: Central doblegó a Aldosivi con una remontada agónica

En un estadio vibrante y rendido ante la figura de Ángel Di María, el Canalla sufrió, pecó en defensa, pero encontró en la rebeldía de sus delanteros y en la épica de un gol en contra la llave para dar vuelta un resultado adverso. La Lepra mendocina, mientras tanto, se afianza en la cima gracias a la eficacia de su artillero paraguayo.

La noche en el Gigante de Arroyito tenía un aroma distinto, impregnado de gloria pasada y presente. Un mosaico monumental, confeccionado con retazos de colores y admiración, onduló desde las gradas para saludar a su máximo estandarte. El encuentro inaugural de la cuarta jornada del Torneo Clausura no era uno cualquiera; era el escenario perfecto para que el equipo auriazul, empujado por una multitud eufórica, comenzara a forjar su camino, aunque el sendero hacia la victoria estuviera sembrado de espinas y desconciertos.

Desde el silbato inicial, la premisa local fue clara: asfixiar al Tiburón marplatense con oleajes ofensivos. Un centro tempranero de Pizarro buscó la testa de Copetti, pero el delantero, otrora goleador en la Academia, careció de la precisión necesaria para abrir el marcador. Instantes después, la pelota se detuvo en un tiro libre ejecutado por el propio Di María, cuyo trazo curvo besó la red por el costado externo, despertando un suspiro colectivo en las gradas.

El partido se convirtió en un ajedrez de idas y vueltas. Mientras Aldosivi se replegaba con orden y acechaba con peligro a las espaldas de Verón, la figura del “Fideo” comenzaba a destellar su repertorio. Con una habilitación quirúrgica, el conductor auriazul dejó solo a Soto, quien a su vez cedió para Copetti; sin embargo, la definición del atacante fue desviada en el último instante por un defensor, en una intervención que rozó lo providencial. Los remates de Soto y Julián Fernández, ambos elevados por encima del larguero, evidenciaron la ansiedad local, mientras la impaciencia empezaba a trepar por las gargantas de los espectadores.

El cierre de la primera etapa tuvo un suspiro de valentía individual. Ibarra, en una acción de arrojo personal, hilvanó una serie de amagues y culminó con un disparo cruzado que se estrelló en el costado de la red, un aviso que presagiaba la tormenta que se avecinaba.

El complemento arrancó con una muestra flagrante de los fantasmas defensivos que aquejan al Canalla. Una salida fallida desde el fondo casi es aprovechada por Vombergar, cuyo remate, sin marca y con el arco a merced, se perdió en las alturas, un error que la hinchada no tardó en silbar. Pero lo que ocurrió minutos más tarde fue sencillamente insólito. El arquero Ledesma, en una decisión temeraria, abandonó su área para anticipar un balón dividido, pero su rechace débil cayó en los pies de Alan Sosa. El volante visitante, con la categoría de un veterano, impactó la esférica con su zurda desde una distancia considerable, enviando el cuero al fondo de la red mientras el guardameta auriazul observaba, impotente, su arco vacío. Aldosivi se adelantaba y era noticia en el Gigante.

El golpe despertó la furia de un gigante dormido. La barra empezó a marcar el compás con su clamoroso “movete”, y la presión se hizo insostenible para la zaga visitante. Cufré, en su desesperación por despejar, casi introduce la pelota en su propio arco, un espejo de la tensión que se vivía. El asedio era incesante, y la lógica del fútbol se impuso. Un remate del recién ingresado Campaz, que no parecía llevar un destino claro, encontró el desvío fortuito de Nicolás Zalazar, quien, en su intento por bloquear, envió el balón al fondo de su propia portería. El empate, aunque accidentado, era un justo reflejo del dominio territorial.

El tramo final se transformó en un monólogo ofensivo del local. Acosta, el portero visitante, se erigió como una muralla infranqueable, negándole el gol a Copetti, a Badaloni y al mismo Di María en repetidas ocasiones. Pero hasta el muro más sólido tiene fisuras. En una jugada de insistencia, de esas que se forjan con el corazón y el agobio, Jaminton Campaz apareció para empujar el balón y desatar la locura en el Coloso del Parque. La remontada era un hecho, y el triunfo, un bálsamo para la afición, que se retiró con la vista puesta en el próximo desafío copero ante el Corinthians, mientras Aldosivi, en caída libre, buscaba respuestas que no encontraron en el césped.

La Máquina de Berti no se detiene

En el plano paralelo del Bautista Gargantini, la historia tuvo un desenlace diferente pero igualmente contundente. Independiente Rivadavia, dirigido por el estratega Alfredo Berti, demostró una vez más su solidez y poder de fuego. El paraguayo Alex Arce se vistió de héroe local al anotar un doblete en el segundo tiempo, inaugurando la cuenta desde el punto penal con una ejecución fría y colocando el definitivo 2-0 que luego sería descontado por Gabriel Alanís para el conjunto de Río Cuarto.

Esta victoria consolida a la Lepra en la cima de la tabla anual, acechando a los líderes del Grupo B con una diferencia de apenas dos unidades, demostrando que su proyecto no es casualidad, sino el resultado de una convicción táctica y una eficacia quirúrgica en el área rival. Mientras Central celebra su hazaña con sabor a épica, los mendocinos siguen su marcha firme, alimentando la ilusión de sus hinchas con números que hablan de un presente dorado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *