Bajo el gélido manto de Boedo, el Ciclón despierta a tiempo y hunde a la T en la agonía del campeonato

Bajo el gélido manto de Boedo, el Ciclón despierta a tiempo y hunde a la T en la agonía del campeonato

Con un entrenador interino en el banco y la incertidumbre de un nuevo líder técnico en el horizonte, el conjunto azulgrana se sobrepuso al rigor climático y a un rival renovado para cosechar un triunfo agónico que lo sostiene en la pelea alta, mientras que la visita cordobesa, estrenando conducción técnica, profundiza su calvario en las posiciones postreras.

En una velada donde el termómetro pareció competir en intensidad con la tensión propia de la jornada, el reducto del Bajo Flores fue testigo de un combate táctico y emocional que, por momentos, derivó en un ejercicio de resistencia más que de fútbol vistoso. El conjunto de San Lorenzo, aún bajo la tutela transitoria de Walter Perazzo mientras se aguarda la llegada del designado Rubén Insúa, logró un éxito magro pero de peso específico monumental al imponerse por la mínima diferencia ante un Talleres de Córdoba que pisó el césped porteño con un nuevo timonel en su nave: Omar De Felippe, quien tomó las riendas tras la partida de Jorge Sampaoli. El único tanto del cotejo, correspondiente a la octava fecha del Torneo Clausura, llegó en la recta final gracias a una jugada embarullada en el área, pero su sabor fue inmenso para la parcialidad local, que vio a su equipo sobreponerse a las adversidades propias de una transición.

El primer acto del encuentro mostró a un Ciclón propositivo, con una clara intención de adueñarse del esférico y generar circuitos ofensivos por los costados. Las prestaciones iniciales de Rodrigo Rodríguez Pagano y del avezado Alexis Farías, reciente incorporación proveniente de Estudiantes de La Plata, inyectaron una dosis de frescura y vértigo en la ofensiva local, desordenando las primeras líneas defensivas del conjunto albiazul. Sin embargo, la ocasión más manifiesta de peligro en esos minutos iniciales no llevó la firma de esos creadores de juego, sino que tuvo como protagonista al atacante colombiano Arboleda. El cafetero, con un arranque explosivo desde el costado, sorteó opositores con una película de amagues y potencias hasta plantarse en las inmediaciones del área custodiada por Guido Herrera; no obstante, la definición final, tras una gran apilada, careció de la precisión necesaria, y el balón se perdió mansamente por la línea de fondo, desperdiciando una acción que había generado gran expectación entre los presentes.

Por su parte, la escuadra dirigida ahora por De Felippe evidenció en los compases iniciales un preocupante desajuste en la tenencia del balón, apareciendo desarticulada y sin capacidad de hilvanar progresiones coherentes. La T no lograba encontrar el ritmo ni los espacios, y su primera aproximación con cierto viso de verdad no arribó sino hasta transcurrida la primera media hora. Fue a través de una veloz incursión del brasileño Rick, quien, con su característico desborde, penetró por la banda y sirvió un centro que el delantero Álvarez, en posición franca, remató con violencia pero con una elevación excesiva que envió el esférico muy por encima del travesaño. Esa acción, sin embargo, pareció funcionar como un catalizador para el visitante, que a partir de entonces comenzó a equilibrar las acciones y a disputar el dominio territorial. La respuesta arquera de Gastón Devecchi fue necesaria para desviar un tiro libre ejecutado con peligro por Sforza, mientras que minutos después, el propio cancerbero azulgrana no tuvo mayores complicaciones para atrapar un disparo blando y colocado de Cristaldo desde la puerta del área, cerrando así un primer tiempo de emociones intermitentes pero con un claro predominio de la intensidad sobre la claridad.

El panorama cambió drásticamente tras el descanso. El frío pareció calar en los huesos del plantel de San Lorenzo, que salió al verde cesped con una marcha menos y una evidente merma en su energía física y mental. El descontento proveniente de las gradas, donde los hinchas manifestaban su impaciencia ante la falta de profundidad de su equipo, se convirtió en un eco constante que envolvía a los jugadores. El desequilibrante Rick, motor ofensivo de Talleres, avisó nuevamente con un disparo de media distancia que se desvió apenas del arco, encendiendo las alarmas en el banco local. La situación se tornó crítica cuando un centro desde la izquierda encontró a Herrera en posición inmejorable, pero la intervención providencial de Báez en la línea de meta, despejando el balón cuando ya cantaba el gol, le arrancó un grito de gol a los visitantes y devolvió la vida a un Ciclón que tambaleaba.

San Lorenzo respondió al azote con una ráfaga de ímpetu. Un centro envenenado desde el flanco izquierdo ejecutado por un inspirado Rodríguez Pagano encontró la cabeza de Auzmendi, cuyo testazo, potente y bien dirigido, se estrelló en la parte superior del larguero, en una acción que estremeció a la platea. El partido se convirtió entonces en un ida y vuelta febril, hasta que un hecho fortuito inclinó la balanza de manera decisiva: la expulsión de Galarza, quien vio la segunda tarjeta amarilla cuando apenas restaba algo más de media hora para el final. Con un hombre de más sobre el terreno de juego, el conjunto de Perazzo se lanzó con todo sobre el área cordobesa, encontrando en la figura de Farías, incansable en su labor de enlace y llegada, al principal artífice del cerco ofensivo. El dominio se hizo asfixiante y el gol, producto del acoso constante, terminó por llegar en una jugada de baldosa. Un tiro de esquina desde la derecha generó un barullo en el área chica, donde Perruzzi, en su intento por despejar, conectó el balón de manera defectuosa y propició un centro de cabeza para el colombiano Arboleda. El remate del cafetero, aunque potente, no llevaba dirección certera, pero la fortuna quiso que Alexis Cuello, atento en la línea de sentencia, conectara un nuevo cabezazo que empujó el esférico inapelablemente hacia el fondo de la red, desatando la euforia de los locales.

Con la ventaja en el marcador, el Ciclón buscó ampliar la diferencia y sentenciar el pleito. Farías, convertido en la figura desequilibrante, dispuso de una oportunidad clara para aumentar el tanteador, pero su remate estremeció la portería rival y obligó a una reacción fantástica del guardameta Unsain, quien con una estirada monumental evitó el segundo tanto. La polémica no tardó en aparecer minutos después, cuando un enérgico reclamo sacudió el ambiente luego de que Fascendini pareció derribar a Insaurralde dentro del área; sin embargo, el juez del encuentro, tras una breve evaluación, desestimó las protestas y no concedió la pena máxima, dejando la incertidumbre hasta el pitazo final.

A pesar de la inferioridad numérica, el conjunto de De Felippe no arrojó la toalla y mantuvo una actitud combativa. El brasileño Rick, en una demostración de talento y rebeldía, encaró una y otra vez a la defensa local, generando zozobra y estando a punto de silenciar el recinto con un disparo que pasó rozando el poste. Con el reloj en la cuenta regresiva, el Ciclón supo administrar la angosta ventaja con oficio y despliegue, resistiendo los embates finales de un Talleres que buscó el empate con más corazón que claridad. El triunfo, ajustado y trabajoso, no solo sirve para oxigenar el ambiente en el seno del club de Boedo, sino que también permite al equipo mantenerse en la órbita de los puestos de vanguardia, a la espera de la inminente asunción de su nuevo estratega. Por el contrario, la derrota hunde a la T en las profundidades de la tabla, encendiendo todas las alarmas en una campaña que, a pesar del cambio en el banquillo, no logra enderezar su rumbo y que evidencia carencias estructurales y anímicas que requerirán un urgente y profundo replanteo para evitar que la situación se convierta en crónica de una agonía anunciada.

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