El presidente xeneize salió al cruce de la impugnación presentada por el Fortín ante la AFA, cuestionó la tensión que envuelve al arbitraje y al VAR, y aseguró que su equipo fue superior en los 90 minutos. Además, se refirió a la polémica jugada sobre Paredes y adelantó que los abogados del club analizarán los pasos a seguir.
Luego de varios días de especulaciones y murmullos en los pasillos del fútbol argentino, Juan Román Riquelme decidió quebrar el mutismo y dar su versión de los hechos en torno al explosivo reclamo que Vélez Sarsfield elevó ante la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) con la intención de impugnar el partido de octavos de final de la Copa Argentina que disputó frente a Boca Juniors. El máximo referente y actual presidente del club de la Ribera atendió a los micrófonos de ESPN y, con su estilo característico, no solo salió al frente de la controversia, sino que también trazó un diagnóstico profundo sobre el estado actual del deporte más popular del país.
Desde el primer instante, Riquelme dejó en claro que su postura es innegociable: el resultado debe dirimirse exclusivamente dentro del rectángulo de juego. “Boca ganó merecidamente el miércoles, hizo un gran partido y fue superior a su rival”, sentenció con firmeza, al tiempo que confesó no haber leído aún el comunicado oficial que el club de Liniers hizo público. No obstante, su mensaje no dejó resquicios para dudas: el triunfo por penales fue, a su juicio, un desenlace justo en función del rendimiento colectivo mostrado por sus dirigidos a lo largo de los noventa minutos reglamentarios.
El exenganche, que suele hablar con la pausa de quien mide cada palabra, insistió en que la esencia del fútbol está siendo distorsionada por discusiones estériles que ocurren fuera del campo. “Los partidos se ganan dentro de la cancha”, repitió como un mantra, y añadió que, si bien el penal que dispuso Vélez pudo haber cambiado la historia, el conjunto boquense supo sostener su ventaja deportiva. Incluso fue más allá al señalar que, si esa pena máxima se hubiese convertido en gol, el resultado habría sido injusto para el desarrollo general del encuentro.
Pero la reflexión de Riquelme no se detuvo en lo estrictamente futbolístico. El presidente xeneize aprovechó la entrevista para disparar contra lo que considera un clima de hostilidad y nerviosismo creciente que atraviesa a todo el ecosistema del fútbol argentino. En sus palabras, hay una suerte de espiral de ansiedad que contamina cada jornada: los árbitros, dijo, están siendo permanentemente golpeados por las críticas, y el VAR, lejos de ser una herramienta de justicia, se ha convertido en un nuevo frente de batalla. “Parece que estamos en ese camino”, lamentó, en referencia a una dinámica que, a su criterio, solo alimenta la desconfianza y el malestar entre los protagonistas.
En ese punto, el máximo dirigente boquense trazó un paralelismo con otro episodio reciente que involucró a su equipo: el encuentro frente a Lanús. Recordó que, en aquella ocasión, el conjunto granate tuvo méritos para quedarse con la victoria, pero la atención mediática se desvió por completo hacia las decisiones del árbitro y las polémicas del VAR, especialmente por la jugada de Flores. Riquelme sostuvo que el mismo fenómeno se repitió tras el cruce con Vélez, donde, en su opinión, se minimizó el esfuerzo y la superioridad futbolística de Boca para instalar un debate artificial sobre presuntas irregularidades.
Uno de los momentos más agudos de su declaración llegó cuando se refirió a una jugada puntual que, según él, pasó inadvertida para la opinión pública. Riquelme aludió a una acción en la que un futbolista de Vélez pudo haber caído sobre el tobillo de Leandro Paredes, lo que, de haber ocurrido, podría haber derivado en una lesión grave para el volante central. “Para mí era roja”, afirmó sin titubeos, y remarcó que esa situación no generó ni la mitad del revuelo que otras acciones protagonizadas por jugadores de Boca. “Cuando pasa en contra de Boca no se habla nada. Sabemos que la comunicación es así”, lanzó con un tono entre resignado y crítico hacia lo que percibe como un trato desigual por parte de los medios.
En cuanto al reclamo formal que Vélez presentó ante la AFA, argumentando un supuesto mal uso de jugadores extranjeros en la planilla oficial, Riquelme optó por la prudencia y evitó adelantar una estrategia pública. Explicó que el asunto será puesto en manos de los abogados de la institución, quienes evaluarán los pormenores del planteo y determinarán la postura definitiva del club. “Nosotros hacemos lo normal, tenemos que pensar en el partido que tenemos”, sostuvo, dejando en claro que, más allá de los conflictos administrativos, su foco está puesto en el calendario deportivo inmediato.
Sin embargo, el presidente xeneize no ocultó que ya está proyectando lo que vendrá si la clasificación se mantiene firme. En ese sentido, mencionó que el próximo escollo en la Copa Argentina será Racing Club, un adversario al que calificó como “duro” y con argumentos suficientes para complicar a cualquiera. “Tiene buenos jugadores, buen equipo y buen entrenador”, reconoció, en una muestra de respeto que no merma su convicción de que Boca, otra vez, deberá hacer valer su historia y su presente sobre el césped.
Con su habitual mezcla de pasión y política, Riquelme cerró su intervención apelando a una defensa casi romántica del deporte que lo inmortalizó como ídolo. “Yo amo al fútbol: es deporte, se gana jugando a la pelota”, dijo, como si buscara recordar que, por encima de los expedientes, las denuncias y los comunicados, lo que verdaderamente importa es lo que sucede cuando el balón rueda. En un contexto donde las controversias parecen multiplicarse, sus palabras resuenan como un intento de poner un freno a la escalada de tensiones y devolverle al juego su lugar central.
Mientras tanto, el reclamo de Vélez sigue su curso en los pasillos de la AFA, y Boca aguarda con la tranquilidad de quien cree haber hecho los méritos suficientes para seguir adelante. Lo que queda claro, tras las declaraciones de su presidente, es que el club de la Ribera no piensa ceder terreno en los escritorios, confiado en que la justicia deportiva, esa que se dirime con los pies y no con papeles, ya habló en la cancha. El tiempo dirá si el fallo administrativo acompaña esa sentencia o si, por el contrario, abre un nuevo capítulo de una novela que, al parecer, recién comienza.
