El cementerio de los gladiadores: Boca afronta una crisis de lesiones en medio de una maratón implacable

El cementerio de los gladiadores: Boca afronta una crisis de lesiones en medio de una maratón implacable

El plantel xeneize, diezmado por una seguidilla de diez partidos en un mes, pierde a Ayrton Costa y suma una decena de bajas de peso. Con la defensa en terapia intensiva y un calendario infernal por delante, Arruabarrena deberá ingeniárselas para sostener la competencia sin arriesgar a sus piezas clave.

El departamento médico de Boca Juniors se ha convertido, en las últimas semanas, en el epicentro de una tormenta silenciosa pero cada vez más ruidosa. Lo que alguna vez fue un plantel robusto y competitivo hoy asemeja más a un campo de batalla, donde los cuerpos de los futbolistas pagan el precio de una exigencia física que roza lo inhumano. La última ficha que cayó en este tablero de sacrificios fue la de Ayrton Costa, cuyo nombre se sumó a una lista que ya no es alarmante: es desoladora.

El joven marcador central sufrió una distensión en la cara posterior del muslo izquierdo durante el encuentro del domingo ante Racing, en Avellaneda, y no regresó para el complemento. Su reemplazo, el juvenil Facundo “Jagger” Herrera, fue la única alternativa defensiva disponible en el banco, un síntoma evidente del estado de fragilidad que atraviesa el fondo xeneize. Costa, en principio, quedará marginado de los compromisos venideros: no estará el viernes ante Lanús por el torneo Apertura, ni el miércoles 2 de septiembre frente a Vélez, en los octavos de final de la Copa Argentina, que se disputarán en el estadio Mario Kempes de Córdoba.

Pero el caso de Costa no es un hecho aislado. Es la punta del iceberg de una crisis muscular que afecta a todo el vestuario. El plantel, que tuvo jornada de descanso este lunes, igualmente debió concentrar a sus lesionados en el predio de Ezeiza para acelerar procesos de recuperación que, en muchos casos, parecen correr contra el reloj. Allí están Leandro Lozano, con una distensión en el semimembranoso de la pierna izquierda; Lautaro Di Lollo, aquejado de pubialgia; Marco Pellegrino, con un desgarro en la misma extremidad; Malcom Braida, víctima de una contractura gemelar; el capitán Leandro Paredes, con inflamación en el isquiotibial izquierdo; y Milton Delgado, quien arrastra una contractura en el isquiotibial derecho. Siete nombres que conforman un parte médico tan extenso como preocupante.

De todos ellos, apenas Paredes asoma como el único con posibilidades reales de reaparecer el viernes ante Lanús, en el regreso de Boca a la Bombonera. Sin embargo, el entrenador Rodolfo Arruabarrena medita con cautela: podría resguardarlo en el banco de suplentes y dosificar su regreso, con la mira puesta en el duelo copero frente a Vélez, donde su presencia sería casi indispensable. “No vamos a arriesgar, eso es obvio, porque después podemos tenerlos afuera más tiempo. Pero van bien y van progresando”, declaró el técnico tras el empate 1 a 1 con la Academia, en un intento por transmitir calma que sus propios ojos contradicen.

El panorama se torna especialmente crítico en la retaguardia, donde las bajas se acumulan sin piedad. Con Lozano, Di Lollo, Costa, Pellegrino y Braida fuera de combate, la zaga titular se arma con lo que queda, y el joven Herrera, de apenas veinte años, se perfila como una pieza forzosa en el once inicial. No hay más relevos defensivos en el banco, salvo jugadores de proyección que aún no han sido probados en escenarios de alta presión. La improvisación, en ese sector, deja de ser una opción para convertirse en una necesidad.

En el mediocampo, la evolución de Delgado será monitoreada día a día. El volante, sustituido a los 56 minutos por Tomás Belmonte, fue diagnosticado con una contractura que, según los primeros informes, no reviste mayor gravedad. Aun así, su presencia ante Lanús no está garantizada, y dependerá de la evolución muscular en los próximos entrenamientos. Cada recuperación, por mínima que sea, se vive como una pequeña victoria en un contexto donde el calendario no concede tregua.

Porque si la situación actual es compleja, el futuro inmediato se anuncia aún más hostil. Tras el duelo con Lanús y la eliminatoria ante Vélez, Boca se enfrentará a una secuencia que pondrá a prueba los límites de su plantel. El domingo 6 de septiembre visitará a Gimnasia de Mendoza por el Torneo Clausura, aunque esa fecha podría sufrir modificaciones debido a la posible interposición de la Copa Sudamericana. Es que entre el 8 y el 10 de ese mes, el Xeneize recibirá en la Bombonera a San Pablo por la ida de los cuartos de final del certamen continental, en un cruce que ya despierta expectativas y ansiedad.

Y el ritmo no menguará: el fin de semana del 13 de septiembre, Boca será anfitrión de Central Córdoba de Santiago del Estero; entre el 15 y el 17, viajará a Brasil para el desquite frente al Tricolor Paulista en el Morumbí; y cerrará esa seguidilla el 21 del mismo mes, visitando a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. En total, entre el viernes 28 de agosto y el 21 de septiembre, el conjunto de la Ribera tendrá por delante siete compromisos de máxima exigencia, antes de que llegue el parate por la fecha FIFA, que se extenderá desde el 21 de septiembre hasta el 6 de octubre.

Ese receso, que en cualquier otra circunstancia sería un alivio, llega tarde para un equipo que ya muestra costuras rotas. Arruabarrena no solo deberá gestionar minutos y cargas, sino también mantener viva la competitividad de un grupo que ve cómo sus compañeros caen uno tras otro. La palabra “rotación” se ha vuelto un mantra en las charlas técnicas, pero cuando las alternativas escasean, la rotación se convierte en un lujo que el cuerpo técnico no puede permitirse.

Boca, en su esencia, siempre ha sido sinónimo de resistencia. Pero esta vez, el desafío no es táctico ni estratégico: es puramente físico. Los músculos hablan, y lo que dicen es que el cuerpo humano tiene un límite. El hospital de la Ribera tiene sus camas ocupadas, y mientras tanto, el reloj sigue corriendo. La pregunta que flota en el ambiente no es si Boca podrá ganar, sino si podrá sostenerse en pie hasta que llegue el ansiado respiro. Porque el fútbol, a veces, no se gana con once, sino con veintitantos. Y en este momento, el Xeneize cuenta con los justos y necesarios para no naufragar en el intento.

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