El CEO de Mirgor, José Luis Alonso, brindó su versión sobre el conflicto con la UOM de Río Grande, afirmó que los trabajadores despedidos fueron reincorporados tras una nueva conciliación obligatoria y cargó duras críticas contra la conducción gremial, a la que acusó de violar reiteradamente las normas y de poner en riesgo la continuidad laboral.
En medio de la creciente tensión entre Mirgor y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Río Grande, el máximo responsable de la compañía, José Luis Alonso, salió al cruce de las acusaciones sindicales y brindó su propia interpretación de los hechos que derivaron en una crisis que mantuvo en vilo a más de trescientos trabajadores. En una entrevista concedida a la TV Pública Fueguina, el directivo aseguró que la empresa decidió retrotraer todas las medidas adoptadas y reincorporar al personal alcanzado por los telegramas de despido, luego de que el Gobierno provincial dictara de oficio una nueva conciliación obligatoria. Según su relato, esa disposición oficial fue acatada de manera inmediata, y tanto los operarios como los propios delegados gremiales volvieron a sus puestos, aunque estos últimos permanecen actualmente licenciados por decisión de la firma hasta que avancen las conversaciones con el sindicato.
Alonso contextualizó el conflicto en un escenario económico complejo, marcado por lo que definió como una «crisis muy importante» a nivel nacional y, en particular, en la provincia de Tierra del Fuego. En ese marco, sostuvo que desde hace casi dos años la empresa viene planteando la necesidad de abordar en conjunto con los representantes obreros distintas alternativas para elevar la productividad de las plantas industriales, ante la fuerte competencia que representan los productos importados. Subrayó que el objetivo central de esa propuesta no fue nunca reducir los salarios, como a su entender se difundió de manera errónea, sino más bien encontrar caminos que permitan sostener la competitividad y, con ello, garantizar las fuentes de trabajo en la región. Insistió en que la continuidad laboral de los operarios está directamente ligada a la capacidad de la compañía para adaptarse a un entorno adverso, y lamentó que el gremio no haya mostrado disposición al diálogo constructivo.
El directivo fue particularmente enfático al señalar que las medidas de fuerza adoptadas por la UOM se produjeron en plena vigencia de una conciliación obligatoria previa, lo que a su juicio constituyó una violación «clara y repetida» de la normativa. Según explicó, mientras se desarrollaba una reunión con la ministra de Trabajo, Sonia Castiglione, la empresa estaba atravesando un paro de actividades que fue certificado por escribano y oportunamente informado. Alonso remarcó que esa no fue una situación aislada, sino que se inscribe en un patrón de conducta que el gremio habría repetido en otras ocasiones, desatendiendo el espíritu de la conciliación que ordena a ambas partes retrotraer cualquier medida de fuerza mientras se mantienen abiertas las negociaciones. En ese punto, calificó la actitud sindical como un obstáculo sistemático para la búsqueda de acuerdos y cuestionó duramente la estrategia de negociación de la conducción local de la UOM, a la que acusó de recurrir exclusivamente a la confrontación y la extorsión como herramientas de presión.
Uno de los episodios que Alonso destacó como determinante en el envío de los telegramas de despido fue la imposibilidad de concretar una reunión con los trabajadores en la planta. Relató que había acordado con los delegados viajar a Tierra del Fuego para exponer personalmente los planteos de la empresa y despejar cualquier interpretación equivocada sobre la propuesta presentada. Sin embargo, afirmó que cuando se hizo presente en el establecimiento, los representantes gremiales le impidieron el acceso y frustraron el encuentro con los operarios. Esa situación, sumada a la acumulación de violaciones a la conciliación obligatoria, dejó a la compañía sin otra alternativa que cursar los telegramas de despido, medida que luego fue revertida tras la intervención provincial. No obstante, Alonso aclaró que la decisión de licenciar a los delegados responde a la necesidad de continuar las discusiones con la UOM en un marco de mayor previsibilidad, y dejó en claro que la permanencia de esos representantes en sus funciones estará supeditada al avance de las negociaciones.
El CEO de Mirgor también aprovechó la entrevista para diferenciar nítidamente entre la mayoría de los obreros y los dirigentes sindicales. Elogió el desempeño del noventa por ciento del personal, al que calificó como «excepcional» y comprometido con sus tareas diarias, pero dirigió sus críticas más severas hacia un reducido grupo de delegados a los que acusó de no cumplir con sus funciones operativas durante décadas. En una declaración que generó fuerte repercusión, Alonso cuestionó que la empresa deba sostener económicamente a decenas de trabajadores que, según su visión, no aportan físicamente a la producción, y planteó que esa situación resulta insostenible en el largo plazo. Insistió en que el reclamo central de la compañía no es otro que el cumplimiento del deber laboral básico, esto es, que todos los empleados concurran a las plantas y realicen las tareas inherentes a sus puestos, sin privilegios ni excepciones.
A pesar de la dureza de sus declaraciones, Alonso reiteró en varias ocasiones la voluntad de Mirgor de mantener abiertos todos los canales de diálogo con el sindicato y manifestó su deseo de alcanzar un acuerdo antes del vencimiento de la conciliación obligatoria, fijado para el 31 de agosto. Aseguró que la empresa continuará buscando alternativas que preserven las fuentes de empleo y subrayó que su propio viaje a la provincia, realizado de noche y con un regreso inmediato, demuestra el compromiso personal con la solución del conflicto. Finalmente, advirtió que el verdadero riesgo para la estabilidad laboral no proviene de la compañía, sino de las propias acciones del gremio, y concluyó que la única vía posible para superar la crisis es el entendimiento mutuo, dejando de lado las posturas intransigentes y recuperando la confianza en la negociación colectiva.
