OpenAI desafía al mercado del ‘hardware’ con un altavoz inteligente esférico que se mueve y aprende, concebido junto al legendario Jony Ive

OpenAI desafía al mercado del ‘hardware’ con un altavoz inteligente esférico que se mueve y aprende, concebido junto al legendario Jony Ive

La compañía de Sam Altman planea desembarcar en el mundo físico en 2027 con un dispositivo portátil del tamaño de un disco de hockey, dotado de componentes cinéticos y sensores, que promete una interacción casi humana gracias a la voz más avanzada de su IA. El artefacto, cuyo precio oscilaría entre los 300 y los 400 dólares, llega en medio de una agria disputa legal con Apple por el presunto robo de secretos industriales.

La carrera por dominar la próxima generación de dispositivos cotidianos ha encontrado un nuevo y audaz contendiente. OpenAI, la firma que revolucionó el panorama digital con sus modelos generativos, se prepara para dar el salto al terreno físico con un ingenio que aspira a redefinir la relación entre los humanos y las máquinas en el hogar. Según las últimas informaciones filtradas a la prensa especializada, el primer aparato de la compañía californiana no será un clon de los asistentes tradicionales, sino una esfera del tamaño aproximado de un disco de hockey que, lejos de permanecer inerte, se agitará y girará con vida propia durante las conversaciones.

El diseño de esta novedosa propuesta, cuyo lanzamiento está proyectado para 2027 y se comercializaría en una horquilla de precios que ronda los 300 a 400 dólares (el equivalente a entre 260 y 347 euros), es fruto de una colaboración de lujo. OpenAI ha unido fuerzas con LoveFrom, la agencia creativa del mítico exdirector de diseño de Apple, Jony Ive, y la empresa de hardware io. El resultado es un altavoz portátil que prescinde de pantalla para centrarse en la presencia física y la escucha activa, integrando un conjunto de cámaras y sensores que le permiten no solo percibir el entorno, sino también desplazarse con autonomía por la superficie donde se apoye.

La esencia de este asistente doméstico radica en su capacidad de movimiento y respuesta dinámica. Fuentes cercanas al desarrollo han revelado a Bloomberg que el aparato contará con componentes internos accionados por motores que se desplazarán de manera sincronizada mientras el usuario habla, otorgando al objeto una apariencia orgánica y una personalidad diferenciada frente a la rigidez estática de otros altavoces inteligentes del mercado. Esta coreografía mecánica estará acompañada por un sistema de iluminación ambiental que indicará, mediante destellos sutiles, en qué momento el dispositivo se encuentra en plena fase de escucha, estableciendo así un diálogo no verbal que busca imitar la calidez de la interacción entre personas.

Pero el verdadero salto cualitativo del dispositivo residirá en su cerebro. Equipado con la versión más reciente de la tecnología de voz de la casa, denominada GPT-Live, el altavoz no se limitará a ejecutar órdenes prefijadas para la gestión del hogar conectado; aspira a convertirse en un ordenador centrado en inteligencia artificial que aprenda de manera progresiva los hábitos y preferencias de su propietario. La meta es que las conversaciones fluyan con la naturalidad de un diálogo real, permitiendo que el usuario delegue tareas complejas y reciba asesoramiento proactivo, como si de un asistente personal con criterio propio se tratase. Su batería interna garantiza la operatividad sin ataduras de cables, y su versatilidad le permite ser empleado tanto sostenido en la palma de la mano como apoyado sobre una encimera, adaptándose a las necesidades del momento.

Sin embargo, el camino hacia esta revolución del hogar conectado no está exento de nubarrones legales. El proyecto ha quedado inmerso en un tenso enfrentamiento con Apple, que ha acusado a la firma de Sam Altman de apropiarse indebidamente de secretos comerciales para acelerar el desarrollo de sus propios artefactos. La demanda presentada por la manzana mordida no es trivial, ya que señala que OpenAI ha fichado a más de cuatrocientos de sus exempleados, incluyendo figuras de peso como el responsable de Diseño Industrial, Evans Hankey, y el ejecutivo sénior Paul Meade, sin contar con los propios cofundadores de io, Jony Ive y Tang Tan, quien en Cupertino supervisó el diseño del iPhone.

Las acusaciones se vuelven más punzantes al detallar que, según Bloomberg, OpenAI habría solicitado a un proveedor habitual de Apple el desarrollo de una técnica específica para un acabado metálico, engañando al socio industrial al hacerle creer que contaba con la venia de la compañía de la manzana para acceder a dicha información confidencial. Ante estas graves imputaciones, que cuestionan la originalidad del diseño del nuevo dispositivo, las fuentes internas de OpenAI han salido al paso para defender la integridad del proyecto, afirmando que este altavoz servirá para demostrar que su estética e ingeniería no se inspiran en absoluto en las creaciones de Apple.

En un comunicado reciente, la empresa liderada por Altman ha calificado las acusaciones de sus competidores como «vagas» y ha desestimado la solicitud de una medida cautelar preliminar, tildándola de infundada y basada en «información falsa y completamente innecesaria». «No poseemos ni deseamos ninguno de sus secretos comerciales. Nuestro interés se centra en desarrollar productos y tecnologías innovadores que marquen la pauta en el sector», ha zanjado la organización, dejando claro que su incursión en el hardware no se detendrá ante las turbulencias judiciales. Con este movimiento, OpenAI no solo busca colonizar un nuevo mercado, sino también sentar un precedente sobre quién dictará las reglas del diseño y la interacción en la era de la inteligencia artificial ubicua.

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