Grietas en el Gabinete: Milei y Caputo chocan por el rumbo económico en medio de la recesión y la amenaza electoral

Grietas en el Gabinete: Milei y Caputo chocan por el rumbo económico en medio de la recesión y la amenaza electoral

El presidente impone un ajuste a ultranza y rechaza cualquier medida expansiva con costo fiscal, mientras el ministro de Economía presiona para destrabar el consumo. La tensión se traslada a los mercados, que ya descuentan un escenario de volatilidad cambiaria y especulan con un posible reemplazo en el Palacio de Hacienda.

La relación entre el presidente y su ministro de Economía, Luis Caputo, atraviesa su momento más crítico desde el inicio de la gestión. Lo que en apariencia es un debate técnico sobre la conducción financiera del país, se ha transformado en un tironeo político que expone las fisuras internas del Gobierno, justo cuando la actividad económica muestra signos de estancamiento y las proyecciones electorales comienzan a inquietar a los inversores.

Fuentes cercanas al despacho oficial confiaron que el jefe del Palacio de Hacienda elevó en las últimas semanas dos propuestas concretas orientadas a descomprimir el problema de la morosidad, un escollo que, a su juicio, impide cualquier recuperación del consumo. Ambas iniciativas fueron descartadas de plano por el mandatario, quien puso como condición infranqueable que ninguna medida de estímulo implicara un desembolso fiscal adicional. «El presidente no cede ni un milímetro en su convicción de que el ajuste y el dólar controlado son la única brújula posible», resume un colaborador con acceso a las conversaciones.

La tensión se ha vuelto tan evidente que, según versiones de la cartera económica, los discursos públicos del jefe de Estado en los que asegura que «todo está bien» y que «no hay problemas con el consumo» están deliberadamente dirigidos a su ministro. Incluso la reciente columna del desregulador Federico Sturzenegger en el diario La Nación fue interpretada por el equipo de Caputo como un guiño a esa misma línea crítica. El vínculo entre el presidente, el funcionario desregulador y el titular de Economía se ha deteriorado al compás de esa controversia, que ya no es sólo técnica sino también personal.

El episodio del anuncio del mandatario sobre la cuestión Malvinas, con sus idas y vueltas diplomáticas, tampoco fue bien recibido en el ministerio. En el área financiera esperaban que aquella gira por Londres pudiera destrabar fondos frescos para afrontar los vencimientos de 2027, pero el resultado fue magro. La administración británica, además, mantiene bajo su poder el oro argentino, lo que añade un componente simbólico y estratégico a la ya compleja relación bilateral.

Todo, en rigor, está conectado. Los operadores financieros observan con atención la desaceleración de la economía y comienzan a descontar un escenario incierto hacia las elecciones de 2027. Esa desconfianza se traduce en venta de activos y fugas de capitales vía dólar Contado con Liquidación (CCL). «La brecha cambiaria vuelve a comportarse como en la época del peronismo», advirtió un consultor de Citi a este medio. «El año que viene el Gobierno hará lo que pueda para sostener el dólar oficial, pero el CCL se disparará si la recesión persiste», agregó. Esa es la verdadera razón por la que Caputo insiste en flexibilizar el esquema, aunque sus argumentos sean leídos como heterodoxos por el núcleo más duro del oficialismo.

En ese contexto, algunos analistas no descartan que el ministro termine abandonando el cargo antes de fin de año y que su reemplazante sea Sturzenegger, lo que alinearía la política económica con la visión más ortodoxa y desreguladora del presidente. «Milei tiene razón en su lógica: si mantiene el rumbo, la economía seguirá sin reactivarse, pero la inflación llegará a cero antes de los comicios. Entonces será la gente la que decida. Si cambia como quiere Caputo, puede quedarse sin nada», reflexiona un alto funcionario.

El presidente no piensa modificar su estrategia: ajuste y tipo de cambio pisado son los pilares de su gestión económica. Su pragmatismo, en cambio, lo reserva para el terreno político, como quedó demostrado en su abordaje del conflicto por las Islas Malvinas, donde combinó gestos de acercamiento a los kelpers con declaraciones nacionalistas.

Mientras tanto, el consumo no da señales de vida. Un directivo de una empresa alimenticia confió a este diario que «hace un mes la caída se detuvo, pero el nivel es paupérrimo. Logramos frenar el derrape bajando precios, y ya empezamos a ver deflación». En la primera semana de septiembre, los alimentos registraron una baja del 0,7%. Si el presidente logra congelar las tarifas de servicios hacia 2027, no sería descabellado proyectar una deflación generalizada, un fenómeno inédito en la historia reciente argentina.

En paralelo, la dolarización de carteras sigue batiendo récords. En agosto, la compra de divisas por parte de particulares igualó casi los niveles de julio, cuando el pico se atribuyó al Mundial de fútbol. Ahora, los ahorristas se abastecen de dólares como si los comicios fueran inminentes, lo que evidencia el clima de desconfianza que atraviesa el tejido social.

En el mercado, crece la sospecha de que el propio Caputo alimenta la volatilidad para presionar al presidente y lograr que afloje el cepo cambiario. «Genera ruido para demostrar que hay tensión y que es necesario soltar el precio», sostiene un agente financiero. Mientras tanto, el Banco Central, conducido por Santiago Bausili, ya se prepara para una eventual salida de capitales producto del proceso electoral, que podría acelerarse si el gobernador bonaerense Axel Kicillof toma ventaja en los sondeos. En una reunión con consultores, Bausili confirmó que recurrirá a las reservas de garantía para buscar financiamiento externo.

El capítulo Malvinas, por su parte, se ha convertido en un eje inesperado de la agenda gubernamental. Luego de elogiar a Margaret Thatcher y adherir a la tesis británica de la autodeterminación de los kelpers, el presidente viró hacia un discurso más reivindicativo y prometió «pelear» por la causa. Su expectativa máxima no es la recuperación del archipiélago, sino que Argentina pueda percibir un porcentaje de las regalías por la explotación petrolera en la zona. «Confiamos en que el lobby petrolero haga su trabajo. Ya ocurrió antes: YPF logró instalar una boya en el estrecho de Ormuz gracias a ese poder. Las pocas empresas que operan en Malvinas tienen inversiones millonarias en Vaca Muerta y no querrán perderlas», aseguran en la Rosada.

En ese sentido, en las últimas horas se conocieron novedades significativas: SLB, la mayor empresa de servicios petroleros del mundo, anunció que no participará en ninguna actividad en las islas. Le siguió Baker Hughes y, más tarde, Halliburton. Las tres gigantes del sector se bajaron del tablero, lo que abre un interrogante sobre la viabilidad del plan oficial. «El lobby petrolero puede sentar a los británicos a negociar una parte de las regalías para la Argentina», interpretó una alta fuente gubernamental. Lo cierto es que el tema Malvinas ha llegado para quedarse en el debate nacional, al menos por el momento.

En el plano electoral, el escenario es igualmente incierto. Desde el año pasado, el presidente no logra recuperar una imagen positiva que ronde el 50%. Todos los consultores lo ubican por debajo del 40%, y algunos incluso lo sitúan en el 28%. Sin embargo, una reciente medición de Alaska + TresPuntoZero mostró un leve repunte: de 33,3% en julio a 37,4% en agosto. «Lo que pierde Milei no lo gana Kicillof. Puede ir a otro candidato de derecha, volver a Milei o no votar. Yo anticipo un récord de ausentismo en 2027», analizó el encuestador Juan Courel.

El gobernador bonaerense se mantiene estable en torno al 40,7% de imagen positiva, aunque no logra traducir ese respaldo en intención de voto firme. Para la consultora Shila Vilker, Kicillof está «estancado o con leve baja». Hugo Haime, que lo da ganador en un eventual ballottage, tampoco registra variaciones en su favor. El que sube y baja es Milei. Kicillof permanece quieto, encerrado en el voto kirchnerista que comparte con Cristina Fernández de Kirchner, a quien todos los sondeos ven en ascenso, aunque ella no pueda ser candidata.

En las últimas jornadas, cobró fuerza la hipótesis de que Sergio Massa será nuevamente postulante. El exministro de Economía está convencido de que Milei pierde y ya comenzó a tejer alianzas. En una reunión con militantes, Máximo Kirchner expresó su preferencia por el líder del Frente Renovador antes que por Kicillof, en términos poco elogiosos: «Prefiero a un hijo de puta que a un boludo», habría dicho, dejando en claro su admiración por Massa y su rechazo al gobernador. Los gobernadores peronistas, por su parte, ven con buenos ojos la candidatura de Massa, aunque están divididos. El exfuncionario arranca desde atrás y deberá remar mucho para alcanzar a Kicillof, quien carga con el trauma de la inflación de 2023.

La definición final dependerá, en gran medida, de si se habilitan o no las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). En la Rosada aseguran que «se destrabó en el Senado» y que cuentan con el apoyo de gobernadores peronistas como Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca) y Gustavo Sáenz (Salta). Si no hay PASO, el tablero se reconfigura por completo. Kicillof confía en que su distancia con el resto será tan amplia que terminarán apoyándolo sin grandes contrapartidas. Cristina, en cambio, visualiza una elección de cuartos, con dos postulantes peronistas y dos de la derecha, aunque no descarta que Patricia Bullrich y Victoria Villarruel también se sumen.

El peronismo siempre puede recurrir a una interna, pero el costo es alto: podría derivar en una guerra fratricida y exhibir, una vez más, su rostro más caótico. Sin embargo, sin interna no se dirime el liderazgo, y aunque Kicillof ganara, la sombra de Cristina seguiría siendo una amenaza latente para su eventual gobierno. Por ahora, todo depende del presidente y de los argentinos, que deberán elegir entre un consumo deprimido con baja inflación o arriesgarse a la vuelta de las subas permanentes de precios, pero con la ilusión de llegar a fin de mes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *